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La deserción de Karina y las gallinas

Francisco Cifuentes

Nelly Avila Moreno: Foto Policía Nacional cortesía del DAS 
                                 Foto DAS Policía Nacional

La guerrillera Elda Neyis Mosquera (tambien conocida como Nelly Ávila Moreno, o Karina) decidió desmovilizarse y acogerse al programa de reinserción del gobierno entregándose a las autoridades. La decisión la tomó, según sus palabras, por el acoso a que se vio sometida por el cerco de las fuerzas militares, el hambre, el recelo de una delación o traición de sus compañeros, la frustración de estar en una guerra en la que la victoria está lejana y no estar dispuesta a hacerse matar. Ella tiene importancia por ser la única figura femenina que tuvo notoriedad dentro de la organización subversiva, que en asuntos de género es igualitaria sólo en el discurso. El tiempo de actividad como subversiva (26 años) le asegura un prontuario importante de crímenes y de éxitos militares.

Por las declaraciones concedidas a los medios de prensa se revela la situación de uno de los frentes de la guerrilla que no debe ser diferente de lo que se vive en muchos otros; demuestra el cambio de la correlación de fuerzas de una guerrilla antes dueña y señora del territorio y de la población, que quedó convertida en una cuadrilla de facinerosos que llevaba actuando de la mano de Dios, sin comunicación ni planeación alguna con la Organización, más de dos años. Es un avance del Estado que puede llevar a la liquidación militar de estos grupos aislados a los que se les reduce el pie de fuerza y la movilidad en forma exponencial, aunque el final no está tan cerca como algunos lo vaticinan. La desintegración de las cuadrillas de bandoleros políticos en los años 60 (Chispas, Sangrenegra, Efraín González, Zarpazo) ciertamente se dio, pero tomó varios años reducirlos o aniquilarlos.

Esta entrega destacable para las fuerzas militares, demuestra que están actuando sin pausa sobre los focos de resistencia, de tener una actitud ofensiva persistente y exitosa. Tiene mérito la intrepidez de los militares que acudieron al rescate de la sometida –ante el riego de caer en una emboscada–, como la confianza de Elda Neyis en que se le respetaría la vida. El efecto de esta operación tendrá repercusión entre el grupo que ella dirigía y es posible que la comunidad que azotaba con su presencia pueda en el futuro dormir sin sobresaltos, que desaparezcan las confiscaciones inapelables de sus medios de subsistencia. Las gallinas solamente tendrán que preocuparse de los asaltos nocturnos de las chuchas, ellas también notarán el efecto del desmantelamiento de este grupo de hombres errantes, sin apego y hambreado.

Los campos europeos se vieron azolados en el medioevo por “los pastorcitos” que vagaban por ellos prevalidos del número, las armas y las convicciones de su fe. Los rezagos de estos grupos subversivos tendrán el mismo fin; se convertirán en bandas de robagallinas, pelachivos y sancocheros. Es el ciclo de la historia que el hombre repite con obstinación. Siempre habrá redentoristas y crédulos.


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