Por virtud del convenio ajustado en Santa Fe entre los tres conquistadores, el valle de Neiva quedó sujeto la jurisdicción de Belalcázar en su carácter de teniente del Gobernador del Perú, y sus capitanes podían fundar allí una colonia.
Al partir Belalcázar a España, dio orden a su capitán Juan de Cabrera para fundar un pueblo en el expresado valle; Cabrera salió de Santa Fe en 1539, y en las faldas de la cordillera oriental fundó en el mismo año una villa con el nombre de Neiva, a orillas del río de igual nombre de Campoalegre. La primitiva Neiva subsistió poco tiempo; en 1551 se volvió a fundar en el punto donde actualmente está Villavieja, por el capitán Juan Alonso, pero destruida por los pijaos dieciocho años después, los habitantes se trasladaron a Timaná. La ciudad de Neiva que existe al presente en 1a ribera del alto Magdalena, capital del Departamento del Huila, fue fundada en 1612 por Diego de Ospina.
En la relación que se hizo del viaje de Belalcázar a la altiplanicie, dijimos que él mandó a sus capitanes Ampudia y Añasco que regresasen al sur con algunos soldados: Ampudia a componer el camino en la cordillera, y Añasco a fundar un pueblo que pusiera en comunicación los valles de Popayán y del Magdalena. El capitán Añasco obedeció la orden y fundó en diciembre de 1538 ([3]) el pueblo que denominó Guacayo y que después tuvo el nombre de Timaná, que era el de la comarca; la población recibió más tarde el título de ciudad, pero a pesar de las ventajas del clima y de la fertilidad del terreno, no tuvo nunca grande importancia por estar lejos de los centros comerciales.
Las tribus indígenas que habitaban en la región de Timaná fueron llamadas yalcones por los españoles, y aunque eran valientes y antropófagas fueron sometidas. Añasco supo que gobernaba en Popayán Lorenzo de Aldana como teniente de Pizarro, y fue a aquella ciudad a reconocer al nuevo Gobernador y a que le diera el mando del pueblo que había fundado, lo cual consiguió, recibiendo, además, amplias facultades para distribuir los indios entre los vecinos más connotados de Timaná. De regreso Añasco con ganados herramientas y otros objetos para el progreso de la colonia, procedió a verificar los repartos de los naturales, medida que produjo general descontento, aun cuando los jefes indígenas obedecieron por lo pronto lo mandado, salvo uno que, temeroso de alguna violencia u ofendido del reparto, no fue a Timaná a imponerse de las obligaciones a que estaba sujeto.
La desobediencia del jefe indio exasperó a Añasco, quien se decidió a hacer un ejemplar escarmiento para afianzar su gobierno; ordenó, en consecuencia, aprehender al rebelde, y no obstante las advertencias de los compañeros del conquistador y las súplicas y lágrimas de la madre del indígena, le hizo quemar vivo. La desconsolada madre, llamada quizá por los españoles la Gaitana, resolvió tomar cruel venganza de tan inaudito crimen, y recorrió la comarca de tribu en tribu excitando a los indios a la sublevación general. Reunió un ejército a cuya cabeza se puso el cacique Pigoanza, el más poderoso de los yalcones y amigo fiel antes de los castellanos; Añasco sospechó la sublevación y salió a contenerla con unos pocos soldados; en la correría se apercibió del peligro y resolvió afrontarlo con más arrojo que prudencia. Fue atacado por cinco mil salvajes enfurecidos, y a pesar de los prodigios de valor los españoles, todos murieron matando, excepto seis que se salvaron, y el desventurado Añasco cayó prisionero y fue entregado a la Gaitana, quien le hizo sacar los ojos y con dogal al cuello lo paseó por la comarca, hasta que expiró en medio de terribles tormentos.
Foto de Ana Jazmín Claros Rojas (Comunicadora Social) Monumento a la cacica La Gaitana del Maestro Rodrigo Arenas Betancur, Neiva, Colombia.
