Luego de años de paciente observación y mediante la relación de hechos desconectados totalmente uno de otro, he podido confirmar la existencia en el Chocó de una colonia étnica africana dueña de grandes reservas de oro, que todavía las explota y nadie sino ellos y yo lo saben. Las conclusiones pueden causar daños irreparables en lo social similares las migraciones californianas con la fiebre del oro y en lo ecológico similares a la desertización de las planicies peruanas cuando se denunciaron tumbas incas con tesoros incalculables, y es por eso que he omitido las coordenadas geográficas de mi descubrimiento.
La historia comienza en un lúgubre bar, ubicado en el sector central de la antigua ciudad de Bogotá, digamos hace treinta años o quizás pueden ser cuarenta. Era la moda de la época el existencialismo entre los filósofos, el nadaísmo entre los jóvenes poetas, y para entonar yo me sometía una o dos veces por semana al riesgo innecesario visitar lugares sórdidos, y escribir acrósticos a prostitutas, -si se prefiere el eufemismo de los periodistas de "trabajadoras del sexo" puede leerse así- iba quizás, buscando un amor tormentoso, o mirado ahora a distancia en el tiempo, a actuar como un prepotente "intelectual" que repartía las migajas de su locura entre las desvalidas del arte y del amor.
Lo cierto es que en un amanecer frío, en medio del humo y de las sombras del bar, –tenía el nombre de un barco y quedaba en un sótano– dos siluetas oscuras se cruzaron en el corredor de la entrada, se detuvieron unos segundos y por el contraste evidente de sus cuerpos llamaron mi atención. La poca iluminación no fue problema para que observara infinitos detalles. Yo me encontraba en preparación para ser un escritor de renombre y parte de mi ejercicio permanente consistía en ser un observador atento de la realidad; posteriormente transcribía en un diario lo más minuciosa y documentadamente posible todo recuerdo de la excursión nocturna.
El contraste era total, eran dos hombres de color, el primero bajito, yo diría medía un metro sesenta, delgado, de ojos orientales. El segundo negro era monumental, ahora pienso no era tan grande, ni tan robusto, ni tan fuerte como lo percibí en esa ocasión, creo que su presencia se engrandecía por la fragilidad de su compañero. Ahora que escribo esto, también creo que la impresión de los ojos orientales era errada pues lo que hizo el negro bajito, fue entrecerrar los ojos unos segundos, en un gesto un tanto felino, aspirar pausada y profundamente y luego irradiar el aura de su energía y vitalidad, ordenando al negro grande que entraran. Este había permanecido en silencio, respetuoso, en actitud casi religiosa, unos pasos atrás; mientras el primero efectuaba el ritual de la entrada. He revisado las "minuciosas" notas arriba referidas y encuentro la fragilidad de los escritos y la pérdida de múltiples detalles que puede reconstruir con nitidez gracias a la memoria.
El segundo contraste que llamó mi atención fue la enorme energía que irradiaba el negro bajito a quien en adelante llamaré Primero. La diligencia y la decisión de lo que hacía me dejaron entrever a un hombre de acción que sabía lo que quería. Digamos para simplificar que su energía salía del "aura". Haciendo gala de su raza, vestían impecablemente, quizás con exceso. Lustre, limpieza y pliegues rectos eran la constante en sus vestimentas con predominio del blanco. El segundo también era un hombre seguro, pero diferente, su seguridad, creo, se basaba más en la imponencia de la mole, aunque era evidente que también tenía don de mando y seguridad en sus órdenes.
Treinta segundos después del incidente de la entrada, me olvidé de los dos personajes y volví a mi diálogo con Erato y la prostituta con la que compartía. Mi época bohemia pasó sin pena ni gloria, y la "obra" que pretendía escribir fue abandonada, el diario se refundió en las montañas de papeles que coleccionaba, los borradores del escrito fueron tirados a la basura años después, cuando un escritor fracasado -hasta ese momento- de Aracataca logró plasmar mejor lo que yo pensaba, la historia de un pueblo olvidado por el gobierno central y las relaciones de sus habitantes obligados a soportarse a si mismos. Él resolvió el problema del aislamiento con la ciénaga, yo solo la conocí en su verdadera dimensión cuando viajé en avión a la costa.
Dos o tres veces se cruzaron estos personajes en mi camino. La constante de los encuentros fue siempre la misma: antros, peligro y decisión. Algunas veces me pregunté de dónde sacaban el dinero para sus derroches. Pero en general no pasó de ahí mi curiosidad, ni me acerque ni interactué con ellos, aunque nunca fui hostil ni receloso.
