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El sexto aniversario

Francisco Cifuentes

El gobierno del presidente Uribe Vélez cumplió el sexto aniversario en el cargo; los efectos de su gestión son opacados en los medios de comunicación, con el cubrimiento de la lucha frontal de la oposición política, liderada por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y secundada por los círculos excluidos del poder.

A veces parece, según los titulares de la prensa, que la hecatombe sea un acontecimiento diario y que reinara el descontrol en el gobierno; en otras que la justicia va quedar en manos de magistrados extranjeros; o que no se ha avanzado un centímetro de la situación que se encontraba el país hace seis años.

En el listado de los últimos sobresaltos diarios que fueron noticia se encuentran:

La visita del Fiscal de la Corte Penal Internacional que ha sido acogida por algunos opositores como la llegada de un Mesías que castigará ejemplarmente a los malos, encarnados en los funcionarios del gobierno, mediante el poder omnímodo e implacable que le otorgan los estatutos de Roma.

La Corte Constitucional resolvió, en una exótica sentencia, que las multinacionales farmacéuticas tendrán cuota propia y abultada en el presupuesto nacional, abrogándose funciones ajenas a su mandato y tomando el control del sistema de salud. Antes ya lo había hecho con el manejo del programa de los desplazados por la violencia.

La Corte Interamericana de Justicia está ordenando en condenas a la Nación la erección de monumentos a contrabandistas asesinados, el pago de millonarias sumas a los familiares, y la condena de los responsables, en juicios desatendidos por el Estado, pero bien trabajados por los justicieros internacionales, que reciben muy buenas mesadas por sus “buenos oficios”.

La Fiscalía dosifica las filtraciones de la información reservada de sus investigaciones para producir efectos políticos en momentos que el gobierno se encuentra rodeado por los opositores para golpear directamente a los miembros del equipo de gobierno en gavilla con los directores de los medios de comunicación.

La Corte Suprema enredada en la conducta desarreglada de sus propios magistrados (borracheras, regalos y roscas familiares), invoca la existencia de una conspiración en contra de la pulcritud de sus fallos, desacorde con la repartija burocrática que hacen en concierto con la dirección de los organismos de control.

Los ex presidentes, alienados en la oposición, ante la eminencia de tener al actual mandatario como candidato ganador en un nuevo proceso electoral, mueven las fichas de los funcionarios que ellos incrustaron en los organismos del Estado para que estos golpeen en el momento oportuno al mandatario. Respaldan sin reparo públicamente decisiones dudosas de sus protegidos y defienden nada diferente a sus intereses y su anhelo es el de que no se les cuestione el mediocre resultado sus mandatos, donde reinaron la corrupción y la ruina.

Los narcotraficantes, apoyados en el tráfico de testigos y la ligereza de la Sala Penal en la crítica de los testimonios han desplegado un programa de filtración de interceptaciones y entrevistas con funcionarios del gobierno y de la justicia que, siguiendo los titulares, dejan ver un mundo de conspiradores y delincuentes entre los altos funcionarios de la justicia y del gobierno.

Los directores de los medios, desesperanzados en influir la opinión con sus ruegos de no reelección, hacen coro para presentar publi-reportajes que solo están encaminados a generar opiniones adversas al mandatario, sin ninguna consideración con la verdad, ni de los efectos del manejo irresponsable de la información a que tienen acceso.

El Congreso en el intertanto se prepara los intensos debates que se darán por la declaratoria de la "arepa e'huevo" como patrimonio gastronómico de Colombia y quizás como el más grande aporte colombiano a la gastronomía universal.

Mal cierre para un balance que debía ser de celebración y enfocado hacia los problemas del futuro. Por ahora los colombianos seguimos viendo, viviendo y comiendo en el estercolero (mierdero es más exacto) en el que nos arrojaron los dirigentes del pasado. Lo único claro, para mí, es que no hay nada claro, que los “malos” tienen el control de la noticia, pero no el de la realidad que dice otra cosa.


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