Google

El "Se busca" y las mujeres

Francisco Cifuentes

Las recompensas

La muerte del guerrillero Iván Ríos a manos del responsable de su seguridad personal causó numerosas notas por los opinadores de los medios de comunicación sobre el sistema de recompensas del gobierno y la inducción al delito por conseguirlas. Hasta el presidente Uribe Vélez pareció sorprendido por el desenlace  y dijo: Que el Gobierno seguirá estimulando el pago de recompensas que permita a las autoridades dar con el paradero de los delincuentes, pero que Colombia es un Estado de derecho, que no estimulará masacres.

Los buscados, colage de Camilo Ruiz 
                                                                                                   Colage de Camilo Ruiz

Hubo un tiempo (en los de Pablo Escobar) en que abundaban en los medios, la publicación de fotos y el monto de las recompensas. Este sistema de difusión buscando el apoyo de la ciudadanía a las autoridades creo se suspendió a raíz de una acción de tutela. Hoy día es casi un proceso clandestino saber el monto de las recompensas y los nombres de los cotizados aunque el gobierno tiene un fondo importante con recursos para tal programa.

La muerte y el sueño

Los hechos que terminaron con los días en la tierra de este guerrillero tienen ribetes de novela por la forma en que se desencadenaron. Una situación de ansiedad colectiva por el acoso militar de las fuerzas del orden; un olvido en las prioridades del servicio del desayuno para con el jefe; una mirada hosca con la amenaza velada de adelantar un juicio revolucionario al olvidadizo responsable, un tiro limpio y seco en la noche sobre la frente del cabecilla y otro a la compañera sentimental (¿Romeo y Julieta en versión del monte?); una mano cercenada a un cadáver que se entrega al ejército junto con el computador personal del occiso como prueba reina e irrefutable del derecho a reclamar la recompensa por el verdugo (Rojas).

El sueño de los poderosos siempre lo asocio a una ruleta rusa, ellos entregan su cuerpo al reposo confiados en que la lealtad, el valor y celo del amigo que lo cuida, y que la habilidad que tuvo en el día para burlar el acecho del enemigo, esa noche, le garantizarán que habrá sol para calentarle los huesos al amanecer siguiente. Ríos tuvo una noche sin amanecer. Días antes sucedió lo mismo a otro poderoso: Raúl Reyes fue despertado y sacudido por las bombas que caían sobre el santuario donde vivía en territorio ecuatoriano y donde creía podía dormir sobreseguro. Murió, creo yo, huyendo del estruendo de las bombas cuando pisó una mina quiebrapata que protegía el perímetro del campamento (por eso las fotografías de su cadaver difuminan la parte del pie amputado). Iván Márquez, debe tener mejor información que yo porque él está en la cúpula de la organización, dice que las bombas fueron lanzadas desde la Base Militar de Tres Esquinas a cientos de kilómetros de distancia, lo que agrega otro ingrediente de preocupación y ansiedad al reposo nocturno del poderoso: el largo alcance de la mano del perseguidor que ahora se suma a la vulnerabilidad de los santuarios y a la debilidad en las lealtades de los veladores.

Las mujeres

Hay una nota olvidada por los llamados a sí mismos periodistas y es la mujer que murió en el incidente. Ni una línea. Es desechable la información sobre ella. Pero el guerrero la usaba para reconfortar el espíritu, para enterrar su cuerpo y olvidarse en el frenesí del asedio, olvidarse de que él era el ojo del huracán de terror, destrucción y muerte que dejaba tras su paso.

Siempre me intriga la vida de estas mujeres y pienso buscar los relatos de las guaneñas que acompañaron al ejército libertador en la campaña del sur. Recuerdo una miniatura de José María Espinosa pero no donde la vi, que ilustra el soporte al guerrero por estas mujeres en medio un combate dándole agua desde los lados del campo de batalla. Eladio Pérez, senador liberado, hablando de la vida sexual en los campos de concentración donde estuvo como rehen cinco años, ha contado como estas mujeres (las guerrilleras) prestan sus cuerpos “como un servicio social” dos veces a la semana. Y algunas subversivas urbanas de clase alta ya retiradas del trajín de la clandestinidad (ex M-19), reconocen en sus relatos que pasaban la noche con “tinieblos” que llegaban a la ciudad de paso desde el monte, seguramente embrujadas por el olor a miedo que expele todo aquel que vive al filo de la vida, que sabe que toda noche puede ser la última. En diario personal de una ilusa ciudadana holandesa ("Eileen"), metida a guerrillera en las selvas amazónicas colombianas, que abandonó el cuaderno con sus notas personales al huir de un bombardeo en el campamento donde pernoctaba; tiene como núcleo del relato que se conoce, las rencillas de las mujeres por las conquistas sexuales entre sus compañeros y a reclamos por el trato discriminatorio que reciben las guerrilleras rasas, como ella, por las “comandantas”. Recientemente un maestro de la truculencia en informes de televisión se ocupó del tema de la sexualidad en las guerrillas y de oidas sé que logró, como es habitual en sus programas, su cometido de alarmar a sociedad con el tema de la explotación sexual de la niñas guerrilleras.

La historia de la compañera de Iván Ríos, la más interesante, quedó sepultada por la polémica de las recompensas. Era la mejor para oír y para comprender la guerra. ¿Quién era ella? Akshamala, por ejemplo, según Manú, a pesar de su origen humilde, obtuvo un muy honroso puesto en el concierto de las divinidades por las virtudes su señor. La compañera de Ríos fue arrastrada al sacrificio, enterrada en el olvido por los errores del señor que la eligió.


Inicio
Recursos

[www.eforcers.com]