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El hombre y máquina:

a propósito del reciente match entre Kasvarov y Fritz

Pacho:

Leí con gran sobresalto tu texto en el abedul sobre el hombre y la máquina a propósito del enfrentamiento a cuatro partidas de Kasparov con Fritz en la ciudad de Nueva York, el cual terminó empatado a dos puntos. Inquietante todo esto porque lo que estamos enfrentando es la velocidad y capacidad de cálculo del computador a partir de toda la teoría de aperturas y una colosal base de datos, fundamentalmente todas las partidas oficiales de la historia del ajedrez ademas de la inmensa literatura sobre novedades y posiciones. Pero como puedes ver todavía hay esperanzas, no todo está perdido, pues dejaremos de jugar ajedrez el día en que sea teóricamente imposible ganarle a una máquina. Por ahora Kasparov nos ha salvado, debiste pues esperar el desenlace del Match, y en particular la tercera partida. Hay luces de esperanzas en esta lucha entre el carbono y el silicio. Claro, con Fritz no se pueden cometer errores, es lo mismo que en la Formula 1, un error te saca de carrera. Eso fue lo que le sucedió a Kasparov en la segunda partida, un solo error y a firmar la planilla. Pero con el mejor de los humanos en los dominios de Caissa tampoco se puede cometer un error, sobre todo de concepto y apertura como sucedió en la tercera partida.

Afortunadamente, por ahora, esa máquina parece no ser completamente autónoma, esto es, aún no está en capacidad de ser auténticamente creadora, de elaborar ideas propias, de plantear hipótesis sorprendentes, y, para tranquilidad de nuestra inteligencia de carbono, someterlas a verificación y contrastación a lo largo de la partida. Hasta ahora, creo, lo máximo que hace Fritz es aceptar la mejor jugada a partir de una calificación por encima y por debajo de cero. El cero (0.00) califica la igualdad. Tener por ejemplo una valoración positiva como 0.25 indica ligera ventaja para las blancas, al contrario, -0.25 una ligera ventaja para las negras etc.

De hecho, cuando se equivoca en el manejo complejo de la posición, e incluso en la apertura como sucedió en la jugada 5… a6, esa variante de la Eslava, en la tercera partida que ganó Kasparov, las críticas se dirigen es al equipo que selecciona las aperturas que juega X3D Fritz, y en particular a Alex Kure, el hombre responsable de la programación de las aperturas y, en general, de la base de datos que procesa nuestro apreciado Fritz.

Esta variante le permitió a Kasparov jugar más adelante la muy fuerte jugada de Gligoric 9. Qa4!, que al parecer se les olvidó incluir en el cerebro de Fritz a sus manejadores. Cuando introduzcan esta variante en el árbol del análisis del monstruo sin sensibilidad, jamás de los jamases volverá a transitar por tan peligroso camino. Veamos qué dice al respecto de la tercera partida una de mis fuentes que estuve consultado en Hechiceros del Tablero: X3D Technology Corp. Discupen que esté en inglés.

9.Qa4!  Given an exclamation point by Gligoric and Wade in their book "The World Chess Championship" (1972). This move was apparently not in X3D Fritz's opening book so it was now on its own.

Fijate, en la jugada 14…Bd6, incluso pone celaditas de principiante para capturar la dama. Da pena hacerle eso al Rey, al oso de Bakú.

14...Bd6?! This got a good laugh from the Grandmaster commentators and the audience. Only a computer! It puts its bishop right where the white pawn can capture it. If Kasparov takes the bishop he loses his queen after 15.cxd6?? Nxb6 and the white queen is trapped.

Of course Kasparov isn't going to blunder his queen away, so did this curious move have any other value? Maybe so, if Black thinks its bishop is more useful on the b8-h2 diagonal, attacking the kingside.

Con esta partida es pues valido el comentario de por qué Fritz no logró encontrar un plan, y por qué Kasparov pudo hundir la máquina en la más profunda de las tinieblas. Véanlo ustedes mismos. Podemos por ahora respirar tranquilos. Les anexo completa la partida comentada.

