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Los códigos de la guerra

Francisco Cifuentes

Dos noticias recientes de acciones militares me abruman y me precipitan a iniciar esta nota, con la esperanza –hay que tenerla porque sin ella no habría vida– de que el violador de las normas de honor sepa que desde antiguo era humano y necesario respetarlas.

La primera noticia es sobre un cargamento de balas impregnadas con cianuro que fue decomisado por el ejército, la segunda sobre una ambulancia que fue robada de un hospital de una pequeña localidad del sur del país y acondicionada como carro bomba en una aislada carretera transitada principalmente por campesinos pobres.   

Observar los códigos de guerra es necesario porque las normas dan al colectivo el sentido de orden para poder comprender cuándo y cómo se termina el conflicto, para convivir con el adversario una vez superado el momento de la lucha, para que el vencido, conociéndolas, proteja su vida acogiéndose a ellas seguro de que los pactos serán respectados por el vencedor evitándose así la carnicería inhumana.

Estos ejemplos tomados de los libros de India bastante antiguos, 800 años antes de nuestra era, son muestra envidiable de sabiduría por el sentido humanitario que contienen.

Antes de iniciarse la batalla entre los pandavas y los kurus estas fueron las reglas de honor que se acordaron:

El mahabharata, Bhisma Parva. (resumen)

«Los guerreros de ambos lados se reunieron y establecieron las reglas que habían de seguir ambos ejércitos. La lucha debía ser entre iguales. Por ejemplo, la lucha debía ser entre dos carros, dos arqueros, o dos hombres con maza. Si durante la lucha, uno se retiraba, no debía ser dañado. Si la lucha era con palabras, el oponente debía responder con palabras y no con flechas. A quien quiera que huyera corriendo del campo de batalla, no se le debería matar. No debería atacarse a nadie que estuviese asustado o carente de los medios adecuados para luchar.

Los conductores, animales y sirvientes que tenían que tocar las trompetas de guerra, tambores y címbalos no debían ser atacados. Estas eran algunas de las reglas que habían de observarse para que la lucha fuera caballeresca. Después de que estas reglas fueron aceptadas por ambas partes, los dos ejércitos se prepararon para el gran encuentro.»

En las Leyes de Manú se encuentra codificadas las reglas de conducta que debe observar la clase militar en el combate:

Leyes de Manú, libro séptimo.

89. « Los soberanos que en las batallas, deseosos de vencerse uno a otro, combaten con la mayor valentía y sin volver la cabeza, se van directamente al cielo después de su muerte.

90. « Un guerrero nunca debe emplear en una lucha contra sus enemigos armas pérfidas, como palos que encierran estiletes agudos, ni flechas arpadas, ni flechas envenenadas, ni tiros inflamados.

91. « Que hieran a un enemigo que camina a pie si él se halla en un carro, ni a un hombre afeminado; ni al que junta las manos pidiendo gracia, ni al que tiene sueltos los cabellos, ni al que está sentado, ni al que dice : «Soy tu prisionero».

92. « Ni a un hombre dormido, ni a quien no tiene coraza, ni al que está desnudo, ni al que está desarmado, ni al que mira el combate sin tomar parte en él; ni al que está luchando con otro.

93. « Ni al que tiene el arma rota, ni al que está anonadado por la tristeza, ni a un hombre gravemente herido, ni a un cobarde, ni a un fugitivo; que se acuerde del deber de los guerreros valientes.

94. « El cobarde que huye durante el combate y a quien matan sus enemigos, carga con todas las malas acciones de su jefe, cualesquiera que sean.

95. « Y si este fugitivo, que ha sido asesinado, había hecho provisión de algunas buenas obras para la otra vida su jefe se aprovecha de ellas.

96. « Los carros, los caballos, los elefantes, las sombrillas, los vestidos, los granos, los ganados, las mujeres, los ingredientes de toda clase, los metales, con excepción del oro y de la plata, pertenecen por dere­cho a quien se ha apoderado de ellos en la guerra.

97. « Debe deducirse de este botín la parte de más precio para ofrecerla al rey; tal es la regla del Veda; y el rey debe distribuir entre todos sus soldados lo que no ha sido tomado separadamente.

98. « Tal es la ley irreprochable y primordial que concierne a la clase militar; un Chatria, al matar a sus enemigos en un combate, no debe nunca apar­tarse de esta ley.»

En los actos de terror se desconocen todos los códigos de honor y la falta de ellos hace que nadie sepa con certeza cuando y cómo termina la guerra que nadie confie en que el vencedor respetará los códigos de la paz si ya fue infiel a los de guerra, que nadie quiera perdonarlo por su doblez, que nadie sienta la seguridad de su vida si se somete al traidor de la norma. 


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