La crisis del sistema financiero de los países del norte sacó a flote una tendencia inevitable y anunciada del desarrollo social contemporáneo: la preponderancia de las máquinas en el manejo de las cifras financieras y la creación de un mundo virtual donde las cifras etéreas saltan de una cuenta a otra con la total credulidad del hombre en la honestidad de la máquina y en la solidez de los modelos cibernéticos. Los juegos financieros llevados a cabo por jóvenes ejecutivos criados descuidadamente por sus padres, acostumbrados desde la cuna a tener una consola de juego en las rodillas y un joy stick en la mano, extendieron, cuando crecieron, el juego a las finanzas y los ahorros que les encargaban los confiados clientes de sus firmas. Pronto, estos jóvenes, descubrieron que podían hacer dinero propio con el ajeno, expertos en la virtualidad entraron en una espiral de ficción financiera, cifras y cifras en las pantallas digitales, hasta que un ingenuo o cauto, decidió recontar los centavos antes de otorgar el crédito. Así comenzó el pánico, las comprobaciones posteriores dejaron en descubierto el castillo de naipes sobre el que estaba montado las “sólidas bases del sistema capitalista”. Los que confiaban en la fortaleza de sus “marcas” –es demasiado grande para que caiga (o no le crean las cifras de los balances)– por el halo de prestigio y tradición que los envolvía. Algunos de los mas grandes se derrumbaron ante la evidencia de que el juego de máquinas y los saltos repentinos de la cifras se congelaron por un momento mientras el hombre de la calle preveía que el cielo se caería si él reemplazaba las máquinas en los cálculos y anotaciones.
Los manipuladores –jugadores compulsivos– se dieron cuenta, al verse expuestos en sus trampas, que el campo de juego había cambiado súbitamente y rápidamente se adaptaron a la nueva situación. A ella arrastraron a todos los bancos centrales de las naciones desarrolladas y pusieron de su lado a los computadores oficiales. Ahora las transferencias son monstruosas, incomprensibles, e imposibles de materializar. ¿Cómo se transfieren tres mil millones de dólares? Con un solo click, antes un grano de trigo era objeto de complejas anotaciones y registros. Pero toda esa cifra no creará un solo nuevo centavo de riqueza, no producirá el brote de una sola semilla, no arrimará un vaso de agua al sediento: es una ilusión más.
Las máquinas y las cifras locas recobraron su papel dominante en la vida económica gracias al plan de salvamento que extendieron los bancos centrales; ahora los mercados y los apostadores respiran tranquilos. En el corto plazo se verá que esas cifras salvadoras eran una ficción y que realmente lo que la economía mundial está viviendo es la caída en un agujero negro que se tragará los ahorros de los pensionados y que rebajará en un grado al hombre sobre el valor y la predominancia de la máquina.