Son interesantes los planteamientos que traes sobre la Educación y para mejor compresión de mis comentarios puntualizo y comento:
1. La educación –las instituciones educativas– no debe estar al servicio de las minorías que detentan el poder –no debe ser un aparato ideológico–.
Esa afirmación de Althusser no deja de ser un lema propagandístico de los intelectuales de izquierda que aplican unilateralmente sus teorías cuando están al otro lado del poder. La educación es en esencia la reproducción del sistema, y las instituciones educativas no tienen otra función que la de reproducir el ideal de la sociedad que tiene de ella la minoría dominante. El punto es que siempre aun en las dictaduras del proletariado surge una minoría que ejerce el poder y asume la carga de guiar a la sociedad de acuerdo con lo cree que es justo y digno para el hombre. Sobre las minorías y el pueblo me quedo con Spengler, “los aldeanos, sin historia, «eternos», eran pueblo antes de iniciarse la cultura: siguen siendo pueblo primitivo en rasgos muy esenciales y sobreviven a la forma de nación”, aunque son el objeto de los culturizadores o evangelizadores, en esencia, son indiferentes a su influencia porque su vida es el sobrevivir, el sobrellevar en sus hombros las responsabilidad del “respirar”; ellos se reproducen en cualquier sistema político y sobreviven a los cambios de la historia. Entonces la utilización de la Educación como aparato reproductor de la ideología de los detentadores del poder queda como un mero ejercicio para esas minorías que poseen el sentido de "nación" y que viven del ejercicio de la política. El caso más dramático sobre la educación lo vivieron los educadores del sistema de Alemania Oriental donde los maestros de literatura quedaron de la noche a la mañana con unos conocimientos obsoletos y los grandes poetas –Heinz entre ellos– y los escritores que estudiaban quedaron convertidos en simples productores de propaganda. Creo también que el modelo cubano está tambaleando ante la arremetida del turismo español y que esa sociedad está llegando al mismo llanito donde se encontraba en los tiempos de Batista.
2. La cobertura amplia del sistema genera bases humanas de importancia demográfica y política que se agremian y utilizan la educación como escudo de luchas laborales.
Este problema es sintomático del ejercicio de los monopolios del Estado. Antaño eran los sacerdotes que ejercían el monopolio del servicio de la religión y administradores del conocimiento y ahora son los educadores quienes ejercen el monopolio del servicio de la cultura; pero también puedes notar como los sindicatos de otros monopolios estatales se apoderan del servicio y logran prebendas desequilibrantes a su favor. Las telecomunicaciones, el petróleo y los puertos fueron servicios corroídos por este tipo de manejo y perdieron en el juego al futuro –como lo fueron antaño los sindicatos de braceros del río Magdalena y los ferrocarrilleros– hoy queda una cola de pensionados y ningún recurso para sociedad con esos bienes, quedan cascarones sin dinero para cubrir la deuda pensional. Hoy en primera línea de este derrumbe se encuentra el servicio de salud donde puedes encontrar ejemplos patéticos de las nóminas de porteros y sacamicas que asfixiaron las finanzas de los hospitales regionales. Luego el problema de gremio no tiene nada que ver con la Educación en sí, sino con el abuso del monopolio del servicio. No es extraño que en las “luchas” de estudiantes desde que me conozco se tenga como punto central la no privatización de la educación y que desde que me conozco, la constante de la educación sea la expansión de la cobertura de las instituciones privadas sobre las oficiales. Es cuestión de tiempo que la educación privada sea la dominante en el espectro del servicio.
3. El rechazo a la pirámide jerárquica de directivas, “trabajadores de la cultura” y estudiantes no lo haces porque no sea funcional; en otro sistema sería el “comité del partido”, los “cuadros” y las “masas”. Luego el problema tampoco está relacionado con la Educación sino con el uso que está haciendo de la institución como aparato de propaganda y de infraestructura como sede luchas políticas ajenas a la función esencial de la reproducción del sistema, o la "trasmisión del conocimiento". Es decir, el estudiante se convierte en un mero instrumento al que “los trabajadores de la cultura” consideran producto silvestre de su coto privado –el campus– producto que enfilan –para dar más peso o masa crítica– a la protesta en sus causas reivindicatorias sin importar la disfuncionalidad de la enseñanza, ni el perjuicio de los años dorados de la juventud derrochados en plazas públicas, protestas, asambleas y barricadas. Pero vuelvo al punto, no es atacando la triarquía o triestamento, pues nada diferente a la anarquía se lograría con unas directivas confraternizando con los profesores y estudiantes. Un ejemplo este si patético, se vivió en las revueltas de los estudiantes franceses del 68 que nada arrojaron para el bien de la sociedad francesa actual con los cambios al sistema educativo, si miramos los problemas del servicio seguridad social totalmente deteriorado, la migración con la expansión del fundamentalismo islámico, y la absorción de su moneda y su cultura en la causa del paneuropeísmo. En cien años, sino antes el Imperio francés pasará a ser una comarca europea. Los efectos de la revolución cultural china fueron otra forma de invertir el estamento educativo y hoy puede sentir compasión por la forma de esclavitud que se está dando entre la juventud en las usinas que consumen mano de obra barata. Luego no es un problema de la Educación que haya unas personas que funjan de propietarios y administradores de la infraestructura de la institución y otros de dispensadores y de usuarios del servicio; los modelos alternativos también producen resultados disfuncionales y no hay sociedad que lidere en realidad en este campo sobre como debe ejercerse el poder en el campus.
