Los propósitos de año nuevo son una lista de intenciones donde se pretende borrar esa parte de nosotros mismos que no nos agrada y que a veces detestamos. Todos los años desde hace tiempo hago mi lista y me ha servido para mejorar mis relaciones con la familia y con los amigos, para llegar a momentos de gran felicidad; algunos, con el paso del tiempo, se han convertido en motivo de inmensa satisfacción por el resultado.
Es lamentable que no se haga más a menudo ese tipo de revisiones, que no se materialicen éstas por escrito para dar más validez al compromiso, para hacer más rigurosa la selección y la clasificación y, en síntesis, para tener un proceso existencial más armónico y feliz.
Bajar peso y pagar todas las deudas son propósitos eternos desde los tiempos babilónicos hace cinco mil años. Así lo revelan las tablillas sobre el tema que se han encontrado. Yo no he podido escapar a esa carga.
La búsqueda de la perfección: ser mejor, como el monje budista que dejó escrito sus cuatro votos también desde hace milenios. Propagados después por Margaret Yourcenar
"Por numerosos que sean mis errores Me esforzaré para vencerlos
Por difícil que sea el estudio A él me entregaré
Por ardua que sea la Vía de la perfección Haré lo que esté a mi alcance para caminar en ella.
A pesar de la gran cantidad de criaturas errantes en la extensión de los tres mundos A su salvación me consagraré".
Ser social. No tengo a mano un texto culto para explicarlo, pero digamos que ese llamado de ‘Colombia se desangra’ que fue el comienzo del abedul hace unos años, contiene la esencia del compromiso de ser activo en el conflicto colombiano, de vivir y sentir el dolor del desplazado, del ‘ajusticiado’ y de los que sin ningún poder ni intención se ven atrapados y sometidos por los que tienen la supremacía de las armas y con el apoyo del metal creen ciegamente que tienen la supremacía de la razón. Luchar de todo corazón con los recursos disponibles para mejorar el entorno social en que vivimos. Que sea otro propósito.