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Canciones y Coplas populares [1]

 

      Jorge Isaacs (1837-1895) [2]

1       Si el más triste de los tristes
mis lamentos escuchara,
por compadecer mis penas
de las suyas se olvidara.

2       Cinco sentidos tenemos;
todos los necesitamos;
todos cinco los perdemos
cuando nos enamoramos.

3       Muchos constancia prometen
mientras logran sus intentos,
y logrando lo que quieren,
si te vide no me acuerdo.

4       Si mi cuidado es causa
de disgustarte,
Mira que es imposible
el olvidarte;
que si pudiera,
sólo por complacerte,
mi amor, lo hiciera.

5       Si la pasión te ciega,
mira primero
donde pones los ojos,
no llores luego:
los ojos abre;
mira que cuando acuerdes
será ya tarde.

6       El alma y las tres potencias
con mi corazón te di,
porque estaba convencido
que para amarte nací.

7       La vida paso muriendo;
si muriera, viviría,
porque muriendo, saldría
del mal que sufro viviendo.

8       A conquistar tu plaza
me dirigía
cuando vi que otro.
puso su batería;
mudé de intento
y puse en otra parte
mi pensamiento.

9       Malos pensamientos tienes
y yo mil presentimientos:
para dejar de pensar,
mudemos de pensamiento

10      Cuando te contemplo ausente
con más fineza te adoro,
mi cogollo de romero,
mi bello granito de oro.

11      Si piensas que en tí piensa
mi pensamiento,
piensas en una cosa
que yo no pienso;
si la pensara
como mal pensamiento
la desechara.

12      Quisiera con un suspiro
descerrejar esta puerta,
por ver si la vida mía
está dormida o despierta.

13      El clavel que me diste
lo tengo en agua,
porque no se marchite,
¡prenda del alma!

14      Qué lejos estás de mí;
no te alcanzo a divisar;
los cerros tienen la culpa,
¡Quién los pudiera tumbar!

14      Ausente del bien que adoro
cualquiera me considere:
¿Qué gustos podré tener
sin saber si vive o muere?

15      Suerte, suerte desgraciada,
¿Para qué dichas mediste?
¿Por qué con tiempo no viste
que dichas no duran nada?

16      Di, Cali, en qué te ofendí:
¿Por qué tanto me maceras?
¡Ay! ¿por qué como las fieras
me despedazas así?

17      Adiós, Cali tan famoso,
tierra donde yo nací,
que para otros eres madre
y madrastra para mí.

18      Adiós, Popayán hermoso,
tierra de la picardía,
adiós, patojas del diablo,
que yo volveré algún día.

19      Allá arriba en esa loma
tengo un pañuelo volando,
y en las puntas tiene escrito:
'Ya mi amor se va acabando'.

20      Aunque la puerca sea rusia
y la maten en la villa,
y le echen leche a la sangre,
siempre es negra la morcilla.

21      Si la sirena se embarca
con ella te escribiré:
mi sangre será la tinta,
mi corazón el papel.

22      Si yo fuera pajarito,
a verte fuera derecho,
y con pajitas y plumas
hiciera nido en tu pecho.

23      Mi vida, si tú me quieres
no se lo digas a nadie;
mete la mano en tu pecho,
dile al corazón que calle.

24      En el mar de tu pelo
navega un peine,
y a las olitas que hace
mi amor se duerme.

25      Propasas tanto a Venus
en tu hermosura,
cuanto va de lo vivo
a la pintura.

26      Aunque nunca me quieras
he de quererte,
y se que estos amores
me dan la muerte.

27      Aunque tú no me quieras,
yo he de quererte,
porque esos tus amores
me dan la muerte.

28      Yo soy, trigueña, yo soy
quien todo el alma te fía:
quiéreme por vida tuya,
que yo te adoro, alma mía.

29      Quien no previene los daños
ni los peligros advierte,
a golpes de desengaños
será razón que despierte.

30      Es tánto lo que te quiero
y mi amor tan majadero,
que cuando te veo me escondo
y por verte desespero.

31      Es tanto lo que te quiero
y lo que te quiero es tanto,
que te quisiera tener
en mi pecho como santo.

32      Ojos negros y pardos
son los comunes,
pero los de mi gusto
son los azules.

33      Ojitos de cambalache,
que lindo mirar tenéis;
por donde quiera que vais
un cambalachito hacéis.

34      Ojitos de cambalache,
que lindo mirar tenés;
por cualquier parte que andás
tu cambalachito hacés.

35      Cuando un negro me saluda,
¡Ay! que miedo que me da
de verle los ojos blancos,
¡Santísima Trinidad!

36      Un volcán tengo en el pecho,
que arde de diversos modos,
y yo, callando, me abraso
porque no lo sepan todos.

37      Abreme la puerta, cielo,
que yo no vengo a dormir,
sólo te vengo a decir...
que si me quieres, te quiero.

38      Ojos habrá desgraciados,
pero no como los míos,
porque mis ojos se hicieron
para aumento de los ríos.

39      Cuando un pobre se enamora
y un rico se le atraviesa,
sale el pobre puerta afuera
rascándose la cabeza.

40      Eres un granito de oro,
una perla dibujada;
eres aquel pajarito
que canta a la madrugada.

41      Jamás, mi bien, hallarás
quien, como yo, por tí muera:
hallarás quien bien te quiera,
más no quién te quiera más.

