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Novena Media Maratón de Bogotá 2008

Esta jornada no fue de sufrimiento, estuve en las galerías admirando esa ciudadanía excepcional de atletas y animadores. Por primera vez estuve a dos metros de los ganadores.

Estas son las fotos: de Laura Hernández [kilómetro 15] y mías [kilómetro 17] 

 
y este es el recorrido [diagrama de David Cifuentes] con la última tecnología


 

 

IV Media maratón internacional de bogotá 2003: destellos y

 sombras de un microcosmos social.

Para: Edgar Guevara (Club Olimpus) y Tico (entrenador de canotaje) y demás promotores del sufrimiento y la alegría del ejercicio.

Duelo cerrado en el remate final, el cual debió definirse por “fotofinish”, lluvia pertinaz, peligroso desorden en la partida, entusiasmo desbordante y cada cual con su reto personal y su goce fueron las notas visibles e invisibles de esta cuarta media maratón Ciudad de Bogotá 2003, ganada por primera vez por un colombiano, Alirio Carrasco (1h 04m 23s, nuevo record en la prueba).

La hazaña de este atleta colombiano no ha sido, lamentablemente, desplegada como corresponde por los medios, pues esta vez los derrotados fueron dos kenianos, dueños indiscutidos de cuanta prueba de largo aliento se disputa en el mundo, ambos poseedores de impresionantes registros entre la elite del fondismo internacional: Ben Kimondiu , campeón de la maratón de Chicago 2001, segundo lugar en la prueba con 1h 04m 23s, y Patrick Yibuti, campeón mundial del medio maratón con la increíble marca en la distancia de 59m 31s, tercero en la prueba de Bogotá con 1h 05m 01s.

De alguna manera la carrera, como un microcosmos, refleja las potencialidades y el desorden de la sociedad colombiana actual, suficientemente analizada, aunque no siempre bien comprendida, por politólogos, analistas especializados y científicos sociales. Sin mayor publicidad, esta media maratón, con sólo cuatro versiones, ostenta el prestigio de ser la de mayor participación en el continente americano, incluso por encima de la mítica maratón de Nueva York, limitada a solo 30.000 atletas.

Sin desconocer en ningún momento la encomiable y no fácil labor de los organizadores, como de las autoridades de la ciudad que toman decisiones relacionadas con su mantenimiento y prospectiva, pareciera, no obstante, que se quedaran cada vez más cortos y sorprendidos, casi que en actitud organizacionalmente defensiva, ante la magnitud de la respuesta y el creciente entusiasmo participativo de quienes anualmente responden a esta cita, no sólo para engalanar con su presencia multicolor de un día a la ciudad capital de Colombia, sino para dejar un testimonio de construcción de tejido social más permanente y significativo, el cual se extiende y nutre con estos fenómenos colectivos por toda la geografía nacional en multiplicidad de consecuencias sociales, individuales, grupales y empresariales insospechadas,capítulos por examinar de toda una sociología de la participación deportiva al interior de las mega polis.

Inconcebible, pero explicable, que la organización insista en bloquear de manera tan peligrosa (con esas vallas metálicas de la policía que indefectiblemente, por un manejo inadecuado de la psicología de las multitudes, siempre son derribadas por la impaciencia del río humano de corredores que luchan desde horas antes por ubicarse, convirtiéndolas en trampas mortales), las entradas a las esclusas que “ordenan” sobre la carrera séptima, entre la plaza de Bolívar y la Avenida Jiménez, a los atletas por categorías. Se parte del supuesto necesario que los más lentos y los menos profesionales, no obstaculicen el desempeño técnico de los más rápidos, entre ellos a los plusmarquistas de elite, a los ilustres campeones mundiales y a lo más selecto de los atletas colombianos que consumen la distancia a más de veinte kilómetros por hora.

Inconcebible, que la organización sólo de la orden de ingreso a las esclusas, numeradas por categorías y ubicadas a 50, 100, 200, y hasta 300 metros o más de la línea de partida, cuando escasamente faltan uno o dos minutos para la largada, para ese esperado disparo que lanza la avalancha contenida de los atletas, macerada en largas preparaciones, en el ritual de la precompetencia y en esas dos largas horas de preparación psicológica y de “calentamiento” en esa helada mañana de fina lluvia y cielo encapotado de la cita bogotana.

