Era otro el planeta cuando los hombres comenzaron a vivir en la cultura. Forma que inicia la mujer. En esas primeras civilizaciones los hombres empezaron a preguntarse por cosas que no entendían.
Lo primero que ellos comprendieron fue que éramos mortales, y ante la conciencia de la pérdida que eso significaba, apareció el valor de la amistad, la comprensión de la necesidad del otro. No como el ser cooperativo y por lo tanto necesario, sino de aquel que nos da testimonio de nuestra propia existencia, cuando reñimos, jugamos, trabajamos. Simplemente cuando “somos” con él. Esto aparece, por primera vez escrito, suponemos, en la leyenda de Guilgamesh. Allí el joven “siente” que su amigo ya no está. Rivalizaban por el amor de la misma mujer. Pero su ausencia no es vivida como una ganancia.
Con el pasar de los años y los milenios, las relaciones entre los humanos fueron cambiando.
Se trastocaron entre los que vivieron poderosos y ricos. Pero entre esos millones que les brindaban con su esfuerzo y su vida, el lujo y los entretenimientos, desde el circo romano hasta las joyas del arte y la sabiduría, también algo fue tornándose miserable.
Estos últimos, que pasaron por los siglos como bravos fantoches, batiéndose contra la multiplicación de penurias y martirios.
Fueron esclavizados a raíz de causalidades concatenadas y diversas según las épocas. Podía ser por una derrota militar durante los imperios clásicos, o en tiempos más remotos aún, por no tener armas.
Eran arrastrados por el desierto. Es que los faraones también conocían la muerte, pero querían vencerla. La esclavitud del siglo XIX fue una degeneración histórica, ya en esa época los “pensadores” no podían entender la cacería de otros seres humanos, más cruel y dura que la de los animales, de los cuales cuidaban al menos la piel.
Claro que “el pensar” a los ricos les importa bien poco.
Cuando ya no quedaba continente por saquear ya no existió nada de aquello, los que trabajaban por un salario, eran libres.
Libres de morirse de hambre cuando dejaran de producir lo que las clases dominantes necesitaban. Trabajadores de todo tipo gozaban de esa excelsa libertad y además podían morir por “la Patria, así estudiantes, obreros, profesionales tenían diferentes funciones de servicio.
Notamos distintas categorías en este nuevo vasallaje.
Pedimos perdón, nuestro trabajo se ha ido por las ramas, solo queríamos meditar sobre lo que significaron los lazos afectivos para el ser humano en su viaje por el tiempo.
Fue sin duda la amistad el vínculo más fuerte que unió a los hombres y las mujeres en todo tiempo.
La ubicación de la mujer en las relaciones amorosas ya ha sido analizada exhaustivamente, diríamos que hasta el cansancio, nosotros solo señalamos que entre la primitiva cortesana y la esposa, los distintos roles y jerarquías estaban bien delimitados, pero ninguno de ellos significaba más que eso, una función de uso. En las clases populares la mujer ocupó un lugar mucho más importante desde la época de los clanes.
El amor de la madre era la referencia de valor para los hijos y la protección segura, allí no era el padre quien dispensaba los honores, un hijo era un hijo y no un heredero.
Extensas instituciones fatigaron a escribas y estudiosos de todos los tiempos para asegurar la transmisión, a los varones, de tronos, dineros, poderes o gloria, posiblemente detentadas al mismo tiempo o por personas de la misma clase social. Bástenos recordar al Pater Familiae, los poderes dados al hijo varón para la administración de los bienes, la ley del mayorazgo, la supremacía en la decisión de los gastos conyugales por el esposo, es una lista interminable.
Hoy y eso es lo que queríamos comentar la soledad se ha espesado en la sociedad global, en gran parte por que los lazos de la amistad se han debilitado. Siendo en la clase que gobierna el planeta una relación mercantilizada por la utilidad o el prestigio, que viene a ser lo mismo, la supremacía varonil se conserva; ya que en esa clase las mujeres juegan el triste papel del adorno, valen por la esbeltez, la belleza o la juventud, si realizan estudios es por que la cultura aumenta el precio o el orgullo del cónyuge.
Los que están más abajo mantienen ciertos lazos solidarios al verse acosados por una realidad que cada día excluye a más personas y ha conducido a millones de ellas al casi bestialismo, donde la mujer concibe a veces, por la sola razón de que a su compañero no le complace el uso de preservativos, masas inmensas arrojadas al hambre. Con la exclusión llegan las secuelas del analfabetismo, el alcohol, las drogas. A veces el delito, no pocas veces organizado por los mismos que dicen combatirlo, hablamos de todo el mundo.
En este devenir fatal queda poco tiempo para sentir como Guilgamesh la muerte de un amigo o su ausencia. Ahora grandes cantidades de gentes se lanzan a los más dispares lugares del planeta. Algunos dejan la vida en el intento. Sueñan en vano con encontrar un lugar en el mundo.
Un lugar que les de amparo y trabajo. Un lugar donde educar a sus hijos y apartarlos del hambre y de la guerra.
¿Existe acaso un lugar seguro en esta Tierra desolada? ¿Europa? ¿Por cuanto tiempo?