La segunda parte de esta historia viene de una lectura de un escritor inglés. En ella describe una pareja de personajes que frecuentaban sitios turbulentos y peligrosos de la antigua Londres. Una pequeña luz en mi cabeza me encendió la asociación de mis recuerdos. Ahí comenzó mi sospecha y mi ansiedad por llegar a una salida lógica de esta vivencia. ¿Estaba yo, un siglo después, ante otra pareja de temerarios de la misma cepa como la que describió en el relato?
El tercer elemento lo aportan unas lecturas de cronistas tardíos de la época de la conquista. En ella encuentro historias sobre grandes grupos de esclavos que lograron remontarse en las selvas chocoanas, el cronista los describe como cimarrones. La conservación de su pureza étnica y muchas de sus costumbres aún puede verse en pueblos civilizados de la costa colombiana como Palenque y María la Baja. Uno de estos grupos particularmente, perteneció al pueblo africano de los Zuartas, que explotaron por generaciones de las minas de oro del rey Salomón antes de caer prisioneros por los negreros franceses. Los Zuartas se destacaron por su inteligencia, sus conocimientos de minería y la forma de extraer y purificar el metal. Estas minas aunque no bien ubicadas en la geografía moderna se pueden localizar en Sudáfrica. Los Zuartas, pues, eran un pueblo que conocía la explotación del oro de minas de veta, no fueron nunca expertos en minería de oro de aluvión. Este pueblo a su vez siempre recibió la protección de los Nubios que era un pueblo de hombres altos de gran fortaleza, eran la simbiosis de la inteligencia y la fuerza necesaria para sobrevivir un medio hostil y ambicioso.
Aquí comienza lo increíble de esta historia, la afirmación categórica, y que espero nadie crea, es esta: En la fase tardía de la conquista, un barco negrero que se dirigía de Cartagena a Panamá con un grupo numeroso de esclavos Zuartas y Nubios que se amotinaron frente a las bocas del rió Atrato, asesinaron a la tripulación Española –el barco está reportado en las crónicas de la Casa de la Contratación en Sevilla como desaparecido en un naufragio frente a las costas de Urabá–. Los amotinados se adentraron en el barco por el río hasta el sitio que ellos llaman Zumbi, por haberle encontrado parecido al nacedero del río Nilo que conocían bien los Nubios, fundaron una colonia en la espesura de la selva que hasta la fecha no ha sido localizada por el hombre blanco.
La colonia Zumbi, es una de las regiones más ricas del planeta. Posee las reservas de oro mas grandes del mundo pues el origen no es volcánico sino producto de la fricción de las placas tectónicas. Los Zuartas aplicaron sus conocimientos de minería y rápidamente encontraron la veta de la mina de oro. Los Nubios renovaron su alianza de protección y son los encargados del aparato militar de Zumbi.
Esta hipótesis me llevó a emplear años en pesquisas muy discretas, para las que tuve que volver sobre mis pasos de bohemio, que demandaron que adquiera destrezas en muchas disciplinas, así mismo tuve que orientar a varios amigos y parientes a estudiar ciencias de gran especialización que de haberlas abocado yo, me hubieran tomado más años que los que posiblemente alcanzaré a vivir.
En la primera fase me decidí a rastrear los pasos de los personajes Primero y Segundo. Innumerables prostitutas que recordaban detalles inconexos de ellos y sus encuentros de placer. –Ah sí, como no, los recuerdo. Amaban el peligro. El grande era el protector del chico. Eran muy ricos y generosos. Tenían todo el dinero del mundo. El chico era un embajador a algo así. El grande siempre entraba al cuarto pero solo vigilaba. Nunca se quitaba la ropa. El grande siempre iba armado y sabía pelear muy bien. Eran muy educados y correctos. Tenían mucho oro en el cuerpo no se como no los atracaron.
La confrontación de estas revelaciones con el libro de Stevenson empezaron a alarmarme. ¿Sería Primero el príncipe de la historia y Segundo el Capitán? ¿Amaría Primero el vértigo del miedo y por eso su osadía en frecuentar estos sitios? ¿Habría escrito el inglés una historia que vivió en algún bar de mala muerte en Buenaventura? ¿O escribió el relato basándose en una historia que oyó de algún marino inglés? El golpe lo tuve cuando me enteré de que inglés había vivido en la polinesia. El Pacífico era una olla y cualquier marinero podía rodear el contorno de la costa suramericana, ya me era posible ubicar a Stevenson o la fuente de la historia en Buenaventura.