42      Ya la luna no me alumbra,
los alares no hacen sombra;
y con esto me despido:
hasta mañana, paloma.

43      Clavelito colorado
matizado con romero,
¿Cómo no te he de querer
si fuiste mi amor primero?

44      Clavelito colorado,
de la mata te cogí:
la mata quedó llorando
como yo lloro por ti.

45      Adoremos esta casa
y al albañil que la hizo,
pues por dentro está la gloria
y por fuera el paraíso.

46      Alabemos esta casa,
no por su merecimiento,
sino por la gente honrada
que está de puertas adentro.

47      ¿Para qué son tus caricias,
tus caricias para qué,
si al mismo tiempo te faltan
caricias, amor y fe?

48      Te quiero porque me quieres,
te quiero porque me buscas
te quiero porque te quiero,
te quiero porque me gustas.

49      ¡Válgame Dios! qué cosas
las que preguntas:
¿Sabes por qué te quiero?
porque me gustas.

50      Me mandan bailar la pisa
la pisa yo no la sé,
que para bilar la pisa
las indias de Santa Fé.

51      De repente me han sacado
a bailar el mollejón
quién sabe como me vaya
por ser primera ocasión.

52      Debajo de tu ventana
me cogieron prisionero,
y para pena mayor
me ataron con tu pañuelo.

53      Mañana como a estas horas
junto de ella pienso estar,
contándole mis trabajos
hasta que la haga llorar.

54      Por dos pesos que te di
ha habido dos mil enojos:
mira cuánto son dos pesos...
diez y seis reales, mis ojos.

55      Te están celando por mí
sin haber pasado nada:
si no lo hice, lo haré,
pues ya ha corrido mi fama.

56      Las niñas en la ventana
cantando la mejorana;
las viejas en el rincón
desmotando el algodón.

57      En el monte de las Pavas
de continuo está lloviendo...
¿Cómo me quieres negar
lo que mis ojos van viendo?

58      ¡Qué preciosos! ¡qué preciosos!
¡arrayanes florecidos!
¡Cuánta diera por tus ojos
si no estuvieran vendidos!

59      Debajo del limonero,
donde el agua no corría,
entregué mi corazón
a quien no lo merecía.

60      Por el filo de una espada
me atrevo a subir al cielo,
por coronarte de gloria,
hermosísimo lucero.

61      Las estrellas en el cielo
caminan de dos en dos:
así caminan mis ojos,
mi vida, detrás de vos.

62      Por esta calle me voy,
por la otra doy la vuelta;
la muchacha que me quiera,
que tenga la puerta abierta.

63      ¿Para qué son gustos
si se han de acabar?
más valen mis penas,
que me han de durar.

64      Cruelísima condición
la que en suerte me ha tocado:
he de vivir separado
de mi propio corazón.

65      A tan triste condición
la suerte me ha sujetado,
que he de vivir separado
de mi mismo corazón.

66      La naranja nació verde
y el tiempo la maduró;
mi corazón nació libre
y el tuyo lo cautivó.

67      Tú me amas de corazón,
y que te amo, es cosa cierta;
en decir tengo razón:
'Cuando la puerta está abierta
no tiene culpa el ladrón'.

