Muy bueno el texto de Shakespeare que te gustó y me enviaste. Yo no lo conocía:
“Cuando tumbe la guerra las estatuas y el desorden de los muros desarraigue, ni la espada de Marte ni su incendio destruirán tu memoria siempre viva. Irás contra la muerte y el olvido. Vivirás mientras alguien viva y sienta Y esto pueda vivir y te de vida.”
La cita me recuerda las estatuas que he visto derrocadas: Hatshepsut y la Efinge en Egipto, Buda en Bamiyán, Stalin en Stalingrado, Franco en Madrid, Hussein en Bagdad y la pintura de Mao profanada en la plaza Tiananmen. No creo que alcance a ver la caída del Corcobado, inexplicablemente incluida en la lista de Maravillas del Mundo, aunque creo su destrucción se dará mas pronto que tarde. Es cíclico el derrumbe de las estatuas y de los ídolos, a veces la furia de las turbas toca directamente a las personas: Mussolini, Ceaucescu, Mohamed Najibullah; o los enemigos los apagan en sus persecuciones: Darío por Alejandro, Aníbal por los romanos, Napoleón por los ingleses; no se cuantos más.
También las murallas desarraigadas tienen su ciclo propio de erección y derrumbe: la china derrumbada por el fuego del amor, la de Jericó arrasada por la música, la de Adriano por la pobreza, la Berlín por el dinero. Pero el hombre, obtuso, las sigue construyendo confiando en su poder disuasivo: La norteamericana, para bloquear a los mejicanos, la de Israel a los palestinos, la de Melilla a los africanos.
Volviendo al texto, yo he leído muy poco, o mejor nada, de lo que escribió Shakespeare; no he visto las películas que se han hecho basadas en sus obras. Tengo pendiente de ver “Romeo y Julieta” de Baz Luhrmann, y la de Franco Zeffirelli, pero necesito un estado emotivo especial para enfrentarme al tema y disponer del tiempo para acometer las lecturas previas. Soy incapaz de leer el formato de libreto; estoy esperando que algún compasivo e irreverente escritor ponga en prosa la obra shakespereana, con largas descripciones del paisaje y los ambientes; con serias y extensas meditaciones interiores de los personajes; en forma novelada y continua; y con adornos literarios. Estoy pensando en Gary Jennings en la novela Halcón.
Lo que sí he hecho es malgastar mi tiempo leyendo el debate de que Shakespeare no escribió ni una sola línea en su vida, excepto la firma de su testamento donde dejó para su esposa como herencia principal “la segunda mejor cama”. Por ejemplo, The Mystery of Francis Bacon, by William T. Smedley, [1910] y otros libros más.Aunque otros analfabetos de la escritura han aportado tema para páginas y páginas: Buda, Sócrates, Cristo.
El texto del “Ser o no ser”, que te trascribo enseguida, atribuido a Shakespeare en Hamlet.
“¡Ser o no ser: He aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir..., dormir; No más!
¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!
¡He aquí un término devotamente apetecible!
¡Morir..., dormir! ¡Dormir!... ¡Tal vez soñar!
¡Sí ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida!
¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio!
Porque ¿Quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple puñal?
¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos fines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes; y así los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento, y las empresas de mayores alientos e importancia, por esa consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre da acción.”
Es el que mejor recuerdo de él y me sorprendió que el monólogo no fuera conocido en toda su extensión, fue todo un descubrimiento para mí. Usualmente todo queda en la primera frase y casi nadie hace la indagación sobre el origen de las dudas que atormentan a Hamlet. El escritor en su lista de reclamos no deja por fuera nada de lo que hoy día no se esté repitiendo:
“¿Quién aguanta los ultrajes y desdenes del mundo,
la injuria del opresor,
la afrenta del soberbio,
las congojas del amor desairado,
las tardanzas de la justicia,
las insolencias del poder
las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno,
cuando uno mismo puede procurar su reposo con un simple puñal? ”
Esta parte de monologo contiene los grandes motivos de la infelicidad de los hombres ¿Pero no es este el mismo discurso de Catón? Entonces, parece que acá estamos en un segundo ciclo que se repite en el río de la vida. Pero eso es otro tema.