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La globalización de la información y la pérdida de la identidad regional

Francisco Cifuentes

Arturo Cifuentes e Ignacio Prieto han rescatado algunas historias sobre el suicidio en Bogotá en los años 40 del siglo pasado, basándose en la la crónica roja de los periódicos de la época; Alberto González recogió una interesante nota sobre una velada musical en Chiquinquirá en los años ochenta del siglo XIX, utilizando la misma fuente. En ese entonces, la prensa informaba con amplitud sobre los eventos sociales, culturales y deportivos de la ciudad, los reporteros eran verdaderos escritores, o se hacían escritores por la fuerza de la práctica. Con la globalización de las agencias de noticias, y la preponderancia de la racionalidad económica en los medios de opinión se está perdiendo esa cualidad tan importante que afectaba, para mal, la cohesión local y que antes contribuía a formar la identidad regional. Hoy la sociedad se informa al detalle de la muerte de Ann Nicolle Smith; o de las andanzas de David Bekcman; pero los dramas, las tragedias, los héroes locales se quedan con sus historias en los círculos de sus familias y conocidos sin relevancia regional o nacional. Por ejemplo, hace poco escuché que un bombero voluntario de un pueblo murió ahogado –seguramente por la debilidad del agotamiento– luego de haber logrado rescatar a ocho citadinos que se divertían en los raudales del río Cauca practicando rafting que se vieron atrapados en un remolino turbulento. No mereció este héroe, hoy anómino y ya olvidado, ningún titular en los medios de comunicación por su hazaña y sacrificio. Solo una única nota de diez segundos del “entretenedor vespertino” que, tal vez, fue datiado directamente por algún testigo del hecho. Al día siguiente quedé con la sensación de que yo o el “periodista”, o los dos, habíamos soñado el incidente, pues nada leí o escuche sobre está tragedia.

Lo mismo me pasó hace años con las revelaciones que me impulsaron a escribir la nota de “Puerto Olvidado” donde también, un “periodista” se salió en la rutina semanal con el cubrimiento de las fiestas pueblerinas en su programa nocturno y entrevistó a varios testigos presenciales de una masacre en las fiestas del año nuevo donde fueron asesinadas 17 personas, en las que revelaban de viva voz, la razón del crimen e identificaban con pelos y señales al criminal responsable. Al día siguiente no pasó nada y me quedé sin saber el nombre del puerto. El “periodista fiestero” se ocupó en el programa siguiente de alguna otra fiesta y se olvidó del asunto. No respondió mi correo solicitándole mayores detalles o la copia de las entrevistas.

Es bueno hacer que todos los colombianos se sientan y crean que son “ciudadanos del mundo”, y siguan al detalle la farándula del sobrepeso de Maradona; pero antes se debe tener el sentido de pertenecer a una sociedad donde los héroes son accesibles, conocidos y de la misma talla y con necesidades que uno. De lo contrario se establecen puntos de referencia y modelos disfuncionales que generan infelicidad a los “ciudadanos de este mundo” por lo distantes que están esos héroes en la geografía y lo imposible de imitarlos dadas las diferencias entre lo ricos que ellos son y la pobreza generalizada que nos rodea.

Es bueno también pensar que esa tiranía de los medios de comunicación se está acabando. Internet ha incrementando el poder del individuo como actor y creador de la identidad regional, pero también lo está condenando a ser el periodista de los hechos de su entorno y a ser esclavo de los correos de los eventuales lectores de sus noticias.


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