Una de las consecuencias de la popularización de internet para el ciudadano activo es el acceso inmediato a grandes volúmenes de información de la que antes tenía la dependencia temporal y el filtro de los medios de comunicación, lo que hacía que el efecto sicológico del conocimiento del hecho fuera posterior a las consecuencias del mismo. No había, propiamente ansiedad por lo que debía acontecer porque el ciudadano informado se limitaba a verificar con la noticia los hechos posteriores.
La nueva situación sumerge al individuo en un mundo donde el norte, lo medular, se pierde. Ahora mismo no se sabe qué filón informativo es más importante a seguir: La crisis financiera del sistema bancario en los países del norte; la crisis de liderazgo en el sistema político de Norteamérica y el proceso de selección entre dos candidatos que no fueron producto de un sistema democrático; el estado de conmoción interior decretado por el Gobierno colombiano y las consecuencias jurídicas de la volatilidad de las medidas que se toman; los tumbos del sistema político colombiano por la oscuridad de la futura sucesión presidencial y de las intenciones del actual presidente; la suerte e impacto de reformas constitucionales difusas e imprecisas sobre la política y la justicia son ejemplo de las montañas de información que abruman al lector y que al final le quitan la capacidad de analizar cada problema y las consecuencias sobre la vida inmediata y el entorno en que se mueve el individuo. Lo que, en últimas, es lo único que interesa. Los graves problemas locales y parroquiales, a pesar de su efecto directo en la vida cotidiana, pierden el valor, la importancia y el interés porque los vientos en el horizonte tienen el poder barrer lo que se intente hacer sobre ellos sin ponderar efectivamente las grandes variables.
La pérdida del espacio para la reflexión y, en consecuencia, para la creación, generan como producto social a un hombre que no aporta riqueza a la solución, a la previsión, ni al futuro. Así me siento ahora luego de meses de estar inmerso en estos problemas y no saber con precisión donde poner mi energía y la atención. Soy uno más entre la masa que espera salir indemne de las múltiples crisis o, por lo menos, aún con ánimos para seguir buscando y trabajando en el futuro la sociedad ideal.