Norberto


Más que sobresalto, pánico 

Norto

Tu correo con la voz de alarma por mi nota sobre el destino miserable del hombre en el reto de su inteligencia carbónica contra la inteligencia silicónica me deja un sabor agridulce o mejor de pánico por el alto aprecio que tengo de tu ponderación y ser tú, en mis referentes, un libre pensador y una persona abierta al cambio. Pero la repuesta me trae mas angustias que alegrías: primero te alias con el hombre sin mayor elaboración y dejas sentir un aire triunfal con el resultado del empate final; aunque reconoces que al programador se olvidó incluir la jugada de la dama en el arsenal de Fritz, jugada que ya había considerado Gligoric; segundo porque tratando de subvalorar a la máquina, implícitamente, le reconoces astucia, por ejemplo, cuando comentas que ‘le tendió una celaditas de principiante’ a nuestro elegido-salvador quien no cayó en ella. En tercer lugar le das una cobertura exagerada en tu correo a las jugadas del silicio que inclusive merecen comentarios y análisis sobre las ‘intenciones’ y ‘planes de juego’. Pero lo que me horroriza es que termines triunfalmente y seguro en tono burlón para el silicio con ‘por ahora podamos respirar tranquilos’ con ese empate.

Te saltas olímpicamente la historia del pasado reciente en los progresos del silicio. Sin ser exhaustivo en el recuento, éste –el silicio– cada vez invade los terrenos del dios-hombre y lo pone en jaque cierto. En Argentina el programa “Tiger” ha quedado campeón en los dos últimos campeonatos nacionales derrotando a maestros de gran jerarquía; Krammik –segundo jugador del mundo– obtuvo un empate con el programa “Deep Junior”; y “Brutus” un programa experimental con un enfoque de programación totalmente diferente (FPGA) quedó campeón en el torneo de Lippstadt derrotando a Oleg Romanischin, Florian Jenni (campeón suizo) y Maja Chiburdanidze (ex campeona mundial) nada menos –un verdadero banquete de maestros en una sola sentada–. Por eso no te quedes ‘respirando tranquilo’, lo que viene de la confrontación en el juego ciencia con las máquinas es inevitable.

Para alargar más en el tema y por fuera del terreno de Caissa, los progresos del silicio son aterradores y hoy día nos encontramos a merced de que los chips hayan sido bien programados para que no se presente catástrofes para las cuales el hombre ya no está preparado. Por ejemplo el último apagón en la costa este de Norteamérica, los escapes radiativos de Chernobyl o Three Miles Island o la dependencia en los silos nucleares de silicios invulnerables a la penetración de ‘hackers’ o a desperfectos. Pero igualmente en los juegos estratégicos de la tecnología silicónica, las imágenes de realidad virtual no dejan espacio para diferenciar a un piloto de guerra o un general en Iraq, si lo que ve en su pantalla es un juego de Play Station o es el campo de guerra virtualizado; inclusive en este juego Kasparov no movió fichas físicas sino un joy stick y el torno de tallado de la piezas de madera de Stauton ha comenzado a quedarse sin trabajo.

Yo para cerrar este cuento y ser consistente estoy preparándome para que se me horade el cráneo y se me inserte lo que sea necesario para no quedarme atrás en esta etapa de transición.

 Francisco


Amigos

En mi calidad de cyborg, ya que veo gracias a dos lentes intraoculares (de otro modo y en otro tiempo sería invidente), no siento angustia porque los chips superen a las neuronas, como quiera que de hacerlo el logro sería, sin duda, de las neuronas, ya que gracias a ellas fueron posibles los chips. De otra parte,en el asunto objeto de la interesante polémica entre Norberto y Francisco creo que lo único que cabe esperar es un salto cualitativo en la preparación, el estudio y el juego de las partidas de ajedrez, cuyas magnitudes casi infinitas serán siempre campo propicio para la ciencia, el arte y, por supuesto, el deporte. De otro lado, me parece que el advenimiento de las nuevas tecnologías al ajedrez hará que la lógica superior que lo anima sea todavía más profunda y más bella la expresión estética de esa lógica.

El balance de la polémica, en mi criterio, es, usando el término ajedrecístico apropiado, tablas, como quiera que tanto Francisco como Norberto tienen argumentos válidos, en un asunto de múltiples y fascinantes aristas analíticas. Así como las máquinas pueden mejorar (incluso ya existen algunos computadores que funcionan no con chips sino con ADN) el cerebro humano todavía dista bastante de mostrar todo su potencial, de manera que en ambos campos cabe esperar mejoras, de tal modo que algún día la máquina o el hombre podrán anunciar mate en 100 jugadas.

Saludos,

Enrique


Un chip jamás podra crear una neurona

De dónde sacará el poder creativo un chip?

A propósito de la máquina que enfrenta a Kasparov, ésta necesariamente depende de la introducción de nuevas partidas y por consiguiente de su actualización. Eso no quiere decir que la mente humana deba dejarse en un curubito, sin trabajar.