Todas las categorías son respetables y dignas de la máxima atención pues una prueba de esta naturaleza no debiera caer en la trampa de la lógica sólo competitiva y comercial, con la cual contribuyen los medios, en especial la TV, cuya cámara no es curiosa, ni investigativa, ni recursiva, sólo concentrada durante una hora y algunos minutos en lo que sucede con los tres o cuatro privilegiados que disputan el primer lugar en la carrera. Algunas reconocidas maratones internacionales involucran todo un despliegue mediático, y de manera no colateral y secundaria, todo un engranaje adjunto de pedagogía cívica, de estímulo familiar, con pequeñas pruebas iniciáticas para niños y niñas de muy corta edad y hasta con información especializada, análisis de laboratorio, mediciones y controles médicos in situ, otorgándole así al espectáculo y justa deportiva una importante e insospechada proyección de largo plazo.

En la categoría abierta, la primera en importancia competitiva y que la organización ubica en la esclusa 1, inmediatamente después de las figuras internacionales y de los colombianos más destacados, se encuentran valiosos corredores desconocidos, las futuras promesas del fondismo nacional. En esta ocasión recibieron un trato muy desestimulante, yo diría irrespetuoso, pues se les bloqueó la entrada a su correspondiente esclusa hasta un minuto antes de las diez de la mañana, hora establecida para la largada, momento crítico y de gran peligro cuando el desespero de los participantes abrió por su cuenta las peligrosas vallas, las que tiradas por en el piso se convirtieron en peligrosas trampas para quienes aterrados cayeron en ellas sufriendo golpes, cortaduras y lesiones, atropellados por la multitud.

Peor trato y desespero debieron soportar los corredores mayores, los masters y masters plus (50 a 59 años y 60 y más) a quienes se les contuvo frente a las vallas de su esclusa hasta cuarenta minutos después del disparo de largada en espera de una autorización para pasar que no llegaba. Qué estupidez la de esos controladores incapaces de tomar una decisión razonable para abrir las compuertas cuando la comunicación con las jerarquías del “acomodamiento competitivo” se interrumpe o se bloquea, y cuando ya la carrera despliega por la ciudad su larga y hermosa cadena de optimismo.

Organizar y controlar creativamente a cerca de 35.000 atletas, cifra que indudablemente crecerá si los organizadores así se lo proponen, es una tarea compleja que exige, para orgullo de la ciudad capital y de la media maratón más importante de Suramérica, tomar medidas eficaces e inteligentes.

Norberto Insuasty Plaza


¿Porqué participo en la Media Maratón?

Como bien lo dices es una de las pocas oportunidades que te ofrece el gobierno de la ciudad de ser parte de un entramado social específico, donde tu individualidad se funde en una masa humana coherente y dinámica; es la oportunidad de interactuar con personas totalmente desconocidas en un proyecto común: Terminar. Es increíble y sorprendente descubrir tanto calor humano, desde la persona que no tiene reparo en ofrecerte una botella de agua comprada con sus finanzas personales, la que te dice ¡Animo! porque le importa a ella que tu acabes esa carrera, porque tu eres el representante del ciudadano común y el representante de ella. Es emocionante estar en medio de una multitud y ser solo eso, una hormiga en medio de ella. Se derrumba la individualidad en la salida y la recobras cuando estás solitario en la cola, cuando ya la masa se ha estirado en el recorrido.

Estas son las razones de someterme a este suplicio cada año. Contraviniendo las normas de los profesionales de salud que recomiendan no hacer un esfuerzo extremo cada domingo y que es preferible anquilosarse viendo televisión.

La maratón tiene también un efecto afrodisíaco en la búsqueda del «muro», aquél momento místico en el que el dolor muscular desaparece porque la dopomina cerebral, el fármaco mas poderoso, te invade y trae a un estado de trance donde en realidad flotas y te conviertes en una máquina eficiente de la energía biológica. Yo lo he logrado en alguna de estas carreras y siento que el magullamiento corporal de los días siguientes es un costo menor. Obvio que también es un tema social para los amigos y familiares, muy particular e interesante porque parece casi épico que hoy día una persona del común en la sociedad del automóvil, sin ningún incentivo económico, pueda estar de pie y en movimiento más de tres horas.

Retrayendo la teoría del ombligo del mundo, este espectáculo es la confirmación plena de que es así todos somos el ombligo del mundo. El colectivo todo está en función de la individualidad. Yo me levanto ese día sintiéndome el más poderoso e importante humano. Miles de personas han trabajado en la programación y la organización de la carrera, otros miles se aprestan a rodearme para que mi esfuerzo no sea solitario, algunos para darle sentido a las proporciones –sometidos a severas y prolongadas disciplinas diarias de entrenamiento– vienen de otros países a acompañarme para marcar la pauta de mi estado atlético, otros se levantan esa mañana con el ánimo de plantarse en las aceras de la ruta durante horas esperando el paso del solitario rezagado con quien se identifican, otros contienen el tráfico y soportan los insultos de los afanados y represados choferes que sí tienen cosas importantes que hacer, o al menos eso creen. Pero ese millonésimo de segundo en donde soy el centro del mundo es el más importante para humanidad y yo soy el mensajero. Me meto en el cuerpo de Fidípides, busco lo que pensaba cuando corría por los campos griegos, como se repetía esa noticia que el consideraba de suma importancia para su patria, y entonces con tales referentes, me propongo no ser inferior a él, porque el mensaje tiene que llegar, yo soy el portador, si no llego será el caos, o mejor sería una defraudación muy grande que cometería, a ese inmenso colectivo que se me apoyó, si no terminara la carrera.