Como los yalcones pensaban acabar con los europeos, la sublevación continuó con mayor fuerza y pronto se presentaron a las puertas de Timaná, donde gobernaba accidentalmente, por muerte Añasco, Juan del Río. En número de diez mil asaltaron la colonia envalentonados con los discursos y ejemplo de la famosa Gaitana. El Gobernador se fortificó en la población, y con sólo noventa hombres alcanzó el triunfo después de un día de combate sobre la muchedumbre de asaltantes. No podrán encomiarse debidamente los actos de heroísmo llevados a cabo en aquel campo de muerte por los valientes castellanos; y aun cuando todos se distinguieron, el esfuerzo y osadía de los capitanes Orozco y Maldonado, que defendían las entradas de la plaza, rayaron en lo inverosímil. “Durante muchos años se recordaron en la colonia y se narraron estas proezas a guisa de leyendas, como en otro tiempo se referían en España las del Cid Campeador; y así como éste hizo famoso su Babieca, bajo la armadura del Río adquirió nombre su caballo Ocón. ([4])
Foto de Ana Yazmín Claros Rojas. (Comunicadora Social) Monumento a la cacica la Gaitana en el municipio de Timaná.
El revés sufrido no desalentó a la Gaitana : Ella consiguió que los yalcones se aliaran con los paeces, los apiramas y los guanacas, confederados, en número de quince mil hombres, según dicen cronistas, se presentaron de nuevo en Timaná. Los castellanos habían mejorado sus fortificaciones y se aprontaron a la lucha que fue más terrible que la primera. El capitán Juan del Río alcanzó la victoria arrojando sobre los indios, que peleabanen escuadrones ordenados, proyectiles encendidos; de este modo se abrieron claros en las filas, cargó la caballería y los asaltantes fueron confundidos y arrollados. La tierra quedó sembrada de cadáveres que devoraron los antropófagos salvajes; y era tal la degradación de estos, según se refiere, que huyendo los derrotados yalcones, sus a aliados los pinaes; que no habían concurrido al combate, mataron a los fugitivos para comérselos.
Quisieron los conquistadores abandonar la colonia, no obstante el triunfo; pero discordancia de opiniones sobre el escogimiento del nuevo sitio para establecerse, les hizo desistir, Juan del Río conceptuó que se llamase al capitán Juan de Cabrera, quien pensaba ya abandonar su fundación. Así se hizo; Cabrera fue recibido como Gobernador de Timaná, y le acompañaron los habitantes de Neiva, que quedó desierta.
Los indígenas creyeron mejorar con el cambio de Gobernador, y le enviaron mensajeros de paz; él los halagó con promesas y los invitó a que viniesen en mayor número a Timaná con maderas para construir habitaciones; cuando estaban los naturales ocupados hacer las nuevas casas, Cabrera, obrando con vileza, los hizo asesinar. Quedaron vencidos los yalcones y despoblada la provincia.
Si la víctima sacrificada por los yalcones fue el capitán Añasco, la de los terribles aguerridos paeces fue el compañero de aquel Juan de Ampudia. Este, encargado transitoriamente del gobierno de Popayán, salió de la ciudad en auxilio de Timaná, tan pronbto como tuvo conocimiento de la rebelión de los indios, de la muerte de Añasco y de que los paeces se movían amenazando a Popayán. Organizó Ampudia en Cali y Popayán una expedición de cien hombres, que trajo consigo perros de presa, libró un combate con los yalcones, que quedaron derrotados, y luego en tierra de los paeces pereció en un encuentro (1540).
[1]Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, Historia de Colombia para la secundaria, 7ª edición, Ed. Voluntad S. A., Bogotá, 1952, págs 112-114. Adoptada como texto de enseñanza de la Historia de Colombia por el decreto 963 de 1910 expedido por el presidente Carlos E. Restrepo, Ministro de Instrucción Pública, Pedro M. Carreño.
[2]Jesús María Henao, y Gerardo Arrubla, historiadores colombianos, miembros de número de la Academia Colombiana de Historia y Correspondietes de la de Venezuela.
[3]Damos esta fecha apoyados en la obra del señor Arroyo, aun cuando el historiador Acosta señala el año 1540.
[4] Jaime Arroyo, Historia de la Gobernación de Popayán, 1907.