Químicamente el átomo de carbono da muchísimas más posibilidades de combinación que el de silicio. Y en cuanto al poder creativo, los sentimientos, el amor, de dónde los sacará una máquina. Eso por no meternos en temas más profundos como el mundo espiritual, Una máquina Jamás podrá conocer a Dios, mientras que el Hombre sí, ya que fue creado a su imagen y semejanza en el sentido de que el hombre puede llegar a imitar las cualidades de Dios. ¿Ustedes creen eso posible en una máquina? No se trata de provocar un discurso que endiose al hombre, porque nunca he estado de acuerdo con esto, pero si de dejar esa ingenuidad romántica de Francisco, tal vez influenciado por autores como Robert Jastrow y películas como la Guerra de las Galaxias de pensar en androides y tonterías como esas. Es tan compleja nuestra bioquímica que todavía el hombre no ha elucidado los mecanismos y la perfección de enzimas como la ARN-polimerasa, en la traducción y transcripción genética.

Por ahora un abrazo.

Y un hurra por Kasparov

David Mauricio


Las máquinas…

La máquina es la materialización de una frontera, es la elevación de un reto que ha acompañado al humano desde el Edén:

¿Nuestra autonomía es sinónimo de libertad? ¿Nuestros actos no necesariamente son el fruto de las mismas leyes que conforman el destino del universo todo? O, con la máxima metáfora, ¿el humano puede estar de frente a Dios?, esto es, ¿frente a él hay un dios?

Con la evolución de la máquina, y su perfeccionamiento en las hermosas microestructuras del silicio, el humano busca dar una respuesta clara, una respuesta objetiva al mito de la libertad humana, y por lo tanto, a la existencia de ese principio forjador del todo.

La máquina es la creación humana que, desde su mismo inicio, fue sumergida a las leyes de la causalidad y del determinismo. Todo avance de ella no es más que el avance de estos principios, opuestos, por excelencia, a esa creación y a ese actuar fruto de la libertad.

Y, de lograr tumbar ese mito de la libertad, derrumbaremos ese otro que se acuña en la caída del Edén y que la razón eleva (o transforma) a categoría de ética, de moral. Entonces lograremos esa real libertad que radica en despojarnos de los espejismos de Dios y de las coacciones de un deber ser.

Camilo


Las pretensiones de la inteligencia artificial,
más allá de Ícaro y Dédalo

Envío estas líneas motivado por la discusión que se ha suscitado en torno a la partida entre Kasparov y Fritz; pues considero que el tema va mucho más allá de una mera competencia entre la inteligencia humana y la artificial, creo que ésta es una manifestación más de lo que podemos denominar como el desafío de la tecnología.

Estas reflexiones están inspiradas en un libro muy interesante escrito por German Doig Klinge quien fuera vicario general de mi comunidad y que ahora debe estar gozando de la presencia de Dios.

Acerca del mito griego

Aunque se que debes conocer este famoso mito, me tomaré el atrevimiento de hacer una pequeña síntesis recordatoria de la trama.

Dédalo era un notable inventor, además de herrero, arquitecto y escultor, por diversos problemas que había tenido se refugio en la isla de Creta bajo la protección del Rey Minos. Muy pronto fue llamado a ejercer sus capacidades técnicas. Entre sus muchos inventos estaba un artefacto que permitió la concepción del Minotauro, el laberinto donde escondieron a este monstruo y el sistema mediante un hilo para no perderse en él.

A pesar de sus servicios técnicos, Dédalo cayó en desgracia y fue encerrado junto con su hijo en el laberinto, no pudiendo escapar de la isla debido a la estrecha vigilancia impuesta por el Rey.

Se le ocurrió entonces diseñar unas alas con plumas de ave adheridas con cera para escapar volando. Cuando finalmente fabricó las alas, instruyó a su hijo acerca de como volar, advirtiéndole de los peligros que afrontarían: Ícaro, hijo mío, te ruego que mantengas una altura moderada. Puesto que si vuelas muy bajo la humedad de la brisa marina te impedirá volar y si vuelas muy alto el sol derretirá la cera y se desprenderán las plumas. Manténte junto a mí y estarás a salvo.