En la segunda fase ataqué las fuentes chocoanas. Todo negro de la región representaba una fuente posible de información. A muchos alojé en mi casa, para sacarle hechos oscuros de su geografía; las minas, los tomines, los nombres de los ríos, las razas y el folklor me interesaban. En síntesis me convertí en un negritudologo. Algo saqué. Principalmente la muerte de varios geólogos americanos de la Frontino ocultadas por la empresa norteamericana. Estos geólogos murieron cuando se internaron arriba del río Nuqui, sus cadáveres fueron devueltos por las aguas limpias y ninguno presentaba heridas abiertas. Las pocas heridas y desgarraduras de la piel eran producto de golpes con el piedras del lecho del río. Pero no tenían muestras de violencia.
Al profesor John Wart lo encontré por azar en una comunidad del Norte de Miami, vivía con su mujer, una monja dominica que había abandonado los hábitos cuando vino ella en misión evangelizadora al Chocó y conoció a Mr. Wart. Me confirmó que él había huido de la Frontino porque era el próximo geólogo en turno para salir explorar el Nuqui, y como estaba enamorado y temía correr la misma suerte de sus colegas, invitó a Marty -así se llama su esposa- a fugarse: ella del convento y él de la Frontino. Las penurias que debieron correr en sus próximos años de fugitivos, las debí escuchar una y otra vez incluyendo a Marty que pensando que yo era católico por saber que en Colombia el noventa y nueve por ciento de la población lo es, compartía el acto de expiación de su falta conmigo y me mostraba el hábito de monja que siempre tenía bajo la almohada, para no olvidar la traición a su fe. Yo siempre lograba volver al principio de la charla no con facilidad: Los geólogos muertos, –era lo que me interesaba– ¿por qué no figuran en la tradición oral de los pobladores de Condoto? ¿Por qué no hay titulares en los periódicos capitalinos de la época? Me tomó tiempo y horas de charla y paciencia confirmar por segunda fuente esta historia. Regresé radiante y desesperado a continuar con la investigación.
Los americanos fueron asesinados por los Nubios para proteger el secreto de la localización de Zumbi y sus riquezas. La Frontino nunca denunció las muertes por estar rompiendo el contrato de explotación con el gobierno colombiano y por no querer despertar sospechas que permitieran el examen de sus libros con las cifras reales de la explotación aurífera que ellos denunciaban y por que gran parte de los profesionales que tenía en la colonia trabajaban sin autorización del gobierno.
La localización exacta de Zumbí es producto de la tecnología. Uno de estos amigos a quien sugerí estudiara geología primero y luego se especializara en fotointerpretación, comenzó a darme los frutos de “mis sabios consejos”. Lo invité a leer unas fotos del satélite Consat de la región del Atrato pretextando estar haciendo un estudio forestal. En ella se veían los colores de los minerales superficiales, particularmente el platino y en una región arriba del río Nuquí había una mancha parda de un metal no indentificable o una formación rocosa diferente. El círculo de Zumbí empezaba a cerrarse. Debo recalcar que todos los entrevistados daban su información sin conocer la relación de unos con otros, ni el interés que yo tenía, pues nunca quise despertar sospechas innecesarias ya que era conciente de magnitud del hallazgo.
Posteriormente, armado de la historia, comencé un proceso de observación mas detallada de los informes periodísticos sobre la región y sus habitantes, cualquier blanco que hubiera vivido en el Chocó podría servirme de fuente.
Recabe dieciséis comprobaciones, ninguna creíble. Para mi pesar las tenía en la cabeza pues hasta ese momento no había empezado a escribir la historia y he olvidado la mayoría. Pero una vez aproveché de encontrarme en un reunión de amigos, todos profesionales, en casa de un nativo de allá –Álvaro–, que invitó a otra pareja, Jorge y Gloria, paisanos suyos y puse a prueba la solidez de la historia y los complementos.
Inicié así la charla: Lo que van a escuchar nunca antes se ha dicho, no está escrito en ninguna parte y probablemente no volverán a tener noticia de esto nunca más; y les relaté visto anteriormente aunque como mayor detalle por estar fresco el tema, durante casi una hora me escucharon silenciosos y asombrados.
