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El norte perdido

Francisco Cifuentes

El presidente Uribe Vélez, sometido a las presiones normales del discurrir de todo proyecto político, da la sensación de desplegar una actividad inusitada en las cosas pequeñas (hiperactividad) que parecen grandes; pero se encuentra tan enredado con las declaraciones dadas a contrapelo por los ministros y el vicepresidente; con las actuaciones torpes e desinteligentes de los servicios de inteligencia; con los desplantes del arrogante profeta del calentamiento global; y del palurdo que se cree la reencarnación de Simón Bolívar empeñado él en la liberación de América Latina del “yugo imperialista”; con la fragilidad del tratado de libre comercio cuya aprobación está entreverada en las maniobras del juego partidista en el Congreso del Imperio; lo que hace parecer que lo grande se deja a su suerte. Para rematar la presentación de los medios de las “graves consecuencias” para Colombia de cada “primicia” deja en el ciudadano atento, ese es mi caso, la sensación de cansancio y desinterés por conocer la estupidez que vendrá mañana, se le agota la capacidad de sobresalto.

Los reveces en el campo diplomático siguen saltando por todos los lados; en el campo militar las noticias provienen de los militares muertos por los bombazos terroristas, cuando no es la salida intempestiva de generales; en el campo de la justicia continua el soso reality de la “verdad”; en el de control, los organismos que ejercern la función parecen más un botín burocrático de los altos magistrados para dar acogida a sus esposas, amantes o queridas a cambio de aplicar una justicia “ciega” o invidente a la corrupción, o coja y tullida para actuar en los casos que son inocultables por el bulto de los delitos; en el campo económico se ve la torpeza de la Banca central en el manejo de la revaluación del peso, y de las cifras de desempleo por los responsables de su registro merece que ellos estén el próximo conteo de los rebuscadores; en el campo legislativo, es norma la improvisación en la presentación de las propuestas y la ingenuidad en los temas puestos consideración del Congreso, es obvia la debilidad de las bancadas gobiernistas que carecen de liderazgo y coherencia de programas.

Me queda reafirmar el comentario que hice del pobre equipo de gobierno que el presidente Uribe Vélez armó para su segundo cuatrenio; sobre la soledad del alto comisionado para la paz; sobre los desbordados intereses de los congresistas que lo apoyan, que más parecen una jauría a una “fila india”, y sobre la debilidad argumentativa de los defensores de la gestión del gobierno que resultan más útiles en los debates cuando participan como meros convidados de piedra.

Quizás valga un replanteamiento drástico de tanta superactividad, y acoja el gobernante la sabiduría del faraón “chocarrero” (según Heródoto) cuando ante la critica de su inacción y desinteres por los asuntos del Estado, respondió que de “nada sirve que tener el arco tensado todo el tiempo si se llega con el pulso cansado al momento del disparo certero”.

Dice Herodoto en Euterpe, 178. «De tal modo se atrajo a los egipcios, al punto de que tuvieran por bien ser sus siervos. El orden que guardaba en sus asuntos era el siguiente: por la mañana, hasta la hora en que se llena el mercado, despachaba con tesón los negocios que le presentaban; pero desde esa hora lo pasaba bebiendo y burlando de sus convidados, y se mostraba frívolo y chocarrero. Pesarosos sus amigos, le reconvinieron en estos términos: “Rey, no te gobiernas bien precipitándote a tanta truhanería. -Tú, majestuosamente sentado en majestuoso trono, debías despachar todo el día los negocios, y así sabrían los egipcios que están go­bernados por un gran hombre y tú tendrías mejor fama. Lo que ahora haces es muy impropio de un rey”. Amasis les re­plicó así: “Los que poseen un arco, lo tienden cuando precisan emplearlo, porque si lo tuvieran tendido todo el tiempo, se rompería y no podrían usarlo en el momento necesario. Tal es la condición del hombre; si quisiera estar siempre en una ocupación seria sin entregarse a ratos a la holganza, se volvería loco o mentecato, sin darse cuenta. Y por saber esto, doy parte de mi tiempo al trabajo y parte al descanso”. Así respondió a sus amigos».

Yo, aparte de los índices de popularidad altos que tiene el presidente y que corresponden al "corazoncito de paramilitares" que nos endilgo un reputada columnista a todos los colombianos, no veo hechos destacables ni inteligentes en este gobierno. No he olvidado de donde veníamos con la gestión de los tres desastrosos gobiernos anteriores, pero no tengo obligación de aceptar que como “todo tiempo pasado fue peor”, deba por eso conformarme y sentirme feliz con vivir un presente tenebroso. Me gusta la luz, no el claro oscuro.


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