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Correos por la muerte de Gilberto Echeverri

De Camilo

Es difícil que la muerte me sorprenda.

Es difícil que llore una muerte.

Y hoy me ha sorprendido, dejándome helado en el oscuro rincón donde fui a tratar de recuperar mis ojos irritados.

Es difícil que me sorprenda… pero hoy lo ha logrado, dejándome ese extraño vacío que se preña de dolor.

Hoy han matado Gilberto Echeverri. Es una muerte que no ocurre por la guerra, como debería corresponder a todo guerrero, y a todo hombre que, con gallardía, recorre esta vida. Su muerte no es consecuencia de la guerra, sino por la delincuencia en la guerra.

Y como de nada sirve llorar en mi rincón, y menos hijueputiar, entonces escribo esta nota –que al menos sirve para dejar pasar el amargo momento, y dar espera a que las bolsitas de té se enfríen para ponérmelos, con necesidad, sobre mis ojos.

…(sentidas imprecaciones)

Camilo


 

De Francisco

En mi santoral no incluiré a Gilberto Echeverri ni ha Guillermo Gaviria, siempre me pareció una locura lo que ellos intentaban, romper el bloqueo que la guerrilla había impuesto a la población de Caicedo acompañados por escudos humanos, como lo pretendieron. Era el mismo uso de la masa ignorante en sentido inverso a como lo ha estado haciendo el subversivo. No debe uno sentir dolor por los que quieren sentir y llegar al bel morir y lo logran.

El bel morir me está dando vueltas en la cabeza desde que vi el programa de las momias de la secta del budismo Shingon que haciéndole trampa al ciclo de las reencarnaciones se sometían a la muerte voluntaria propuesta por Kukay –Kobo Daishi– y llegar así directamente a la iluminación.

Pero también tengo algunas referencias que flotan en la cabeza de este noctámbulo. Creo de Santa Teresa estas palabras.

Y tan alta vida espero que muero porque no muero”.

Me quedan también los elogios de Heródoto a dos mozos que murieron en plena competencia en la Olimpiada, en la prueba de los bueyes, donde dice que no puede llegarse a muerte más gloriosa.

No incluiré como santos a los compañeros de las dos personalidades no mencionados por la prensa por ser insignifcantes: Wagner Harvey Tapias, José Gregorio Peña Guarnizo, Carlos Alberto Marín Franco, Samuel Ernesto Cote Cote, Alejandro Ledesma, Héctor Lucuara Segura, Francisco Manuel Negrete Mendoza, Yercinio Navarrete Sánchez. Ellos eran maravillosos hombres de guerra y murieron en su ley, aunque no se les hayan respetado las reglas de honor en el momento de entrar en la Gran Noche. La muerte de estos compatriotas, que inflama el alma hasta llegar a la imprecación me hace apurar esta nota para dar tranquilidad a Camilo y estar al su lado con su rabia. Ya tendremos el espacio para hablar del bel morir.

Quiero compartir con la memoria de los caídos en indefensión, el borrador de mi canto que algún día posterior un poeta retome. Es un intento inútil, pero honesto, de detener a los poetas para que canten odas a la paz y a que concurran a sus convocatorias, estando en medio de la guerra.

¡Oh Marte! enterrador de hombres.

¿Qué coraje tendré para regar el vino
en la tumba del guerrero destrozado
por la metralla sucia de la pipeta errática;
si él llegare a saber que canté por la paz
sin haber vengado previamente
el ultraje a su cuerpo?

¿Qué coraje tendré de mirar al hoplita
de miembros desprendidos
con explosivo aleve,
si pretendí laureles con voces
de halago al forajido?

¿Cómo saludaré a la viuda, al huérfano
del soldado caído por el traidor ataque
que hicieron a su espalda,
si ellos tan orgullosos
del sacrificio y del amado;
yo triunfal les muestro
que mi canto de entrega y rendición
es mejor admirado?

¡Oh Marte!


 

De Francisco

Ya en el confesionario personal y no en toda la extensión del Abedul tuyo, quisiera retomar el correo anterior y mi repuesta sobre el personaje que nos ocupa. Primero retraigo estos textos tuyos. Que parecen no venir al tema pero lo son.

"Al pequeño, por piedad, se le perdonará, pero los poderosos serán poderosamente castigados."

De libro de la Sabiduría.

"En mi ser individual, de hoplita en el campo que extiende el día, el manto que sobre mi se ciña de piedad lo viviría como el más terrible de los insultos. Sobre todo en la perspectiva que encierre esta frase. Sí porque en ella hay algo que se trasluce: quien siente piedad ve aquello, no como algo pequeño sino, como algo ínfimo, irrelevante. Y quien pide piedad se despoja de su ser de guerrero, de su voluntad y responsabilidad frente a los actos hechos y frente al acto por hacer. – Aquí, resulta patente, se evidencia lo distinto, lo radicalmente distinto entre el acto de amor y el acto que por piedad se da.

Claro que vista en cierto ángulo (en aquella que se sustenta de aceptar que todos, en tanto humanos, investimos poder y somos poderosos) quienes pidan su perdón se le perdonará, pues ha demostrado su incapacidad de ser valiente y de estar a la altura de su humanidad."