Luego les recité las comprobaciones –las cito aquí en orden diferente e incompletas e intercalo aquí los comentarios que hicieron los cuatro interlocutores:
1. Hay un camino secreto desde el Chocó hasta Mar del Plata en Argentina, por donde se saca gran cantidad oro que es llevado a Sudáfrica.
–Es cierto, en mi pueblo había una mona a quien llamábamos la rusa. Era de origen europeo y nunca pude entender como apareció en el Chocó, porque me decía que su padre era un marinero que llegó a la Argentina.
–Es cierto, en la segunda guerra mundial el platino era un elemento vital para la guerra y los alemanes se aprovisionaban en Argentina de grandes cantidades que les eran enviadas por tierra y por caminos secretos desde Chocó.
¿Por qué esa travesía tan irracional? Era algo que no me cabia en la historia, hasta que precisé que ellos no eran buenos marineros y el cruce por los mares del sur era el camino mas corto para llegar a la costa oriental del Africa.
2. Los Nubios han desarrollado un sistema defensivo para la Colonia, basado en los conocimientos de la biología, la región nunca ha sido un sito amable con el hombre blanco, apoyados en las diferencias genéticas de negros y blancos en las células sanguíneas desarrollaron enfermedades que solo atacan al hombre blanco, por eso a pesar de la riqueza de la región y de la cercanía al mar, no se ha poblado ese territorio.
– Es cierto, eso tiene que ver con las células falciformes. –dice el médico.
En mismo tema la Bufus americanis, una pequeña rana roja y amarilla que tiene la piel más venenosa del mundo, con capacidad para fulminar a un hombre de doscientos kilos de peso con un roce, es un creación genética de los Nubios y ellos tienen al menos otras diez especies con potentes toxinas que los biologos no conocen. Estas ranas pudieron ser las causantes de la muerte de los geológos de la Frontino en Andagoya. Algunas de estas plagas diferencian el «humor» del hombre blanco y lo prefieren para sus picaduras.
3. Hay una comunidad de príncipes negros colombianos que son enviados a estudiar a las mejores universidades del mundo, con pasaportes africanos.
–Claro, ahora comprendo como resultó (…fulanito… y …) con esos grados.
4. La matanza de siete policías negros –por la misma policía– en Bello (Antioquia) no fue como se dijo un incidente de una banda de secuestradores sino que eran Nubios defendiendo a un príncipe que podría poner en peligro la existencia de la Colonia.
Esta era la comprobación más rebuscada y siempre dude incluirla en mi relación; Jorge saltó como si un rayo hubiera sacudido su cabeza y despejó las dudas que tenía sobre incidente. Conocía a alguno de los policías muertos y nunca pudo explicarse que era lo que había pasado.
5. La ley de las negritudes que establece la propiedad colectiva para las comunidades negras de los baldíos fue un jugada de los abogados del exterior pagada por la Colonia, para lograr diluir el problema de la titulación en cabezas individuales y así poder mantener el secreto de la misma comunidad.
6. No es gratuito que haya una comunidad judía negra muy importante, ellos por las relaciones religiosas administran la inmensa riqueza de la Colonia en el exterior, y seguramente tenienn relación con el intento de crear el estado judío en Africa –Uganda–, que fue la primera opción inglesa antes decirse por Palestina.
7. El Dorado descrito por los indios arriba del río grande, fue correcto y conocían la mina pero fueron aniquilados incluido su jefe Paris, con lo que se perdió por años la referencia del sitio; el problema fue del lengua –así llamaban al intérprete– que no tradujo la palabra correcta. Samba, enlengua caribequiere decir grande o caudaloso. Los españoles tomaron el Magdalena río arriba por lo grande, pero han debido tomar el Atrato arriba por lo caudaloso, es el río más caudaloso del mundo. Esa mala interpretación cambio el rumbo de la historia, los españoles conquistaron por codicia el sur del continente buscando El Dorado y si bien es cierto que despojaron a los incas de invaluables tesoros nunca encontraron la fuente del metal.
Las demás comprobaciones no las recuerdo por haber estado ajeno a la historia mucho tiempo, tendré que forzar una nueva reunión con los cuatro amigos de esa tarde lejana y tratar de sacar en claro lo que se dijo en ella. El escrito lo hago público porque nadie excepto, ellos y yo, sabe esta historia ahora que se piensa construir el oleoducto binacional y la adecuación del puerto de Tribugá para los supertanqueros, pienso que este será otro escollo con el que no se cuenta. Quizás estas notas desalienten a los proyectistas cuando sepan que están incitando a un enfrentamiento frontal con una comunidad muy, pero muy, poderosa.