Las alas funcionaron muy bien, pudiendo remontar las alturas se alejaron del laberinto y de la isla. Pero cuando Ícaro se sintió seguro, se separó de su padre fascinado por la experiencia de volar. Quiso elevarse en el cielo desoyendo los consejos de su padre, conforme se acercó al sol, los rayos fueron derritiendo la cera y las plumas se desprendieron, no pudiendo sostenerse más cayó en picada en el mar y su vida terminó trágicamente ante la mirada horrorizada de su padre.

Este antiguo mito griego resulta muy iluminador con relación al tema de la tecnología.

Muchos han señalado a ambos personajes como representantes de dos actitudes opuestas, teniendo en cuenta sobre todo el escape alado de la isla. Dédalo representaría una actitud responsable y positiva ante la tecnología; mientras que Ícaro mostraría más bien la conducta incorrecta, negativa e irresponsable. Sin embargo podemos ensayar otras aproximaciones al mito que no se limitan al vuelo alado y que permiten descubrir elementos muy interesantes.

La figura de Ícaro nos pone ante la manera como se usa la tecnología y lo primero que podemos evidenciar es la ambigüedad del obrar tecnológico, especialmente en la utilización de sus productos, es decir que sus alas podían ser utilizadas para el fin propuesto y así escapar de la isla o ser desviadas de su propósito inicial –lo que abre la posibilidad de que la tecnología pueda ser usada para bien o para mal– además la persona de Ícaro evidencia algo que está muy difundido hoy día: La embriaguez en el uso de la tecnología que lleva a que se crea que no hay limites para lo que ella puede ofrecer. Se descubre así en la actitud de Ícaro cierta soberbia junto a una evidente irresponsabilidad. Una vez que el instrumento está puesto en sus manos se sale de su cauce y el único parámetro parece ser su deseo personal o capricho. Pierde así no sólo toda prudencia –sobre la posibilidad misma de la técnica–, sino que además elude toda consideración por su adecuación al orden de la naturaleza, marginando de facto toda pregunta por la moralidad de su obrar. ¿No se reconoce acaso en el joven Ícaro actitudes muy comunes hoy en día frente a la tecnología, así como tendencias inescrupulosas de muchos que inclusive la usan para fines perversos?

Por otro lado tenemos a Dédalo quien también pone de manifiesto la ambigüedad del obrar tecnológico; pues sus inventos tuvieron diversos fines, algunos buenos pero otros ciertamente execrables, Dédalo nos muestra que la tecnología no solo puede ser usada para el bien o para el mal; sino que además puede ser diseñada para el bien o para el mal.

Un segundo elemento que no se aprecia en Ícaro es que Dédalo es representado como quien plantea fines técnicos sin tener en cuenta la naturaleza del ser humano, lo cual se evidencia en que no tuviera el menor escrúpulo en concebir un artefacto para dar vida al minotauro, por otro lado su obrar no manifiesta ningún tipo de reflexión previa acerca de la bondad de sus fines. Ante los problemas de su tecnología lo único que plantea como respuesta es también y nada más que tecnología.

Busca que sus medios técnicos funcionen y “resuelvan” los problemas que se le presentan, podríamos decir que está atrapado en su obrar tecnológico. Al actuar de esta manera termina otorgando a la tecnología un lugar predominante en la manera de enfrentar y resolver el sentido de la existencia del hombre. ¿No se parece esto a la actitud de muchos promotores de la utopía tecnológica que proponen resolverlo todo con la tecnología, sin tener en cuenta la naturaleza ni la dignidad del ser humano?

Las pretensiones de la inteligencia artificial

En cuanto al tema de la inteligencia artificial que se encuentra más directamente relacionado con la discusión que vienes sosteniendo con Francisco; creo que en los último tiempos hemos visto un creciente interés en torno a la pretensión de lograr algún tipo de inteligencia artificial, algunos incluso habían pronosticado que para el año 2000 se habría alcanzado este propósito, como es el que caso de Alan Turing uno de los precursores del desarrollo de la computadora.

Se suele poner como fecha de lanzamiento del proyecto de la inteligencia artificial el año de 1956, debido a la confluencia de varios factores, entre los cuales cabe destacar un congreso celebrado en el Darmouth College que reunió por primera vez a los involucrados en le tema.

Entre lo participantes se encontraba Marvin Minsky quien se constituiría en uno de los principales promotores del proyecto. Minsky es autor de una frase que se convirtió en emblemática: El cerebro es una maquina de carne. Concebía la mente como una estructura programable, por lo tanto el cerebro como el cuerpo pueden ser reemplazados por la maquina. Este individuo estaba convencido de que se caminaba hacia una simbiosis entre el ser humano y la maquina, una especie de realidad meta–biológica y que la inteligencia artificial sería un nuevo hito en la evolución humana.

