El sabía del peligro su misión, se había preparado a conciencia, sabía que estaba respaldado y que los mínimos detalles estaban cubiertos. Aún así, su corazón se aceleraba con el paso del tiempo y si no se cumplía la cita prontamente, no había garantía de qué sucedería. Ya se escuchaba el desorden y por lo visto era el momento de que la prueba estaba cerca. En pocos segundos sabría si todo el esfuerzo de meses y de miles de personas iba a culminar con éxito. En treinta segundos sabría el desenlace de todo esto y lo más importante, si estaría vivo. Su corazón lo traicionaba, era tal la velocidad del pálpito que sentía que los latidos se estaban escuchando en todo el parque, era casi ensordecedor a sus oídos. Llega el momento y se oyen los ruidos, todo es mecánico. Las reacciones, los caídos, los gritos, todo era conocido, se sabía. Lo increíble es que se sepa con tanta nitidez lo está pasando. Parece más bien un sueño anterior que se materializa.
–Despierte hermano ya todo pasó. Iba rumbo a Bogotá y se había quedado dormido en carro donde regresaban. –El tipo está muerto. Fue el remate de la frase. Nadie habló en adelante. Pero él pensaba en su “mica” no le interesaba otra cosa que estar con ella esa noche.
Ya todo pasó, el corazón está tranquilo y ahora comienza el baile de la escapada. Es lo más fácil.
II
Él había escogido su misión por voluntad propia. Los éxitos tempranos en su carrera lo convencieron de que tenía que hacerlo, estaba destinado para lo grande. No. El peligro era parte de la cuota. La muerte, era una forma superior de la exaltación. De todas maneras, ya estaba curtido de hacerlo, de jugársela. Era un acto de vértigo. Ya sabía de memoria lo que seguía, era algo repetitivo, ¿el mito de Sísifo? Decir lo mismo ante un público donde podría estar el enemigo escondido. Había decidido hace mucho tiempo no mirar nunca a los ojos a nadie, en particular dentro de la multitud. Podría descontrolarse al mal interpretar el calor de una mirada. Este, pues, era otro show más, el resultado era cuestión de horas. Ya sabría si la concentración fue un éxito o un fracaso. Aún así, a pesar de ser rutinario lo que tenía que hacer, a medida que se acercaba el momento, se empezaba a crispar. Sentía calor en la cara, sentía afán por terminar. Era su corazón el que estaba acelerado. Las palpitaciones se llegaban hasta el clímax. Sentía rabia de su debilidad humana, de la irracionalidad de su comportamiento.
– Ya puede bajar, dijo el escolta amigo.
El momento llegó, lo recibió con una sonrisa, se sorprendió de que fuera tan fácil, casi sintió alegría. El miedo que sintió al ruido de las ráfagas ya había pasado. El estaba ahí tendido esperando, sintiendo el calor de humedad en sus piernas, no había dolor. Repasaba uno a uno los segundos del incidente. Todo era vívido. Cualquiera diría que esta repasando algo para lo cual ya se había preparado. Él caído ahí, un olor extraño provenía de sus piernas. No lo había notado, era sangre. Pero estaba sin rabia. Sabía que de esta había salido. Se sentía seguro porque tras de sí, había una organización fuerte y gran número de hombres leales dispuestos a morir por él. Sólo rabiaba de sentirse expuesto en la tarima, pero estaba seguro que no moriría. Ahora era el frió más increíble del mundo el que sentía.
– Lo dejaron matar, lo dejaron matar.
Ese fue el último grito que lo trajo de nuevo al mundo, era su mujer fuera de sí. Lástima no tener fuerzas para hacerla entrar en razón. Solo la mente está ahí tranquila preparándose para un viaje que ya conocía. El corazón ya no latía, no hay pálpito.
III
Él siempre tuvo que hacer lo que no quiso. Su vida fue siempre una lucha con los hados que se disputaron su destino, es el problema de la riqueza. Pero no importaba, ya estaba ahí esperando otra jugada del destino. Esperando el reto más grande su vida. Todo estaba listo. Él silencioso y triste. ¿Tiene que pasar todo esto?, se preguntaba. Los asistentes se movían afanosamente de un lado para otro, afinando detalles, eliminando imperfecciones. Era como una misión espacial. El reconteo regresivo; la verificación de todo estaba bien, la esperanza de que las fuerzas del destino que se entrecruzarían dentro de unos momentos lo harían correctamente de acuerdo al pronóstico. Los testigos estaban rígidos, acartonados. Los decretos, las cámaras, los telepronters. Eventualmente lo sacaba de su abstracción la actualización del conteo "-Ya salió". A medida que se aproximaba el momento su corazón se alborataba casi se retorcía. Era verdaderamente dolor el que sentía en el pecho. No entendía la razón de su alteración. El era un simple actor, nunca había querido llegar a donde estaba y menos se había buscado este momento. Total adelante. Dentro de media hora, podría estar solo otra vez, como siempre quiso estar, disfrutando el silencio, lejos de la lambonería y la reverencia, sin que nadie le interrumpiera sus pensamientos, con su mujer silenciosa al lado. Pero era terrible, ¿porque tenían que hacerlo todo tan difícil? ¿No hay formas más simple?, se repetía. Ahora era angustia la que sentía. "-Ya llegó". Silencio. Rigidez. "Ahora va para el hospital". Susurraba el asistente. El revuelo de la gran sala es total. Aunque todos están sentados esperando el desenlace, excepto los técnicos, la movilidad es extraordinaria. Es la sobrecarga acumulada que se ha escapado por las ventanas.
El corazón descansa, lentamente baja su palpitar, el aire entra menos forzado, la mente recobra el control de los músculos, la lucidez vuelve al escenario.
– Murió, dice el consternado asistente, su tristeza es sincera. Le alcanza una pluma y continúa.