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Lo que sigue

Francisco Cifuentes

En un mal momento ocurre para muchos colombianos el cambio de mando en las Farc, cuando estaban en lo fino de la retirada total –según mis interpretaciones– o de un “retiro estratégico” –según algunos analistas-, que por lo menos, había reducido los asaltos con pipetas explosivas a los municipios marginados, los secuestros, los atentados a la infraestructura vial y eléctrica, los retenes ilegales en las carreteras y, sobre todo, la cobertura en los medios informativos de los logros militares de la insurgencia con entrevistas frecuentes a guerrilleros encapuchados o con barbas postizas. La situación de terror entre la población había pasado; inclusive el gobierno estaba empeñado en erradicar la denominación de “conflicto interno” por el giro semántico de llamarlo “la amenaza terrorista”. El nuevo comandante de la organización insurgente (Cano), como toda escoba nueva, querrá demostrar que tiene mejores planes militares; por lo que es de esperarse un aumento de los atentados a la infraestructura del país y de ataques terroristas a la fuerza pública. No veo capacidad para operaciones militares de gran escala con asaltos feroces a bases militares. El terrorismo es la única arma con efectos militares reales que les queda en estos momentos. (Ignoro si el atentado al tren carbonero y a la infraestructura eléctrica en la Guajira, ocurridos recientemente, sean parte de la novedad en el mando).

Fotos del computador de Raúl Reyes
Foto del computador de Raúl Reyes, San Vicente del Cagúan. Manuel Marulanda y Alfonso Cano.

Otros perjudicados, para el dolor de muchos colombianos entre los que me incluyo, son los rehenes que las Farc tienen en su poder, que quedan como un tema secundario. Las posibilidades de que se den liberaciones unilaterales son más remotas que nunca porque las dificultades son de otro tipo; la imagen internacional es secundaria para la dirigencia subversiva. El nuevo comandante no creo que haya sido designado para hacer la paz, sino para elevar la intensidad de la guerra. Toda acción que parezca debilidad de su parte, –y toda negociación lo es– está excluida de ser una posibilidad real y hablar de esto es una de ellas. Los rehenes tendrán que esperar a que se dé el reacomodamiento de las líneas de mando y a que vuelvan a ser una prioridad en la agenda.

Hay otro vector que no he visto considerado por los pocos comentaristas que he leído, –la mayoria me hinchan las pelotas– todos parecen querer ser trascendentales y consideran exclusivamente los efectos políticos del reconocimiento de la muerte y el cambio en la jefatura, pero saltan sobre el tema del narcotráfico que es la columna vertebral y el sustento principal de las Farc. Me refiero a las vendettas y asesinatos que se producirán en su interior por la disputa por las inmensas riquezas que debió dejar Marulanda. No he visto comentarios sobre el finado que lo refieran también como el jefe del mayor cartel del narcotráfico en el mundo y que analicen lo que siguirá en este mercado. Los testaferros y deudores, que deben ser muchos, querrán para sí las fortunas que disfrutan con títulos a su nombre y no creo que la contabilidad de la Organización sea precisa, que la administración y el registro de los bienes sea diligente. Un indicador de esto es el dinero incautado por el gobierno de Costa Rica, gracias a los registros del computador de Raúl Reyes, que está desintegrándose (pudriéndose) por el largo abandono y la negligencia en su almacenamiento, a pesar de ser una suma considerable. Las Farc no están exentas de las disputas de los carteles de la droga, comunes cuando se sabe que muere o se extradita un capo. El dinero no tiene ideología para el que lo tenga en su poder. Luego el futuro no lo pronostico pacífico en este frente.

El remezón en las jerarquías de las Farc, producto del reconocimiento de la muerte de Marulanda y de las confirmadas de Raúl Reyes e Iván Ríos, puede representar una mejora desde el punto de vista militar al quedar mandos con menos resabios, desvanecerse el temor reverencial que “el viejo” inspiraba y probablemente con mejor capacidad de gestión organizativa. Todo queda condicionado al desenlace de las disputas internas que, estoy seguro, se darán sobre las riquezas y el acatamiento de la autoridad a las líneas de mando, (el nepotismo es mal endémico en ellas). Debe haber más de un guerrillero frustrado por los ascensos a los que creía tener mérito. Los reclamos de los jefes “trocheros” comiendo sardinas de latas oxidadas, contra los “aburguesados” que viven en el exterior, comiendo lomitos de salmón ahumado, serán los mismos que se dieron cuando existía la fatídica zona de distensión del Caguán, entre los que estaban soportando la presión militar por fuera de ella y los que vivían en la zona en reuniones, agasajos, y celebraciones tomando whiskey con personalidades. Ahora las distancias geográficas, sociales y de comunicación son peores; los flujos de dinero inversos y la iniciativa militar está del lado de las fuerzas del Estado.

En resumen, el gobierno lejos de respirar tranquilo por haberse quitado el fantasma del mito, que arroja a los infiernos, y las fuerzas militares luego de la satisfacción de agregar la tachadura en lo más alto del organigrama de la subversión, requieren considerar estas variables y canalizar a su favor con inteligencia los hechos cantados y previsibles que vendrán. Los ciudadanos que son los que llevan del bulto en todo conflicto deben redoblar sus prevenciones para no ser una estadística más entre los muertos en este largo camino que aún hay que recorrer.

Si, como dicen el presidente Chávez y su partner Piedad, que con el ataque a Reyes y su muerte quedó herido mortalmente el intercambio; con el reconocimiento de la muerte de Marulanda quedaron heridas mortalmente las posibilidades de unas negociaciones de paz, digo yo.


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