Son muchos los aspectos problemáticos que entraña la pretensión de producir una inteligencia artificial, por un lado está la falsedad de las premisas que reducen la inteligencia humana a una suerte de programa matemático. Se evidencia aquí los vicios de la modernidad. Pero por otro lado se olvida un asunto medular que anula cualquier pretensión en esa línea: Como diría Juan José Sanguineti “El pensamiento artificial aún desarrollándose en un aparente dinamismo, es pensado y no piensa (justamente por ello no pertenece a ningún sujeto)” es el ser humano quien piensa, incluso cuando se ayuda de una computadora a la que programa. Así mismo es la persona la que programa la computadora para que en determinadas variables opere en un sentido que puede parecer autónomo, pero que no lo es. El programa reprogramable es pensado y programado por el hombre.

La tecnología nos plantea un desafío que exige un serio esfuerzo de discernimiento y que debe ser sopesado adecuadamente, con ponderación. Hay muchas razones para mirar con preocupación algunas consecuencias ligadas a su desarrollo, como existen también señales de esperanza a partir de sus beneficios.

Espero me disculpes por desviarme un poco del tema en estas líneas, el problema es que creo que muchas veces, en nuestras reflexiones nos quedamos en las ramas y no vamos a las raíces, es por ello que planteo este tema del desafío de la tecnología en nuestro aquí y ahora concretos. Creo que hablando en términos ajedrecísticos, el debate en torno a la partida entre Kasparov y Fritz en tan solo la Apertura de la gran partida que se disputa en el ámbito tecnológico.

Daniel


Volando como Ícaro

Desde que surgió la necesidad de la obediencia, las caídas han sido el fortín metafórico de quienes han temido el coraje de la rebeldía humana para transgredir el punto señalado, la frontera impuesta.

Por norma, y especialmente después del nefasto Génesis bíblico, toda caída retrae esa grávida relación del hijo y del Padre por la que se reclama una obediencia a eternidad. Entonces, cuando la humanidad descubre el abismo que devela una caída, vemos siempre la voz que señala el cómo ha caído el vuelo malo. – De algún modo, estas voces siempre han preferido la horizontalidad última del cuerpo a su estado erguido (por el que se eleva a los altos cielos y se enraíza la virilidad humana). Para ellos, la caída siempre es la consecuencia natural del no obedecer, esto es, el castigo –que, jubilosos, califican casi siempre de justo.

Cuando un hombre cae, es dable sólo ver al hombre. Entonces podrá surgir con natural espontaneidad su enjuiciamiento que, a dios gracias (o por desgracia), con el Hijo se lava en la misericordia.

Pero también puede suceder que cuando un hombre cae, sus compañeros y amigos dan gracias por el abismo develado, por la labor iniciada, por ese sentido abierto a ellos y a las generaciones en los tiempos. Reconocen que, sin ella, la sima en donde se encuentran no se hubiese des-cubierto. Saben perfectamente que toda caída humana abre la obscuridad de la caverna en donde se encuentran, despierta la mirada y, más allá de ese enjuiciamiento por el que el Todo se hace una triste pintura de manchón blanco y negro, de mal y bien, nos lanza en un proceso hacia el mañana: Da un sentido, humano, al tiempo.

Los compañeros de Ícaro sabemos que cayó, no por desobedecer sino, por mostrarnos el abismo entre nosotros y el Sol, entre la Tierra y las estrellas. Ícaro nos mostró que las alas nos pueden llevar mucho más allá, pero que a ciertas alturas el calor evidentemente derrite la cera. Evidencio que el valor humano se arriesga aun si los artefactos son deficientes, esto es, que nuestro valor requiere y exige el pulimento constante de la máquina.

Los amigos de Ícaro lo llevamos en nuestro corazón; y tenemos la certeza que Dédalo, en la tierra y con las alas entre sus manos, lloró, besó la mar y, con la mirada puesta sobre la luz del Sol, para sus adentros se dijo: Llegaremos a crear una cera que traspasará al astro pletórico de nuestras mañanas.

Y ya nuestros artefactos se adentran en los confines de la Vía Láctea y nuestros planos, por lo que es toda máquina, develan la misma arquitectura de la vida.

Es cierto: Un mundo doblegado por lo bueno y lo malo ciertamente impide la caída del volar humano, pues profesa la horizontalidad última.

Camilo


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Kramnik vs. Deep Fritz 2006



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