En el HOY todo lleva un prefijo “neo”, se trata de lo mismo pero al darle el nombre de nuevo se pretende disfrazar la inmoralidad inherente a una forma que demostró desde lejanos tiempos su forma no ética. Así sucede con el llamado “neoliberalismo” y las formas “neodemocrátricas”donde no se elige sino que se opta y con un caudal casi insignificante se elige al “administarador” de turno. Estas “nuevas formas se olvidan de cuando sin el prefijo ahora usado, comenzaron la explotación de la naturaleza, usando siempre de una u otra forma trabajo esclavo, podría ser el trabjador trofeo de guerra, siervo expulsado de la gleba, hombre secuestrado en otro continente, u “obrero industrial”.
Ahora ese ser humano que maneja las formas de avanzadas de la técnica en la producción delega completamente en estas seudo democracias su poder de decisión en quien le es impuesto por la manipulación de los medios, claro en los casos en que no se tratra de países invadidos en forma sangrienta. Esta es la transformación mundial de la “globalización”
La degradación moral y política: el neodemocratismo
Una transformación político-económica de estas características, no puede dejar de fomentar no sólo una despolitización específica de las instancias político-institucionales que mitigan la acción del mercado, sino una franca despolitización global de la sociedad. El fenómeno de la desmovilización de las masas al que asistimos es un emergente de esta lógica despolitizadora.
En tal sentido, las formas de ejercicio democrático que la reaparición del liberalismo va a implicar, serán excluyentemente fiduciarias. En otros términos, aquellas en las que se deposite todo el poder en la representación para ser utilizado según su mejor entender, por oposición a formas de representación mandatarias (es decir limitadas a un mandato específico) o mecanismos de democracia directa, salvo que alguna maniobra manipulatoria específica y circunstancial autorice puntualmente la utilización de aquellas.
Franjas cada vez más vastas de la sociedad delegan expresamente en algún representante profesional su voluntad ejecutiva, con el tácito intercambio de la indiferencia por la sobredosis de poder que esta apatía colectiva le aporta. Este personaje se encargará de “hacer las cosas” ennombre de sus electores, sobre quienes previamente desplegó sus encantos desde la codificación telepolítica.
Esto conlleva una despolitización de las relacionessociales en su más amplia acepción donde cualquier intervención por fuera del mercado, es rechazada. Pero allí donde el mercado flaquea, serán los grandes intereses corporativizados quienes ocupen esta vacante. De esta forma, el contenido político fundamental de estos cambios aparentemente formales, consiste en la liberación de la acumulación de capital, y en el ejercicio creciente de su dominio político, dando al amplio especto de los oprimidos ( de una u otra forma vital),
la desesperanza y la debilidad e impotencia para despojarse de todas las cadenas impuestas por la democracia a su libre movimiento, ya que se siente responsable de estas opciones y fijado a ellas.
En tal dirección, el liberalismo representa el principio máximo de combinación de libertad extrema para el movimiento del capital en el mercado, y de violencia al interior de las unidades productivas a manos de quienes detentan, no sólo la propiedad de los medios de producción y de los resultados del. proceso de trabajo, sino fundamentalmente la dirección intelectual del propio proceso
La imposibilidad de subsistencia por fuera de este régimen de producción, con la exacerbación de la precariedad que subyace en el actual perfil, y dada la inseguridad que comporta la miseria pisando los talones de los desposeídos, obliga a convertir a la sumisión, la docilidad, la sensibilidad a la voz de mando, la ausencia de crítica en una suerte de virtud moral y cívica sobre la que se dibuja el identikit del ciudadano. Los aceitados mecanismos de control social contribuirán en esta dirección.
El fenómeno de la corrupción no es “tangencial” a estas transformaciones. La falta de control de los electores respecto a sus representantes, quienes se arrogan la capacidad de interpretar la voluntad ciudadana en nombre del “bien común”, el carácter ilimitado de los mandatos, la falta de independencia de los respectivos poderes que requiere la libre acumulación de capital, son estimulantes estructurales a la corrupción yel abuso. No se trata en este caso de fenómenos aislados de personajes inescrupulosos, sino de una invitación política a la inescrupulosidad, que tarde o temprano encontrará los actores adecuados para ejecutar este mandato.
Este “espíritu de la época” instaura, aunque en verdad debiéramos decir que re-profundiza, una crisis política en sentido global, una crisis de la participación política de los individuos, con su consecuente mutilación de la creatividad y la imaginación humanas, al menos en lo que a práctica política y social se refiere.
Es la expresión extrema de la miseria moral como resultante de la privatización absoluta de la vida material, por un lado, y de la actividad social segmentada, por otro, recuperada finalmente por un sistema socializador aparentemente heterogéneo y distribuidor, que en la práctica se constituye en el terreno de la manipulación de los aparatos, de los intereses corporativos concentrados, de la profesionalización incontrolable de la burocracia fiduciaria que se alimenta y sirve a esta propia lógica.