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Resultados electorales

Leonel:

He estado atento a los correos que se han cruzando con Enrique y Camilo con motivo de los resultados electores en Bogotá. Es muy interesante de todas formas lo que está pasando en la política colombiana. Tengo un texto sobre la decadencia de los partidos y desde hace rato me estoy cuestionando si la democracia es una forma de gobierno que va a pasar en el tiempo como medio de selección del gobernante del colectivo. Si pasará al olvido como pasó la aristocracia o las dictaduras militares en la historia latinoamericana. El problema para desarrollarlo es la falta de tiempo para leer los documentos y de plata para comprarlos y buscarlos. En el libro de las Megatendencias de Niasbit de 1980 recuerdo haber leido la misma parte de la ‘politiquería’ que se debate ahora, donde el autor se refería las microempresas electorales en la democracia norteamericana y preveía la crisis del sistema político allá. Sus recomendaciones y percepciones debieron caer en el vacío porque años después en el discurso de renuncia voluntaria a su investidura de un senador –Michael– le oí decir: “El congreso apesta” (stings). Y el último desenlace de la elección presidencial en ese país, demostró todos los problemas del sistema. Porque la situación y transparencia de la democracia americana puede decirse que está igual a la nuestra. Ellos dependieron de los manejos de los votos de unos 'negritos' en Miami y nosotros para voltear algunos puntos del referendo dependemos de los votos de otros 'negritos' que vienen en canoa. Estamos a mano.

Ahora, sobre el resultado de las elecciones de Bogotá, siento que hay un aire triunfalista y madreteresista con esto del triunfo de Garzón. Hay quienes están –Navarro entre ellos– diciendo que este resultado demuestra claramente que la toma del poder se puede hacer con votos, etc. O como Camilo diciendo que fue una bofetada para el militarismo de la insurgencia.

Yo creo que hay un error de planos, ¿de axiología? Pues los caminos están trazados desde mucho antes. No afectará para nada este resultado la actitud de la insurgencia frente a sus esperanzas de llegar ejercer el poder, ni Garzón resolverá, ni rasguñará el problema de la pobreza o del desempleo urbano en Bogotá. La única solicitud sensata –y esperanza– es que no deje robar los fondos públicos a sus segundos. No importa si los gasta en bolsas de leche para los niños, o en andenes y parques para el sur. 

Como ciudadano 'demócrata' pienso que debo estar con el sistema –es decir, debo actuar como buen burgués, en el sentido original de la palabra– y es demasiado temprano para demandar algo distinto a Garzón a que simplemente se prepare en estos dos meses en la selección de su equipo de gobierno.

Ya hay quienes lo proyectan a la luna y el al tiempo. Sólo me falta oír que le digan ‘lulo”. Otra vez se encuentra la falla del eje de la discusión y de las propuestas cuando se pretende aun sin haberse posesionado, que la administración municipal se confunda con la administración del país. Fíjate, por ejemplo, el pendulazo en el Cauca, donde pensé que a partir de Floro, vendría una hegemonía de la población indígena que es mayoría allá, y como saltaron a elegir a una persona sancionada e inhabilitada. No se si por corrupto. Pero de todas formas yo creo que había mejores candidatos y mejores ciudadanos que no se apuntaron a untarse de política. Acá con Garzón puede pasar lo mismo, en unos años simplemente lo olvidan a él y a su movimiento.

El triunfo de un candidato o el ejercicio del poder de un representante del otro lado, no es más que una apertura de oportunidades para los descamisados –mejor, los descorbatados, para estar a tono– pero no conlleva necesariamente a un progreso de las ‘bases’ en el sentido de mejores oportunidades sociales ni económicas.

Hace poco escuché una entrevista radial que se le hizo hace años a Manuel Vásquez Montalbán, escritor español recientemente fallecido, y me impresionó el tratamiento que hacía de la sociedad española y el paso del franquismo, a la monarquía, al socialismo y luego a la derecha con Aznar. Y como comentaba los problemas de autoritarismo, la dictadura y la corrupción. En un diálogo en el que parecía estar hablando de Colombia. Se esfumaron para los españoles los logros de Gonzáles y el remate lo prometía en un libro sobre la aznarización de España. He visto recientemente documentales sobre evita y Perón en la Argentina y ahora nos encontramos con una economía en ruina y con niveles de pobreza en Buenos Aires, similares a las de Bogotá. Se perdió la alegría de los triunfos populares y de los triunfos del peronismo, de Isabelita, de la dictadura y del regreso del peronismo. Te cito también el caso de Chile, donde ví bailar en la calle –el poder de la televisión– a la gente por el triunfo de Allende, la caída de Allende, el triunfo de Pinochet y la caída de Pinochet y finalmente bailes de nuevo con la vuelta al socialismo. El énfasis que quiero hacer con esto es el carácter pendular de la política y de cómo el pueblo no saca nada, excepto la alegría de la fiesta del cambio que corre por su cuenta en la euforia del momento.

Abro el libro de Spengler y me encuentro con este texto que me vuelve a poner a pensar.

“En el campo sin ciudades, la nobleza fue la primera que representó la nación en sentido elevado. Los aldeanos, sin historia, «eternos», eran pueblos antes de iniciarse la cultura: siguen siendo pueblo primitivo en rasgos muy esenciales y sobreviven a la forma de nación. La «nación», como todos los grandes símbolos de la cultura, es posesión íntima de pocos hombres. Hay que nacer para ello, como se nace para el arte y la filosofía. Hay en esto algo que corresponde a la diferencia entre creador, aficionado y lego; y lo hay tratándose de la polis antigua, como tratándose del consensus judaico o de un pueblo occidental. Cuando una nación se enciende en entusiasmo para luchar por su libertad y su honra, siempre es una minoría la que «entusiasma» a la multitud, en el propio sentido de la palabra”.

Y lo veo así, mirando esos péndulos de la política. Los pueblos eternos sobrevivirán a la política y a los políticos. La Nación como un símbolo es posesión de unos pocos que la sienten y se esfuerzan en comprenderla. Espero que ese sea nuestro caso y que por eso compartamos estos intentos de analizar lo que está pasando.
Un abrazo

Francisco


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