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El efecto Hollywood

Francisco Cifuentes

La liberación de los tres secuestrados en poder de las Farc (Emmanuel, Clara y Consuelo) tiene tantos elementos irreales, truculentos y fantásticos que harán a la larga, en la revisión posterior y juiciosa de las mentes perspicaces sobre lo sucedido, que prevalezca el relato no oficial como la verdad y se derrumbe la historia oficial y mentirosa de los cientos de horas de cubrimiento “periodístico” en los medios televisivos que desordenadamente han visto los colombianos.

Me aventuro a presentar los puntos preliminares de lo que será conocido y aceptado como verdad cuando se revelen, dentro de unos años, los detalles del script del Oliver Stone de la película que está preparando sobre Hugo Chávez y el movimiento bolivariano.

1.       El presidente Hugo Chávez, consciente del poder de la propaganda en gran escala, contrató al director Oliver Stone para producir una película épica sobre su gesta personal de liberación del pueblo latinoamericano. Basta recordar como por ejemplo, gracias a una bien orquestada campaña publicitaria, la mayoría de los ciudadanos norteamericanos cree hoy día que los atentados de septiembre 11 de 2001 fuenton orquestados por el gobierno del presidente Bush y no producto del terrorismo. En el mismo rango están los que dudan si el hombre pisó alguna vez la superficie de la luna, o realmente lo que se vió como tal era una película de Stanley Kubrick que tenía un contrato con la Nasa por la época del alunizaje.

2.       En esta onda del cine, Oliver Stone aceptó la propuesta y está dirigiendo todo el tinglado de los hechos en escenas que en este momento no encuadran dentro de una secuencia lógica y que vistos aisladamente son contradictorios, irracionales o inexplicables. Pero en la secuencia del libreto tendrán tal coherencia y fuerza que la Historia Oficial Latinoamericana se dividirá con el personaje.

3.       Todo entonces es una ficción. Emmanuel no es hijo de Clara, es hijo de Ingrid y Raúl Reyes como lo había sugerido el ex esposo de Ingrid hace años; Pichao no se fugó, es un desertor de la policía incorporado a la guerrilla y que ahora para ambientar la historia truculenta del tipo de vida que llevan unos cautivos imaginarios en campos de concentración imaginarios, simuló el escape del campo que, por las tomas vistas, es evidente un “set” hechizo en las selvas; de paso él ahora es una nueva ficha del PC3 (partido comunista colombiano clandestino) infiltrado en la policía; los tres contratistas americanos son actores de riesgo (stunt man) de Hollywood, donde viven encubiertos, y eventualmente viajan a Colombia para las tomas de rigor de su cautiverio simulado; la comisión internacional que se desplazó a Villavicencio, el incumplimiento de las Farc en suministrar las coordenadas, la movilización de cuatro helicópteros y la revelación de la historia del verdadero paradero de Emmanuel hecha por el Presidente Uribe Vélez (el único extra ajeno a la trama), estaban planificadas tal como sucedieron, y el efecto que buscaban era precisamente que el “extra” inocente participara con el discurso. El hilo conductor de la historia es el amor entre dos almas gemelas que lucharon contra la segregación racial y el estigma del color de su piel en dos sociedades gemelas, humillantes y rancias. Ella nacida en las lluviosas selvas chocoanas, (el dramatismo de la película obliga alterar su lugar de nacimiento) destinada a terminar su vida como doméstica en la casa de una dama de bien, y él un “catire”, condenado a ser un cantante de segunda cuando arriaba las recuas en los llanos venezolanos en los hatos de su amo. Ambos se sobreponen a una niñez infeliz y ascienden por caminos separados al poder. Ese es el fin de la historia que debe tener armada el libretista.

Ahora, bajo esa luz, todo es coherente. La solicitud inexplicable de la senadora Córdoba al presidente Chávez de construir un acueducto en Quibdó en el programa Aló Presidente, y la ingenua respuesta del mandatario diciendo que no sabía de la presencia de presencia de la senadora en la galería del estudio; el cambio abrupto de la voz femenina e interlocutor de una llamada telefónica al comandante del ejército con la senadora por la del amante desconfiado, que hace una pregunta estúpida de mediador principiante; las notas veladas del columnista Abad Facio-Lince, previniendo a las divas de caer subyugadas a la tentación del olor de los poderosos y a los poderosos de dejarse seducir por el olor de la divas; es coherente el protagonismo y exhibicionismo de la senadora en los medios venezolanos, “pidiendo más vitrina que una empanada”; la dieta rigurosa, los turbantes y boinas y su presencia inevitable en toda escala (Hato Grande, Bogotá, París, La Habana) del presidente Chávez. Es coherente que las secuestradas Clara y Consuelo hayan aparecido glamorosas, con el pelo y las uñas cuidadas (blower y manicure), con los carrillos y la cintura inflados de grasa, luego de “caminar veintún día en las selvas colombianas”, me imagino lo cebadas que estaban antes de la correría; que el intentedente Pinchao se haya contradicho en la segunda rueda de prensa, en la versión de haber cargado o no al niño Emmanuel cuando él estaba cautivo (se le olvidó el libreto). Un evento tan importante en monótona vida en un campo de concentración debe recordarse con afecto.

Michael Savage, en su programa radial de gran audiencia en Norteamérica, ha dicho que la guerra de Kosovo fue un montaje de la secretaria de Estado Norteamericana Madeleine Albright para distraer la atención de los estadounidenses del escándo de Bill Clinton y Mónica Lewinsky. La guerra de Troya se generó por la afrenta de un pueblo a otro con el secuestró de Elena. Los aires de una confrontación militar entre ejércitos bolivarianos y colombianos no son tan suaves como se cree, menos con las declaraciones del libreto del canciller venezolano de apoyo a la insurgencia al momento de la liberación de las secuestradas, y menos aún con las condiciones del presidente Chávez de levantar la clasificación de grupo terrorista a las Farc –calificadas por ex presidentes colombianos de chantaje–, para normalizar las relaciones con Colombia.

No me asusta, pero me crispa la posibilidad de que los gobernantes de los dos países se estén prestando a meter a sus ciudadanos en "una guerra de los turbantes", para cumplir con el propósito y el sueño de un libretista que quiere pasar a la historia por haber sido el creador de "el efecto Hollywood".


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