Durante años me ha atormentado el paralelo de la vida los Kurtz que surgen como reencarnaciones en ciclos de la historia y las situaciones que generan, determinan y encadenan el destino de estos hombres sanguinarios.
El Kurtz de Joseph Conrad en “El corazón de las tinieblas” surge como un agente de acopio de la mercancía más preciada en ese momento –el marfil– que sólo podía obtenerse en el centro inhóspito de Africa, para satisfacer las vanidades de la metrópoli, que para la época era el Imperio Británico. Kurtz, en el relato de Conrad, se convierte en el mejor agente proveedor de la Compañía por medio del terror que infundía a los nativos congoleños, a quienes imponía, con su poder, cuotas exorbitantes de marfil y los masacraba si no las cumplían. Kurtz libre de toda regla y de toda autoridad es dios en su territorio he impone su código de terror hasta convertirse en un verdadero problema para la imagen de la Compañía que termina sientiéndose incómoda con su conducta sanguinaria; de allí que se promueva la forma de traerlo de vuelta a la civilización. El eje del relato es el rio Congo y con la lectura del libro, quien ha visto la película de Coppola Apocalyse Now puede recrear visualmente el horror de la época y los efectos de la explotación económica inmisericorde de la metrópoli sobre la colonia.
John Milius con el apoyo de Francis Ford Coppola, adaptó la situación descrita en el libro, a la guerra norteamericana en Vietnam con la historia del coronel Kurtz –oficial de hoja de vida distinguida– que desesperado de los cánones y limitantes de la guerra convencional, recurre a los métodos de sus oponentes y termina arrastrado en un sisma militar, remonta el río Mekong, llega hasta el centro de las selvas de Camboya donde ejerce, sobre los nativos de la zona, las mismas normas de horror del Kurtz africano. El ejército, en la adaptación de Milius, asigna a Willard la misión de tomar medidas extremas contra el coronel renegado que se ha vuelto un problema para la Institución. Se repite así la historia de la metrópoli imponiendo las normas sobre la colonia, el río, el horror y la locura. La película Apocalypse Now plasmó para la historia con belleza el horror que puede crear el hombre.
Tomo del libreto la escena más impactante para mí, donde Kurtz describe el momento definitivo de su desersión cuando descubre en una revelación pura, cristalina, genuina –como una bala de diamante que atravezó su mente– que la fortaleza del enemigo está en que puede matar sin sentimiento, sin pasión, sin cavilar. Porque es la racionalidad lo que los está llevando a la derrota. Relata así a Willard cómo y cúando se dio esa revelación.
Textos del libreto
"ANGLE ON DOORWAY
Kurtz enters in the darkness.
Kurtz
I've seen horrors. Horrors that you' ve seen. But you have no right to call me a murderer. You have a right to kill me. You have a right to do that. But you have no right to judge me.
CLOSE UP ON KURTZ
eating a piece of fruit.
Kurtz
It's impossible for words to describe what is necessary to those who do not know what horror means. Horror. Horror has a face. And you must make a friend of horror. Horror and moral terror are your friends. If they are not, then they are enemies to be feared. They are truly enemies.
ANOTHER ANGLE
Colby is standing in the rear doorway of the main temple, going through a Tai Chi routine. Willard sits in front of him, looking at Kurtz, listening to him as he talks from the bed. A native WOMAN is there, listening as well.
Kurtz
I remember when I was with Special Forces. Seems a thousand centuries ago. We went into a camp to inoculate some children. We'd left the camp after we had inoculated the children for polio. And this old man came running after us, and he was crying. He couldn't say. We went back there, and they had come and hacked off every inoculated arm. There they were, in a pile. A pile of little arms. And, I remember, I cried, I wept like some grandmother. I wanted to tear my teeth out. I didn't know what I wanted to do. And I want to remember it. I never want to forget it. I never want to forget. And then I realized, like I was shot, like I was spot with a diamond, a diamond bullet right through my forehead. And I thought, My God, the genius of that! The genius. The will to do that. Perfect, genuine, complete, crystalline, pure. And then I realized, they were stronger than we. Because they could stand it. These were not monsters. These were men, trained cadres. These men who fought with their hearts, who have families, who have children, who are filled with love . . . that they had the strength, the strength to do that. If I had ten divisions of those men, then our troubles here would be over very quickly. You have to have men who are moral, and at the same time, who are able to utilize their primordial instincts to kill without feeling, without passion. Without judgment. Without judgment. Because it's judgment that defeats us.
Cuando estaba en las Fuerzas Especiales... Parece que fue hace mil siglos... Fuimos a un pueblo a vacunar a los niños. Nos marchamos después de vacunarlos contra la polio. Un viejo vino corriendo detrás de nosotros. Venía llorando. Regresamos al pueblo. Ellos habían venido y habían cortado todos los brazos vacunados. Estaban en un montón. Un montón de... bracitos. Y recuerdo que... que lloré. Lloré como... como una abuela. Quería arrancarme los dientes. No sé qué quería. Quiero recordarlo. No olvidarlo nunca. No quiero olvidar nunca. Y entonces comprendí. Como si me hubieran... como si me hubieran disparado una bala de diamante en la frente. Y pensé "Dios mío, eso es puro genio". Es genial. La voluntad... para hacer eso. Perfecto, genuino, completo, cristalino, puro. Y entonces comprendí que ellos eran más fuertes que nosotros. No eran monstruos. Eran hombres. Tropas entrenadas. Hombres que luchaban con el corazón. Que tenían familia, hijos. Que estaban llenos de amor. Pero tenían la fuerza... la fuerza... para hacer eso. Si tuviera diez divisiones de hombres así, nuestros problemas se acabarían en poco tiempo. Necesitas hombres que sean morales, y que al mismo tiempo sean capaces de utilizar sus... instintos primordiales para matar sin sentimiento, sin pasión, sin juzgar. Sin juzgar. Porque el juzgar es lo que nos derrota.
Por años he querido retomar el tema de Conrad en la historia colombiana, quizas valga revisar La Vorágine, con la casa Arana, el caucho y el Amazonas, en el siglo antepasado. Y mas recientemente en el Caguán, la coca, con los cambios de manos para cada Kurtz que ha reinado en la zona; pero me he ahogado en lo cotidiano, –llevo siete páginas, varios años y todavía no he empezado a remontar el río con el emisario– sin embargo cada masacre me sacude el corazón y me retrae a mi proyecto de escribir la historia del Kurtz colombiano.
Ahora en la Gabarra tenemos el actor que mata sin misericordia, sin juicio, para cumplir la cuota de los embarques de la mercancía –la coca– que la metrópoli demanda, tenemos el río Catatumbo silencioso y cómplice que desliza a los muertos y a la mercancía; de nuevo sale a luz el horror que describe Conrad, y el reclamo de que nadie tiene derecho para juzgar lo irracional, porque la selva en el corazón de las tinieblas se ha robado el destino y el alma de este Kurtz y ahora, él, es otro renegado de la especie que se convertirá en un problema para la Organización.