La noticia
Se ha hecho público en el canal oficial de televisión venezolano, por la vocería de un guerrillero conocido de las Farc que su jefe, Manuel Marulanda, descansó en la paz del Señor. Los medios de comunicación colombianos acogieron desbocados la noticia, sacaron los extensos dosieres que tenían preparados desde hace años, y que inclusive habían utilizado erradamente en las múltiples muertes que se anunciaron sobre un guerrillero que era ya un mito. Me sorprende la ingenuidad, la ligereza con que se toma la noticia por parte de los responsables de divulgar la “verdad”, la credulidad ciega a una fuente que no es confiable por los múltiples engaños de que ha hecho gala antes –los atentados terroristas al Club el Nogal y Universidad Militar, el asesinato de once diputados, la entrega de Emmanuel-. Me sorprende la forma olímpica como los comunicadores se saltan la norma de oro de su profesión de verificar los hechos “por tres fuentes”; la majadería de desplegar una noticia a todas luces hechiza cuando se caracterizan por la suspicacia tenaz en divulgar las evidentes en otras ocasiones. Me resigno a la mediocridad del manejo que dan a esta información los “periodistas” porque eso es lo que produce la tierra colombiana. Esperar de ellos otra cosa sería metequismo. Solo he encontrado un periodista suspicaz, Fernando Londoño, que hace observaciones inteligentes de la forma como se produjo la noticia y que ha dudado de la veracidad de la fecha de la muerte.

Una de las últimas fotografías de Manuel Marulanda Fuente: Archivos del computador de Raúl Reyes
Yo creo que Marulanda estaba muerto hace cuatro años o más y que la noticia se hizo pública mediante un montaje en los que son expertos los subversivos; en el que cayeron los crédulos periodistas colombianos y de paso arrastran con sus aspavientos noticiosos a los todos los ciudadanos. Primero se da la filtración de la noticia por medio de un canal “interceptable”, confirmando la muerte con fecha, hora y causas, en un diálogo totalmente atípico e inexplicable, sin sentimientos de aflicción por el divulgador ni de sorpresa y asombro por el escucha que acepta el hecho sin mayores preguntas y se acomete a cumplir la orden, es, en mi parecer, un diálogo mecánico de un libreto preparado. Luego el ministro ingenuamente suelta la “bomba” noticiosa en una entrevista con toda la cara de un montaje oficial de ablandamiento y “sensibilización” de la opinión; posteriormente los actores secundarios del gobierno –generales– desafían a la insurgencia para negar o confirmar la noticia; finalmente un vocero de las Farc, no reconocido antes en calidad de tal, vestido con un uniforme del ejército venezolano, aparece en el canal oficial de ese país dando un discurso de confirmación del hecho luctuoso y detalles que me hacen recordar la muerte de Don Quijote, o las imagenes de la pintura del Conde de Orgaz; este vocero menor, designa inmediatamente al remplazo del finado en la organización.
El culto a las momias
Las momias de los jefes militares tienen uso desde antiguo en todas las culturas. Creo recordar que el cadáver del Cid se llevaba a las últimas batallas contra los moros; los moches en el Perú definitivamente llevaban las momias de sus jefes a los combates, la momia de Lenín fue venerada durante casi un siglo en Moscú, los elenos trajeron la del cura Pérez desde la Habana, para hacer un santuario en las montañas. Luego en el caso de Marulanda no es extraño que se haya cultivado el mito de la inmortalidad manteniendo en secreto su muerte durante años, para mitigar el terror de los ataques nocturnos y evitar la desbandada de las tropas de regarse entre ellas la noticia de la muerte de su líder. En torno a esta momia se han hecho peticiones absurdas del ministro de que se la entreguen al gobierno para hacerle la necropsia y de un general ofreciendo recompensas elevadas por denunciar el sitio donde se encuentra. Cae el gobierno, con estas estupideces en el mismo juego de sus enemigos.
La falla de la semiología
Queden pues, expuestas mis dudas de que la declaración de un guerrillero, dos meses después de ocurrida la muerte, que no es el “segundo al mando”, que son difundidas en primicia por un canal oficial extranjero, dadas desde una finca de recreo que dista kilómetros de ser y parecer a “las montañas de Colombia”, que se presenta sin los símbolos de poder: escoltas armados, desafiantes o emascarados, o lindas guerrilleras actuando como teloneras; sin signos de autoridad o intimidación, en un escenario totalmente inapropiado, sin receptores directos del mensaje ni comité de aplausos, pero esencialmente, sin tener el carácter clandestino –que es la modalidad natural de la subversión–. Si no que se presenta un video “oficial”, “editado” y “profesional”, hecho para publicarse en Youtube. Todo ello me hace pensar que hay una razón oculta en el montaje de esta noticia, y no creo sea otra, que la ruptura del código de los archivos cifrados del los computadores de Raúl Reyes hecha por Interpol, donde debe reposar la noticia entre los miles de documentos de este tipo disponibles u otros incautados antes ahora que se conoce la clave de encriptación. La dirección de la insurgencia debió notar que sería un desastre político de hacerse pública esta noticia desde los datos de ese computador porque le aumentaría la credibilidad como fuente documental. Con esta movida se asegura que dado el respaldo unánime e incondicional de la mediocre prensa nacional, si posteriormente se encuentra el mensaje confirmando la muerte de Marulanda hace cuatro años, quedará siempre el beneficio de la duda a la verdad que ya fue revelada de manera oficial y ratificada entre el público. De paso confunden al presidente Chávez con el engaño de haberlo hecho creer que estaba vivo y que podría darle clases de geopolítica. Cuando se sepa que murió mucho antes, será una noticia tan vieja como el periódico de ayer y tan sosa como el beso de una boba dormida, es el éxito de las maquinarias de propaganda bien montadas.