Es tan linda tu carta [los trances superados] que parece que fuera a quebrarse. La guardarè con cuidado, …, respirar es sì un acto heroico.
Ahora llueve en Buenos Aires y pasa un dìa màs.
De Francisco
La referencia a la lluvia de Angeles Rocío en el correo, me retrajo a la memoria los que nos cruzamos en el abedul en 2003 sobre la lluvia. Este tema me ha perseguido últimamente. Abriendo al azar un libro sobre autores boyacenses me encontré con el texto de Caballero Calderón sobre “La lluvia en Tipacoque”, –casualmente este autor tenía el mismo motor de evocación para ver llover, que es el texto del poema de Verlaine–; en la entrevista al fotógrafo del ojo morado de García Márquez oí que se encontraba leyendo el cuento de “Isabel viendo llover en Macondo” del nobel colombiano; y en una entrevista reciente sobre el poeta Rafael Pombo escuché que tiene un poema “Después de la lluvia” (lo buscaré) por eso me atrevo a sacar el baúl estos correos.
De Elsa Campos [desde Atenas en 2003]
Creo, hoy sábado, que el ritual es parte de la infancia de nuestra humanidad. Al parecer nos es difícil comprender los cambios en nuestro ser holístico y de tal manera creamos algo dulce y profundo, una serie de pasos a repetir siempre, con adecuado significado cada cual, en presencia o no de otros que nos ayuden a recordar que se hizo,...un intento por captar nuestra atención.
Hoy, sábado, después de un verano y otoño calurosos, llueve.
De Francisco
(No lo encontré) (Contiene el poema de Verlaine y la forma como lo descubrí)
De Norberto
Apreciados amigos:
Les envío la traducción de este poema de Paul Verlaine que Pacho nos hizo llegar con motivo del correo de nuestra amiga Elsa, médica hematóloga residenciada en Atenas, quien nos recuerda y nos retrata un poco los rituales de su corazón viendo la lluvia caer sobre la acrópolis y sobre toda la ciudad.
El poema es tan hermoso, tan sencillo. Nada le sobra, nada le falta. Como debe ser. De ahí la gran dificultad para encontrar la palabra precisa, “le mot juste”, para expresar en español esa metáfora de la lluvia en la ciudad y el llanto en el corazón que aquí Verlaine utiliza, tan cargada de melodía y simbolismo.
Imposible reproducir su métrica pentasilábica con la que está construido cada verso. Tampoco su rima. Pero la vida del poema, afortunadamente, es otra. He tratado entonces de salvar un poco su bella melodía de canción y el tono de su congoja.
Norberto
Llueve Lentamente sobre la Ciudad
Paul Verlaine
Llora mi corazón Como la lluvia que cae sobre la ciudad. ¿Cuál es este abatimiento que penetra mi corazón?
¡Oh suave sonido de la lluvia sobre la tierra y los techos! Para un corazón que se acongoja ¡Oh el canto de la lluvia!
Llanto sin razón en este corazón que se destroza. ¡Qué! ¿Ninguna traición? Este duelo es sin razón.
La peor de las penas es la de no saber por qué, sin amor y sin odio, sufre tanto mi corazón.
Romances sin palabras. 1874
De Norberto
Hola Pacho, un saludo Elsa, ¿Ça Va Camilo?:
Il pleure dans mon coeur Come il pleut sur la ville. Quelle est cette langueur Qui pénétre mon coeur?
Trastrocar como tu deseas, Pacho, la metáfora de Verlaine en esta primera estrofa, esto es, que la lluvia que cae en la ciudad se sienta como un llanto, como lágrimas que caen del cielo, y el llanto de un corazón destrozado sea como una lluvia pertinaz, es una muy buena idea, pero en el caso de este poema tiene un problema insalvable. Se trata de la segunda estrofa, pues en ella el poeta le otorga a la lluvia un poder balsámico, su suave sonido sobre la tierra y los techos se convierte en un canto, en una verdadera salvación, en todo un regalo “Para un corazón que se acongoja”:
! Ô bruit doux de la pluie par terre et sur les toits ! Pour un coeur qui s´ennuie, ! Ô le chant de la plui!
La magia del poema precisamente está ahí, en su capacidad para suscitar las más variadas emociones, lecturas o sentimientos. Entonces, cobró vida, estableció esa conexión, ese intercambio, esa relación inimaginable con su lector. Tu gusto es válido porque al tratarse de una metáfora el poeta nos está autorizando para comparar dos lugares, la ciudad y el corazón, en la ciudad caen gotas de agua, llueve, en el corazón caen gotas de lágrimas, llora. No hay que olvidar que toda metáfora propone, sobre todo, una igualdad, una equiparación. En este caso podemos intercambiar los fenómenos que en esos dos lugares ocurren. Podemos validamente decir que en el corazón hay “una lluvia de lagrimas” y en la ciudad un “llanto suave y sin término”. Pero repito, una traducción libre como la propuesta, tiene un problema técnico, a mi manera de ver imposible de resolver, cuando en la segunda estrofa, la lluvia, en este caso de la ciudad, se convierte en un bálsamo. Entonces aquí ya no es intercambiable la lluvia con el llanto pues las dos estrofas se volverían contradictorias.
Otra cosa: Una de las conquistas de la gran poesía es la utilización de la ironía. En este caso se trata de un corazón que aparentemente se acongoja y se desploma sin razón porque no ha sido traicionado como se cree. Pero, precisamente, esa duda es la que lo destroza por ser la peor de las penas, la más intensa, la de no saber por qué, sin sentir ya amor pero tampoco odio, está muriendo de pena.
il pleure san raison Dans ce coeur qui s´ecceure !Quoi! ¿nulle trahison? Ce deuil est san raison.
C´est bien la pire peine de ne savoir porquoi, san amour et san haine, mon coeur a tant de peine.
De todas maneras yo he llegado a la conclusión, por aquello de “tradutore, traditore”, que lo mejor es no leer traducciones. Menos aún en poesía, en donde cada palabra está ahí necesariamente, no puede ser cambiada ni por su sinónimo.
Elsa, quien nos motivo para hablar de poesía y de Paul Verlaine, de la lluvia y de los ritos, políglota como es, se habrá deleitado con los poemas escogidos para la ocasión por Francisco y por Camilo, el uno en frances, y el de Cavafis en griego. Cómo la envidio: !Poder leer a Safo en griego!