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La memoria y los memoriosos

Francisco Cifuentes

Somos los que recordamos, por eso el recuerdo es cultivado, mantenido y honrado. No es al pasado al que se le rinde tributo en la fiestas patrióticas y religiosas, es a nosotros mismos que reviviéndolo logramos reconocernos y diferenciarnos de los otros. No es al futuro al que pertenecemos, ese espacio es para delirantes, falsos profetas, libertadores de oprimidos y orates. La carga de recuerdos presente en mi mente, el recuerdo de hoy, eso es mi individualidad.

La memoria por esta razón ha sido objeto de mi admiración y todo lo relacionado con ella siempre me interesa. Leo con fruición las historias de memoriosos y busco en las limitaciones de la mía, una explicación del porqué los memoriosos no son tan poderosos, ni tan inteligentes, ni dominan el mundo. Aunque hay excepciones entre los memoriosos de poder, si nos atenemos a la cita indirecta de Borges sobre Plinio, de que Ciro, el rey de los persas, sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; o la de Malreaux sobre Zhou En-lai de su capacidad para reconocer y llamar –muchos años después– por su nombre a todos periodistas y funcionarios que le eran presentados en los ágapes oficiales así solo hubiera hablado con ellos unos segundos. La gran mayoría de los demás memoriosos que recuerdo eran o son cretinos incluyendo a Funes.

En mis disciplinas de joven hurgué mi memoria con los ejercicios del libro de Harry Loraine, que no eran diferentes de otro libro más anterior escrito por un Bergson cincuenta años antes. Fueron satisfactorios o asombrosos los resultados de los ejercicios; el problema era conseguir el trainer que tuviera el comedimiento de dictar la lista, ordenar la lista, escribir la lista y verificar la lista de los cincuenta o cien objetos a recordar al derecho al revés y por referencia cruzada. Era abuso utilizar a los amigos para esos ejercicios y ridículo intentarlo en solitario. Quedaban entonces los poemas largos, las cuarenta “coplas por la muerte de mi padre” de Manrique, por ejemplo, pero igual, era un abuso exponer a los amigos a oír una rima en español medieval, sobre un evento luctuoso, y que ellos no estaban en capacidad de verificar si estaba siendo tergiversada.

Este fracaso, por falta de auditorio y entrenador, me excluyó de la envidiable lista, pero no me apartó del tema. Hoy tengo mi propia teoría sobre la memoria que como es de esperar, por la falta de tiempo para elaborar y documentar, está incompleta por los siglos de los siglos.

La teoría

La memoria se encuentra codificada en el ADN de múltiples neuronas. El conocimiento adquirido por los sentidos se fragmenta en piezas binarias que se insertan en las cadenas de los cuatro aminoácidos adenina (A), guanina (G), timina (T) y citosina (C). Toda imagen, todo sonido, todo sentimiento, todo momento, puede reducirse a una secuencia sencilla de estos aminoácidos que se almacena en las colas moleculares de las neuronas, esos recuerdos, cuando se estimulan con las sustancias apropiadas, afloran nítidos, con toda la carga de emociones y sensaciones que se tuvo en el momento de su registro. Cuando el registro se hace bajo condiciones de extrema ansiedad: el peligro, la derrota, la amenaza, la muerte; se produce una condición adicional que lo hace indeleble para el individuo al ser también absorbido por el ADN de las células del torrente sanguíneo. Algunos de estos registros existenciales llegan hasta la célula reproductora y se genera el “engrama” que son formas de comportamiento social asimiladas hereditariamente por el animal, sin ninguna educación o interacción social previa. De allí surge el genio matemático, musical, ajedrecístico y el memorioso, y las fobias.