Notas
Sobre las armas biológicas
“Cuando se cumplieron cincuenta años de la fundación de la colonia, en el 85, decidimos iniciar el Festival de la Bahía y pusimos una placa en memoria de los colonos, tanto interioranos como nativos. La mística de Carlos era infatigable. A él el gobierno le escuchaba. Por eso, después de que Carlos murió, la colonia entró en agonía. Duró casi hasta el año 40, luego desapareció. En los primeros días se construyeron como unas cien casas, dos escuelas y sesenta fincas. Carlos murió de paludismo un año después, en Buenaventura.
Pero antes que él había muerto tanto colono, que muchos de los sobrevivientes huyeron espantados, y otros, como una paradoja del destino que buscaron desde remotos sitios, fueron enterrados en el mismo lugar donde estaban los viveros para la siembra de los colinos de banano. En los viveros se inició el cementerio con los numerosos muertos de paludismo”.
Nina S. Friedemann, Alfredo Vanín, Entre la tierra y el cielo, Magia y leyendas del Chocó, Editorial Planeta, Bogotá, 1994.
Sobre la pérdida de la ubicación del sitio
“A diez o quince leguas de Panamá estaba un gran señor que se llamaba París, y muy rico de oro. Fueron allá los cristianos, y recibiólos como si fueran hermanos suyos, y presentó al capitán cincuenta mil castellanos de su voluntad. El capitán y los cristianos parecióles que quien daba aquella cantidad de su gracia que debía tener mucho tesoro (que era el fin y consuelo de sus trabajos); disimularon y dicen que se quieren partir, y tornan al cuarto del alba y dan sobre seguro en el pueblo, quémanlo con fuego que pusieron, mataron y quemaron mucha gente, y robaron cincuenta o sesenta mil castellanos otros. Y el cacique o señor escapóse, que no le mataron o prendieron. Juntó presto la más gente que pudo, y a cabo de dos o tres días alcanzó los cristianos que llevaban sus ciento y treinta o cuarenta mil castellanos, y da en ellos varonilmente, y mata cincuenta cristianos, y tómales todo el oro, escapándose los otros huyendo y bien heridos. Después tornan muchos cristianos sobre el dicho cacique, y asoláronlo a él y a infinita de su gente, y los demás pusieron y mataron en la ordinaria servidumbre. Por manera que no hay hoy vestigio ni señal de que haya habido allí pueblo ni hombre nacido, teniendo treinta leguas llenas de gente de señorío. Déstas no tienen cuenta las matanzas y perdiciones que aquel mísero hombre con su compañía en aquellos reinos (que despobló) hizo”.
Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Ediciones Cátedra, S. A. Madrid, 1991.
Sobre el Canal de panamá
No tengo claro cual fue la postura de la comunidad de los príncipes en el incidente de la separación de Panamá, creo sobreestimaron su poder y se opusieron políticamente a la construcción, se puede creer que el liberto, un negro monumental, ayuda de cámara del presidente Sanclemente, fue quien influyó en la negativa de éste a firmar el acuerdo, y que era un representante de esa comunidad. Tampoco es claro si la virulencia del paludismo en los inicios de la construcción del Canal fue obra de los biólogos espantablancos, o si las veinte mil víctimas por mordeduras de serpientes en el cañon del mismo nombre, también fueron la intervención de los príncipes. Ya todo está atribuido a la madre naturaleza.
Sobre los resultados del Censo de Población de 2007
En los datos del Censo de Población los analistas han encontrado lo que ellos llaman un error, sobre los índices de educación de la población del Chocó, mientras en un extremo muestra la proporción más alta de analfatismo en el otro revela la más alta concentración de profesionales con título de PHD (508) y salen a dar palos de ciego contra la calidad de las encuestas. La verdad y para mi satisfacción es que esta es la primera vez que tengo cifras ciertas sobre la cantidad de los príncipes Nubios, capacitados en esa sociedad secreta.
Sobre el primer canal interoceánico de los océanos Atlántico y el Pacífico
En 1780, un pertinaz explorador, logró comunicar los rios Atrato y San Juan por un canal navegable, que fue utilizado y grandemente en esa época por sampanes y barcazas. Los príncipes, temerosos de que el tráfico atrajera la colonización indeseables y curiosos, hizo todo el esfuerzo por bloquearlo y hoy es una historia que se ha perdido en la sombra del tiempo.