4. El papel del educador como sujeto ajeno a la política o aséptico a la situación externa, es una idealización que tampoco comparto; todo lo contrario, yo creo que el educador sin partido –el decir, sin modelo de sociedad– es mucho más nocivo que alguien que busca el progreso de la sociedad con pasión y enseña su modelo como la verdad revelada. Lo que debe ser claro y lo que debe ser honesto es advertir al estudiante si su modelo y el peso de la enseñanza que imparte sirve para transformar la sociedad o si sus análisis y sus conclusiones son las de que hay que destruir para reconstruir, si hay como línea central de su “trabajo” un necesidad de derrocar la minoría que está en el poder y si el único camino es por la vía armada; de está forma el estudiante podrá elegir entre ser catequizado en un programa político-militar a largo plazo donde poco cuentan sus metas y logros personales o retirarse de la cátedra y buscar otro docente que le ofrezca una enseñanza funcional para sus fines personales y con aplicación práctica inmediata.
5. Otro importante tema que traes y ese es un problema que a mí me agobia, es la distinción entre la cultura, el conocimiento y la sabiduría –dejo para otro espacio la genialidad y el genio–. Estamos de acuerdo en que cualquier persona puede ser sabia sin importar el grado de instrucción. La sabiduría la da vida, el altruismo y el control de las ambiciones personales. La cultura, en cambio, es una ficción del poder, es culto el memorioso porque recuerda la cita precisa, pero es una bestia inmovilizada por los temores porque no sabe cual es la máxima que contiene la verdad. Es culto el ulema que cita las escrituras pero que negocia animales en el templo o fornica sin temor a dios. La confusión en este punto es terrible y no tengo aun una respuesta para definir lo que es cultura y culto. Yo no recuerdo lo que leo y tengo en mi cabeza un plasma de líneas de lo que me agradó, o me impactó, o me sirvió, pero disto de considerarme culto –sin embargo hablo como si lo fuera–. Este punto de los contenidos y la funcionalidad de la educación es muy importante –aunque para mí insoluble– aunque es bueno debatirlo y es de utilidad para los “hombres de conocimiento” pues yo creo que pueden darse situaciones donde la funcionalidad de unos conocimientos, –los nombres y usos de las plantas, por ejemplo– pueden ser funcionalmente útiles a unos aprendices y un elemento de cultura a otros: el yerbatero o el botánico en el primero, el citadino en el segundo.
6. Finalmente tratas también someramente el problema del tiempo pasado que fue mejor. Tengo en mi cabeza una colección de citas sobre la mejor educación del pasado que arranca desde el Satiricón, pasa por Proust, y llega a no se quien en Colombia. Es una constante de la historia pensar que en mis tiempos todo era mejor. No he podido buscar las citas porque me deshice de los libros y tú sabes que no hago glosas ni anotaciones en ellos cuando los leo. Pero es bueno que revises ese punto. Yo creo que los medios de comunicación con su influencia en las nuevas generaciones dan una ventaja abismal al ciudadano corriente sobre el ciudadano “educado” de antaño. Basta leer por ejemplo a Descartes en sus observaciones sobre el corazón o a los cronistas en sus descripciones sobre los artificios e ingenios para llegar a la conclusión que hoy cualquier persona medianamente expuesta a la radio y la televisión es un genio para los parámetros de hace cincuenta años. Queda obviamente la duda de si lo que es ya vox populi deja de ser cultura y que esta definitivamente sea un cuerpo de conceptos y conocimientos exclusivos de una elite y en ese caso la movilidad del concepto daría validez a la premisa sobre los mejores tiempos idos.
A lo largo del texto de tu artículo se humaniza la Educación –como era corriente con los dioses antiguos y lo hacen también Nietzsche y Weber– y saltan algunas consideraciones crueles para la criatura virtual, por ejemplo haber sido “una vendida complaciente”. Yo me opongo a toda humanización de las creaciones de los hombres. En esencia los aparatos ideológicos son manifestaciones del colectivo y son hombres de carne y hueso los que materializan y dan vida a esas creaciones, poca importancia tiene lo que haya pasado antes, poco me importa qué estén haciendo en otros colectivos otros hombres; me interesa el debate aquí y en mi realidad inmediata, lo que importa para el bien colectivo en que estoy empeñado en trasformar o destruir y donde vivo. Porque cuando encarnamos las instituciones y las juzgamos en su historia no creo que haya una sola que se salve de haber prestado servicios deshonestos por dinero. Las rameras en estos casos son en realidad los hombres que participaron en la historia, no las instituciones.
Veo que tienes pues una fuente –borbollón– de ideas a desarrollar en tu cátedra y envidio la oportunidad de escuchar los comentarios y los debates que se darán en las clases del próximo semestre porque una posición crítica como la que tienes y expresas, es lo que se requiere para llegar a alguna parte, los que “miran para abajo” eluden el debate y creen vivir tranquilos, pero van, sin reflexión, hacia el desolladero. Eso que estas haciendo es educación. La protesta y la reivindicación es otro escenario y ya a nuestra edad no estamos para tropeles, ni para “asoliadas” o mojadas de solidaridad.
Nosotros como seres sociales debemos estar ya perfeccionando la utopía, no buscándola y como individuos estar tras la iluminación, no la inmolación.