Un ejemplo destacable de esta codificación de eventos se da cuando se vive una situación de peligro, donde estos transcurren para el observador como si los hubiera vivido antes, –en cámara lenta–, conocida por los charlatantes como telequinecia, que no es más que una situación en la cual las imágenes registradas afloran antes de llegar a la conciencia de la realidad, y se logra simultanéamente tener el registro neuronal y la vivencia. Llinás, creo recordar, dice que no vemos por los ojos, sino que la visión es un recuerdo de los registros de lo que vieron los ojos. 

Otra prueba está en los relatos de las personas que han sobrevivido a la muerte, que cuentan como antes de entrar al tunel, "ven la película de toda la vida", que es el momento de ansiedad extrema donde se decodifican todos los recuerdos importantes buscando una luz de un situación similar para lograr sobrevivir.

El problema de la memoria y de los memoriosos

La memoria vista como una simple secuencia recuperable de registros tiene así el peso de todo el pasado que se arrastra en la mente todo ser. Y es solo cuestión de técnica extraerlo para aflorar el estado de tensión que lo generó. Queda otro punto ciego, es si la memoria puede ser colectiva, si hay un inconsciente colectivo como lo esbozó Jung, aunque no he encontrado la referencia, pero creo que por las especializaciones de los oficios entre hombres de acción: guerreros, artesanos, navegantes, etc. y hombres parásitos: magos, políticos, sacerdotes y anotadores; estos últimos al llevar el registro de los hechos sociales, elevan la categoría de la memoria al colectivo, y ahí se inicia el problema de la Historia.

El pueblo sin historia es un pueblo sin identidad. Por eso el respeto a la tradición, a veces irracional, es tan importante en los colectivos. Pero hay límites que requieren observarse en la lectura del pasado. Si el colectivo no está dispuesto a olvidar, está dispuesto a registrar otra desgracia de conquista o avasallamiento. Un colectivo que logre eliminar el lastre del pasado es un colectivo que será dueño del futuro.

El efecto perturbador de la memoria

Llego por fin al punto inicial, que me llevó a escribir esta nota. Los memoriosos colombianos están perturbando con sus historias enquistadas todos los ámbitos del poder público y de la organización social. El poder ejecutivo está siendo perseguido y acusado por notas encontradas en los sanitarios de los mafiosos hace marras y para más, los “periodistas” hacen de cajas de resonancia y de analistas “ecuánimes” de la “nueva” revelación; el poder legislativo está siendo atormentado por los abusos de los gobernantes reelegidos a comienzos del siglo pasado; el poder judicial quiere un recuento pormenorizado de la historia de todos crímenes cometidos en los últimos cuarenta años de guerra; el poder económico quiere justicia con reparación y que todas las riquezas arrebatadas en estos años de guerra sean devueltas a los herederos legítimos conforme estaban anotados en los libros de registro de instrumentos públicos. En la política partidista se quiere revivir a los dos "grandes" partidos del pasado con propuestas lideradas por "viejos" ex presidentes. Que horror todo esto. Es necesario volver a los textos de los intérpretes de las anotaciones, es necesario salir de la secuencia lineal del tiempo y abrirse al futuro o de lo contrario preparemos a los que nos van a seguir en el tiempo para que se somentan a la próxima invasión que los doblegará o para el otro exterminio colectivo que padecerán.

Para rematar y agravar la situación uno de los padres de la patria presentó un proyecto de ley para conformar una comisión de la verdad, cuando hay crímenes de colombianos notables –Galán, Pizarro, Jaramillo– que no dieron un paso en su esclarecimiento y que merecieron un esfuerzo menos ruidoso y más efectivo.


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Recursos

Nietzsche: De la utilidad y de los inconvenientes de los estudios históricos para la vida.

Borgues: Funes el memorioso

Norberto Insuasty: Correo sobre la memoria

Roxana Kreimer Nietzsche, autor de "Funes el memorioso"
                          Crítica al saber residual de la modernidad

Proyecto de ley

Creación de la comisión de verdad.

Memoriosos

Andi Bell, Ramón Campayo, Creighton Carvello



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