Te quiero agregar que pienso en el dolor sentido por el ejecutor. Ese que convivió con aquellos prisioneros durante años, quemó los mismo cuatro o cinco años de su vida 'cuidándolos' y vivió en la pobreza, los árboles y las privaciones era a su vez prisionero de su misión. Y pienso en su valor para hacer alarde de su falta de piedad cuando asesina los prisioneros suyos.

Verás como se entrecruzan los sentimientos, pensando más en el texto. Los poderosos serán poderosamente castigados, y los muertos que encontraron ya la Gran Noche, 'murieron como llamas' como Atahualpa, pienso que no debemos sufrir por quienes eligieron ese camino, menos debemos dejar que nos afecte y nuble nuestra visión. Sobre los guerreros sacrificados en igual forma, ellos ni siquiera cubrieron con sus cuerpos a los héroes, fue al revés, y no estuvieron a la altura de la guerra, por eso fueron hechos prisioneros y por eso 'murieron como llamas' aunque hayan creído en su momento de guerreros tener 'el corazón del jaguar'.

Pero cuestiono también al señor presidente con su despliegue publicitario mostrándose al público con un 'comandante' tan asesino como 'el paisa' que se acogió al programa de reinserción un día antes. Me pregunto que hará Uribe si mañana, aparece en cualquier puesto de policía del Chocó, 'el paisa' solicitando el mismo tratamiento que el del comandante del frente 42. ¿Saldrá el señor presidente en vivo y en directo felicitando al forajido por la noble acción de someterse?

Finalmente, del Mahabharata, te traigo esta cita que resume desde otra óptica la justificación de los actos del guerrero que vive y del que muere.

Son palabras de Krishna

"Todo este universo tan inmenso está presidido por el Eterno. Arjuna, tú crees que eres el que mata y tu víctima piensa que es aniquilada por tí, pero ambos estaís equivocados. Ni tú matas ni tu víctima es aniquilada, no es así. Lo que no ha nacido, no puede morir, ni siquiera cuando el cuerpo muere".

"Las armas no pueden herir el alma; el fuego no pude quemarla, ni el agua puede mojarla. Es Eterna y es la misma para siempre. Una vez realices esta verdad, no te preocuparás."

Y de los griegos –que tanto amas– está que puede aplicarse en dos direcciones.

"No soy el que mata sino la ley de la ciudad" debe gritarle el soldado al guerrillero cuando lo aniquila.

Y la adpatación mía para ese pobre miserable que ahora se apresta a presentarse al Olimpo del Secretariado con las manos vacías luego de cuatro años de estar recitando y practicando mil veces al día el mantra «de vigilancia constante, movilidad constante; vigilancia constante, movilidad constante»; luego de cuatro años de sufrimiento y restricciones. Él debió invocar la misma proclama al asesinar a su compañeros de destino en el cautiverio.

–No soy yo el que mata sino la ley del monte.–

Un abrazo

Francisco


 

De Camilo

¡Salud, Pachito!

He dudado si o comenzar a barrer y a trapear los espacios de mi casa o contestarte ya –en estos momentos del día, del calor y del ánimo por responder palabras al amigo.

He dudado; pero ya ves: La escritura y el pálpito se impone, o mejor dicho: El impulso y el deseo es el que se impone –por encima del “deber”- en un ser esclavo de las pasiones –como lo soy yo, esto es, un ser condenado a los extremos, exiliado del Camino Intermedio, del camino del Buda, del Iluminado. (Mas desde hoy bien sé que los podré recorrer con entrega porque bien se que mi amigo va –y comparte- ese trasegar de pocos –hacia el Nirvana.)

¡Salud, noble Pacho! Un salud redoblado porque sólo el Iluminado puede contemplar lo divino en el Todo, es decir, contemplar a la divinidad incluso allí donde las apariencias dan el mismo infierno, - y tú bien lo haces.

Las lágrimas y los improperios son el fruto del apego, de lo querido. Y la muerte se carga de peso en lo querido; allí la muerte no es un concepto sino un apego, un cariño –que se nos va. Pero en fin: Echeverri partió, y no regresó. Y de pronto es lo mejor de todo partir: No regresar… De lo contrario, ¿para qué partir?

La valoración que haces del guerrillero (del grupo de guerrilleros) es valiosa: Nos devuelve al humano –en su grandiosidad y en su miseria. Pero es difícil que aquel acto responda a La ley del monte. La brutalidad de lo acontecido no sólo evidencia la candidez de las fuerzas militares, si tal operativo buscaba efectivamente un rescate de hombres y no de meros cadáveres, sino el estatus de los retenidos de la guerrilla: No son unos meros retenidos sino unos condenados a muerte.

Sí: Dudo que aquel acto haya sido el fruto coyuntural de una situación, explicable bajo una supuesta Ley del monte, sino que es política del Secretariado: Ningún retenido sale vivo si no es por un proceso de intercambio. (Bueno, lo de “brutalidad” lo valoro yo pues siempre tomaba a la guerrilla con un cierto romanticismo: Su lucha no sólo la veía a través del lente político sino que en sus actos contemplaba cierto honor que los diferenciaba de actividades delincuenciales tan desarrolladas por las fuerzas de derecha. Y en lo tocante a los secuestrados consideraba que ellos podían morir como consecuencia de un combate, nunca de un “ajusticiamiento” sin cargos, sin procesos… sin haberlos condenados a muerte, y menos que osaran levantar el arma contra Gilberto Echeverri.)

Un abrazo, - y marcho a vivir mi vida.

Camilo.


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