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De Angeles Rocío

"Hablas allí de la invasión de los bárbaros y yo me pregunto si la comparación es justa y en todo caso si son justas las consideraciones que haces sobre ellas. El imperio Romano precipitó por si mismo su caída, (cosa que por causas tecnológicas y bélicas el imperio actual no provocará su derrumbe si no la destrucción del planeta o al menos la destrucción de culturas y pueblos enteros,) por añadidura y por la organización gentilicia de los germanos, más la participación de La Iglesia origino La Edad Media, una época oscura, si  hubo una  más que la actual.

La inmoralidad de las costumbres romanas, el uso de las torturas, la muerte como espéctaculo de diversión,  la despiada explotacion de sus dominios y, hasta  que Mario se levantó."

Las grandezas de Roma

Ángeles Rocío Tillet

Ahora estamos junto a su sepulcro. La garlopa niveladora de la dominación mundial de los romanos había pasado durante siglos por todos los países de la cuenca del Mediterráneo. En todas partes donde el idioma griego no ofreció resistencia, las lenguas nacionales tuvieron que ir cediendo el paso a un latín corrupto; desaparecieron las diferencias nacionales, y ya no había galos, íberos, ligures, nóricos; todos se habían convertido en romanos. La administración y el Derecho romanos habían disuelto en todas partes las antiguas uniones gentilicias y, a la vez, los últimos restos de independencia local o nacional. La flamante ciudadanía romana conferida a todos, no ofrecía compensación; no expresaba ninguna nacionalidad, sino que indicaba tan sólo la carencia de nacionalidad. Existían en todas partes elementos de nuevas naciones; los dialectos latinos de las diversas provincias fueron diferenciándose cada vez más; las fronteras naturales que habían determinado la existencia como territorios independientes de Italia, las Galias, España y África, subsistían y se hacían sentir aún. Pero en ninguna parte existía la fuerza necesaria para formar con esos elementos naciones nuevas; en ninguna parte existía la menor huella de capacidad para desarrollarse, de energía para resistir, sin hablar ya de fuerzas creadoras. La enorme masa humana de aquel inmenso territorio, no tenía más vínculo para mantenerse unida que el Estado romano, y éste había llegado a ser con el tiempo su peor enemigo y su más cruel opresor. La misma Roma se había convertido en una ciudad de provincia como las demás, privilegiada, pero ya no soberana; no era ni punto céntrico del imperio universal ni sede siquiera de los emperadores y gobernantes, pues éstos residían en Constantinopla, en Tréveris, en Milán. El Estado romano se había vuelto una máquina gigantesca y complicada, con el exclusivo fin de explotar a los súbditos. Impuestos, prestaciones personales al Estado y censos de todas clases sumían a la masa de la población en una pobreza cada vez más angustiosa. Las exacciones de los gobernantes, los recaudadores y los soldados reforzaban la opresión, haciéndola insoportable.

He aquí a qué situación había llevado el dominio del Estado romano sobre el mundo: basaba su derecho en la existencia del mantenimiento del orden en el interior y en la protección contra los bárbaros en el exterior; pero su orden era más perjudicial que el peor desorden, y los bárbaros contra los cuales pretendía proteger a los ciudadanos eran esperados por éstos como salvadores.

No era menos desesperada la situación social. En los últimos tiempos de la república, la dominación romana reducíase ya a una explotación sin escrúpulos de las provincias conquistadas; el imperio, lejos de suprimir aquella explotación, la formalizó legislativamente. Conforme iba declinando el imperio, más aumentaban los impuestos y prestaciones, mayor era la desvergüenza con que saqueaban y estrujaban los funcionarios. El comercio y la industria no habían sido nunca ocupaciones de los romanos, dominadores de pueblos; en la usura fue donde superaron a todo cuanto hubo antes y después de ellos. El comercio que encontraron y que había podido conservarse por cierto tiempo, pereció por las exacciones de los funcionarios; y si algo quedó en pie, fue en la parte griega, oriental, del imperio.

 Empobrecimiento general; retroceso del comercio, de los oficios manuales y del arte; disminución de la población; decadencia de las ciudades; descenso de la agricultura a un grado inferior; tales fueron los últimos resultados de la dominación romana universal.

La agricultura, la más importante rama de la producción en todo el mundo antiguo, lo era ahora más que nunca. Los inmensos dominios (“latifundia”) que desde el fin de la república ocupaban casi todo el territorio en Italia, habían sido explotados de dos maneras: o en pastos, allí donde la población había sido remplazada por ganado lanar o vacuno, cuyo cuidado no exigía sino un pequeño número de esclavos, o en villas, donde masas de esclavos se dedicaban a la horticultura en gran escala, en parte para satisfacer el afán de lujo de los propietarios, en parte para proveer de víveres a los mercados de las ciudades. Los grandes pastos habían sido conservados y hasta extendidos; las villas y su horticultura habíanse arruinado por efecto del empobrecimiento de sus propietarios y de la decadencia de las ciudades. La explotación de los “latifundia”, basada en el trabajo de los esclavos, ya no producía beneficios, pero en aquella época era la única forma posible de la agricultura en gran escala. El cultivo en pequeñas haciendas había llegado a ser de nuevo la única forma remuneradora. Una tras otra fueron divididas las villas en pequeñas parcelas y entregadas éstas a arrendatarios hereditarios, que pagaban cierta cantidad en dinero, o a “partiarii” (aparceros), más administradores que arrendatarios, que recibían por su trabajo la sexta e incluso la novena parte del producto anual. Pero de preferencia se entregaban estas pequeñas parcelas Una tras otra fueron divididas las villas en pequeñas parcelas y entregadas éstas a arrendatarios hereditarios, que pagaban cierta cantidad en dinero, o a “partiarii” (aparceros), más administradores que arrendatarios, que recibían por su trabajo la sexta e incluso la novena parte del producto anual. Pero de preferencia se entregaban estas pequeñas parcelas a colonos que pagaban en cambio una retribución anual fija; estos colonos estaban sujetos a la tierra y podían ser vendidos con sus parcelas; no eran esclavos, hablando propiamente, pero tampoco eran libres; no podían casarse con mujeres libres, y sus uniones entre sí no se consideraban como matrimonios válidos, sino como un simple concubinato (“contibernium”), por el estilo del matrimonio entre esclavos. Fueron los precursores de los siervos de la Edad Media.