Un abrazo y suerte el domingo

Francisco


Media maratón internacional de bogotá 2004

De Camilo

Mis buenos amigos del atletismo y de la vida. Ya vencimos los 21 de Bogotá y viene Medellín. Pienso en ella a pesar de estar tieso de mi pierna y saber que esta semana difícilmente podré entrenar.

Me gusta ir a correr a Bogotá. Es una de las gratas excusas para reunirme con los amigos, y con lo amado –conservado y difuminado con la distancia de lo físico.

En Bogotá corre mucha gente, demasiada. Y el gran drama es de los corredores, como yo, excelentes dentro de lo mediocre (en relación a los grandes tiempos), que deben confrontar un bloque denso de humanidad: Una masa de hombres y mujeres que se exhibe como un horrendo muro –en su conglomeración y vastedad- a vencer – y que, para desgracia, va siempre, siempre, ¡siempre!, adelante. Correr entonces no es posible, y uno no sabe qué hacer, sobre todo si el ritmo es tan suave que acrecienta dolores de lesiones que únicamente se minimizan con el ritmo propio de competencia:

Cinco kilómetros: Los gemelos se entumecen en su esfuerzo por compensar los problemas de la rodilla izquierda –exigida con los entrenamientos que han venido buscando depurar la técnica. Cinco kilómetros la pierna izquierda acentúa su arrastre. Mucha gente delante. Demasiada. Veo mi cronómetro y se me dispara el corazón: 25:06 (6 minutos más lento de lo normal). Cinco kilómetros y un gordiflón corriendo a mi lado. Entonces me pongo a esquivar, y, en una de esas, mi pierna izquierda me hace saltar del dolor. No hay nada que hacer, me digo. Adiós tiempo, ¡pero esto lo termino! Me olvido de la meta y tranquilo me dejo llevar por esta multitud: - Bonito, con cada nueva competencia me voy acercando a lo distante: Dos horas para 21, -¡qué humillación! Me muerdo el honor y trato de disfrutar –a pesar de la pierna, a pesar de la multitud que cierra el paso. Lento, con 130 de pulsaciones cardiacas, sin haber sudado la camiseta me acerco a la meta. Y enhorabuena me acerco, voy llegando: Edgar, mi querido Edgar, delante va madreando su suerte: Calambre en ambas piernas y más de 13 minutos de desfase, según me dice. Yo no le comento nada de mi pena y me limito a acompañarle hasta la meta: 1: 48. 23 en el reloj oficial (aunque, obvio, muchos cruzamos la salida entre dos y tres minutos después de su inicio).

Al final, lo mejor: Las manos que tomé.

Un abrazo a todos.

Camilo Ernesto


De Héctor Augusto

Mi estimado C. E.

Interesante descripción de lo vivido en la prueba que ya hoy es pasado, y que en sus palabras en prosa fuerzan a ser poesía, invitan a vivir alegremente un pasaje más de nuestras vidas.

Felicitaciones por superar esa, otra etapa más, indicativo de superación del ser humano, con su capacidad de resistencia que no deja de asombrarnos. 

Norberto: Felicitaciones a su hijo, por tener un ejemplo de superación tan cerca a su espacio físico y a sus sentimientos, 

Reciban un cordial abrazo,
Héctor Augusto


De Francisco

El caos no tuvo oportunidad de presentarse, la humanidad dormirá tranquila esta noche. 3: 14: ?? lo veré en la foto.

Gracias todos los que pusieron su entusiasmo en que yo terminará.

Un abrazo

Francisco


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Tabla oficial del abedul en la carrera de la media maratón:
 

Actor

Tiempo

Puesto

Camilo

1:45:??

?

David Francisco

1:55:49

4.196

Norberto

2:05:43

5.412

Margarita

2:15:00

?

Junior

2:18:10

6.577

Andrés

2:21:08

6.814

Francisco

3:14:01

8.237

 
quedan pendientes los tiempos de Cesar y Juan Pablo

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