Google
 

Las causas del retraso de la publicación del Memorial de Agravios

Los grandes conflictos y sociales y económicos de nuestra Historia [1]

Indalecio Liévano Aguirre

El Cabildo creyó conveniente, también dirigir una “Repre­sentación” a la Junta de Sevilla y para redactarla se comi­sionó a uno de los capitulares, a don Camilo Torres, quien elaboró el famoso documento conocido en nuestra historia con el nombre de “Memorial de Agravios”. Por razones que se igno­ran, el Cabildo no acogió dicho escrito cuando se le presentó, y al decir de José María Cárdenas, descendiente del señor Torres, «el Cabildo se intimidó cuando le fue presentado el proyecto de la Representación y resolvió archivarlo. Luego que se efectuó la transformación política (de 1810), se pensó más de una vez en imprimirla y dificultades del momento lo impidieron siempre; de lo cual resultó que se conservara inédita en todos los seis años de la primera época».[2]

Aunque el “Memorial de Agravios” no tuvo efectos polí­ticos de importancia en su época y sólo lo conocieron contadas personas, su texto sirve, mejor que cualquier otro documento, para precisar la profundidad de los cambios que estaban ope­rándose en el clima político de América y la altiva resolución que tenían los criollos de intervenir en el gobierno de los Dominios, alegando sus títulos de descendientes de los con­quistadores y de herederos legítimos de la hegemonía que ellos establecieron sobre las poblaciones aborígenes de América, a las que miraban con mayor menosprecio que sus mismos antepasados.

«El Ayuntamiento de la Capital del Nuevo Reino de Granada –dice Torres en el “Memorial”– no ha podido ver sin un profundo dolor que, cuando de las provincias de España, aún las de menos consideración, se han enviado dos vocales a la Junta Suprema Central, para los vastos, ricos y populosos dominios de América, sólo se pida un diputado de cada uno de sus Reinos y Capitanías Generales, de modo que resulte una tan notable diferencia como la que va de nueve a treinta y seis... América y España son dos partes integran­tes y constituyentes de la Monarquía Española y bajo este prin­cipio y el de sus mutuos y comunes intereses jamás podrá haber un amor sincero y fraterno sino sobre la reciprocidad e igualdad de derechos... Las Américas, señor, no están compues­tas de extranjeros a la nación española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir estos nuevos dominios de la Corona de España, que han extendido sus límites y le han dado en la balanza política de la Europa una representación que por sí sola no podía tener. Los naturales (los indios, conquistados y sujetos hoy al dominio español, son muy pocos o son nada, en comparación de los hijos de europeos que hoy pueblan estas ricas posesiones... Así, no hay que engañarnos en esta parte; tan españoles somos como los descendientes de don Pelayo, y tan acreedores por esta razón a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación española, como los que, salidos de las montañas, expelieron a los moros y poblaron sucesivamente la Península. Con esta diferencia, si hay alguna: que nuestros padres, como se ha dicho, por medio de indecibles trabajos y fatigas descu­brieron, conquistaron y poblaron para España este Nuevo Mundo. Seguramente que no dejarían ellos por herencia a sus hijos una odiosa distinción entre españoles y americanos, sino que, antes bien, creerían que con su sangre habían adqui­rido un derecho eterno al reconocimiento, o por lo menos, a la perpetua igualdad con sus compatriotas... ¿Diez o doce millo­nes de almas que hoy existen en estas Américas recibirán la ley de otros diez o doce millones que hay en España, sin contar para nada con su voluntad? ¿Les impondrán un yugo que tal vez no querrán reconocer? ¿Les exigirán contribuciones que no querrán pagar?... ¿Teméis el influjo de la América en el Gobierno?... ¿Y, por qué lo teméis?... Si es un gobierno justo, equitativo y liberal, nuestras manos contribuirán a sostenerlo. El hombre no es enemigo de su felicidad. Si queréis inclinar la balanza al otro lado, entended que diez o doce millones de almas con iguales derechos, pesan otro tanto en el plato que vosotros formáis. Más pesaban sin duda siete millones que constituían la Gran Bretaña europea que tres que apenas formaba la Inglaterra americana; y con todo la justicia cargada de su parte inclinó la balanza».



[1] Indalecio Liévano Aguirre, Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia, 4ª ed., Editorial Tercer Mundo, Bogotá, Vol II, págs. 537 y ss.

[2] El texto fue finalmente publicado en 1832. Nota de Francisco Cifuentes.


Inicio

Recursos

Indalecio Liévano Aguirre

Bases para la publicación de un futuro Memorial de Agravios

 

Camilo Torres Restrepo

Memorial de Agravios (pdf)



[www.eforcers.com]