Había pasado el tiempo de la antigua esclavitud. Ni en el campo, en la agricultura en gran escala, ni en las manufacturas urbanas, daba ya ningún provecho que mereciese la pena; había desaparecido el mercado para sus productos. La agricultura en pequeñas haciendas y la pequeña industria a que se veía reducida la gigantesca producción esclavista de los tiempos del imperio, no tenían dónde emplear numerosos esclavos. En la sociedad ya no encontraban lugar sino los esclavos domésticos y de lujo de los ricos. Pero la agonizante esclavitud aún era suficiente para hacer considerar todo trabajo productivo como tarea propia de esclavos e indigna de un romano libre, y entonces lo era cada cual. Así, vemos, por una parte, el aumento creciente de las manumisiones de esclavos superfluos, convertidos en una carga; y, por otra parte, el aumento de los colonos y los libres depauperados (análogos a los “poor whites” de los antiguos Estados esclavistas de Norteamérica). El cristianismo no ha tenido absolutamente nada que ver con la extinción gradual de la esclavitud. Durante siglos coexistió con la esclavitud en el imperio romano y más adelante jamás ha impedido el comercio de esclavos de los cistianos, ni el de los germanos en el Norte, ni el de los venecianos en el Mediterráneo, ni más recientemente la trata de negro. La esclavitud ya no producía más de lo que costaba, y por eso acabó por desaparecer. Pero, al morir, dejó detrás de sí su aguijón venenoso bajo la forma de proscripción del trabajo productivo para los hombres libres. Tal es el callejón sin salida en el cual se encontraba el mundo romano: la esclavitud era económicamente imposible, y el trabajo de los hombres libres estaba moralmente proscrito. La primera no podía ya y el segundo no podía aún ser la forma básica de la producción social. La única salida posible era una revolución radical.


De Francisco

Angeles Rocío: Hay problemas cuando damos a las entidades políticas las cualidades de los hombres, los imperios existen y desaparecen o se desvanecen por el actuar de los hombres que lo integran. Roma tuvo, para mí, el inicio de su derrumbe por haber permitido las prácticas de los cristianos y la propagación de sus creencias. "Volver la otra mejilla al agresor", no es una actitud conveniente para el conquistador ni lleva al guerrero a ninguna parte. Pero te prometo que leeré a Vico, Spengler y Gibbon con cuidado para buscar una respuesta más a tono con la densidad y calidad tu artículo en la situación particular de Roma. Te recuerdo que vastaron solo tres meses para que se diera la invasión de los árabes a España y se tardaron siglos para que fueran derrotados y expulsados.

Sobre la encrucijada de la proscripción del trabajo a los ciudadanos, mucho antes y es de todas las culturas que el trabajo es una verguenza para el hombre, Manú en sus leyes lo reitera, no tengo en mente las alusiones al trabajo en el libro de la Verdad, pero creo que ya tiene una connotación negativa cuando se condena a Adán "a ganar el pan con sudor de la frente". Mas tarde te traigo las citas de Manú que es mi libro de cabecera.

La percepción que tengo de que Colombia, está siendo invadida por los bárbaros, sigue en pie. El domingo se publicó en un diario de circulación nacional, con dineros de los contribuyentes colombianos, por orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos una separata que condena al gobierno colombiano entre otras pagar indemnizaciones costosas, eregir monumentos y otras barbaridadades más; hoy la noticia es:

"Cuando David Dreier fue invitado, el martes en la noche, a intervenir en la plenaria de la Cámara, el congresista de E.U. se subió al atril del Salón Elíptico y se sentó sobre él".

y la disputa periodística es si esto es un irrespeto a la majestad del Congreso o un acto de incultura sin malicia alguna. La segunda noticia del día es que tendremos al presidente de la república boliviarana en una visita de seis horas (nos salvamos de tenerlo dos días), para escucharle sus mandamientos de la participación suya en el canje de rehenes secustrados privilegiados (60) en poder de las Farc a cambio de los guerrileros (1000) presos y condenados por la justicia. La tercera es la solicitud encarecida de los familiares de sea la Cruz Roja Internacional (funcionarios suizos), la que asuma las negociaciones con las Farc para el canje de los cadáveres de once diputados asesinados cuando estaban estan secuestrados en su poder. La cuarta es el la entrevista que concedió un cabecilla de las Farc a un (bárbaro) periodista argentino publicada en Clarin, el domingo y el lunes.  El asalto a un campamento de la insurgencia y un diario personal incautado ha puesto en el tapete que tenemos una legión extranjera de veinte holandeses enrolados en las Farc. No te abrumo más por el momento, porque yo, viendo esto, estoy abrumado y me estoy sintiendo profeta o casandra.

Un beso

 

Francisco


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La invasión de los barbaros

 



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