68      Chiquitica te buscaba,
chiquitica te encontré;
hermosura de mis ojos,
¡cuándo yo te olvidaré!

69      Adiós, pajarillo triste,
que aprisionado en tu jaula,
tan pronto gimes y lloras
como enamorado cantas.

70      Quiere volar y no puede,
y sacudiendo las alas,
llora en su prisión primera
a su libertad pasada.

71      Desde que te vi venir
montadita en una avispa,
le dije a mi corazón:
este diablo ya no arrisca.

72      Esta noche voy allá;
desde ahora te lo aviso;
si la puerta es sonadora
úntale cebo en el quicio.

73      Vuela, pensamiento, y dile
a la niña que más quiero,
que aquí en mi pecho hay amor
y en mi bolsillo dinero.

74      Satisfacciones no pido:
dáselas a quien quisieres,
que bien satisfecha estoy
del poco amor que me tienes.

75      Con esta mi bandolita
me atrevo a voltear el mundo
enamorando muchachas,
vagamundo, vagamundo.

76      Una bonita puede
con un suspiro
resucitar a un muerto,
matar a un vivo,

77      Donde me dijiste adiós,
triste me quedé pensando,
sin poderte responder:
adiós, mi vida; ¿hasta cuándo?

78      Ya se murieron mis perros,
ya quedó mi rancho solo;
mañana me muero yo
para que se acabe todo.

79      Cuando te vas a bañar
avísame tres días antes,
para empedrarte el camina
de rubíes y diamantes.

80      Zamba del demonio,
¿Cuándo te veré
en la tasajera
colgada de un pié?

81      Lucerito de mañana,
no te vas a enajenar,
que aunque la vida me cueste
contigo me he de quedar.

82      Es mucho lo que te quiero
y la que te quiero es mucho,
pues te quisiera llevar
en la oreja como pucho.

83      Las mujeres son el diablo
cuando ven a un hombre pobre:
lo ponen de candelero,
como si fuera de cobre.

84      El amar de las mujeres
es como el del gallinazo,
que en comiéndose la carne
al hueso no le hacen caso.

85      Cuando una mujer te diga
que te quiere y te idolatra,
es porque te tiene vista
la bolsa llena de plata.

86      Cuando una mujer te dice
que te quiere y que te adora,
es porque te tiene puesto
tu buen marchante a la cola.

87      Cuando una mujer te jura
que te quiere y que te estima,
es porque tiene ya puesto
el matachín en la esquina.

88      Yo me enamoré del aire,
del aire de una mujer;
como la mujer es aire
en el aire me quedé.

89      Diera ya por conseguirte
y porque tú me quisieras,
las dos niñas de mis ojos,
aunque quedara sin ellas.

90      A cada paso que doy
me parece que te veo:
es tu sombra que me sigue
a apariencias del deseo.

91      Antes de conocerte,
ya te quería,
y soñaba contigo
hasta de día.

92      Desde que te ví, te amé,
y todo fue de improviso;
no sé qué sería primero,
si amarte o haberte visto.

93      Qué bonita está la luna,
y un lucero la acompaña;
¡qué triste se pone un hombre
cuando una mujer lo engaña!

94      Cinta colorada
de la nueva unión,
teñida con sangre
de mi corazón.

95      Águila que vas volando
y en el pico llevas viento,
llévame este papelito
donde está mi pensamiento.

96      Aguila que vas volando
y en el pico llevas flores,
llévale este papelito
al amor de mis amores.

97      El naranjo tiene espinas,
siendo un árbol tan frondoso
mi corazón es el firme
y el tuyo es el engañoso.

98      Yo soy como el tominejo,
que pica de flor en flor,
pues de todas me enamoro
y en ninguna pongo amor.

99      Yo soy el zambo sarambo
que fuma tabaco en bomba,
y si saco mi garrote
no hay zambo que se me ponga.

100    Yo soy hombre entre los hombres
y entre las gallinas, gallo,
y en el corral de mis yeguas
no me relincha caballo.

101    Me decís que me querés;
yo digo que así será:
para mí será el cariño,
para otro ... la voluntá.

102    Ya me lo quiere decir,
y yo que se las entiendo...
plata es lo que necesita
y esa es la que yo no tengo.

103    Morenito soy, señora,
yo no niego mi color,
que entre rosas y azucenas
lo moreno es lo mejor.

104    ¡Cuántas guayabas maduras!
¡Cuánto limón por el suelo!
¡Cuántas muchachas bonitas!
¡Cuánto galán sin dinero!

105    Dicen que los que se mueren
primero visiones ven;
yo he visto unos ojos negros...
no sé si me moriré.

106    Corazones partidos
yo no los quiero,
que cuando doy el mío
lo doy entero.

107    Dicen que los celos matan;
los celos no matan, no,
que silos celos mataran
ya me hubierta muerto yo.

108    Mi madre me las pegó
porque le pedí marido;
vuélvame, madre, a pegar
y deme lo que le pido.

109    Cuando un hombre se enamora
de mujer que no lo quiere,
es lo mismo que encontrarse
un calvo, en la calle, un peine.

110    Allá arriba en aquel alto
hay un pozo entre limones,
donde lloran las mocitas
tiernamente por los hombres.

111    Yo supe que te casabas
y no fuí a tu casamiento
por no ver otro sentado
donde pusiste mi asiento.

112    Las tres amonestaciones
que en el coro se leyeron
fueron los tres parasismos
que en el corazón me dieron.

113    A ti te estarán vistiendo
de blanco, verde y azul,
y a mi me estarán diciendo:
'Hermano, diga Jesús'.

114    A ti te estarán probando
el lindo traje de gala,
y a mí me estarán sacando
del aposento a la sala.

115    A ti te estarán poniendo
las sortijas, los zarcillos,
y a mí me estarán cargando
en sus hombros mis amigos.

116    En la puerta de la iglesia
a él le entregarán tu mano,
y a mí me estarán poniendo
un hábito franciscano.

117    En la puerta de la iglesia
saldré a recibirte el cura,
y a mí me estarán llevando
a mi triste sepultura.

118    A ti te estarán poniendo
en el cuello la cadena,
y a mí me estará cubriendo
la primer capa de tierra.

119    ¡Qué recio bailan los novios!
¡qué recio que están bailando!
más recios suenan los golpes
del cuerpo que están pisando.

120    ¿De qué te sirve, señora,
tanta gala y hermosura
si todo viene a quedar
al pie de la sepultura?

121    Haré por ti un sacrificio,
el que tú por mí no harás:
quererte sin que me quieras;
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?

122    Yo no soy de por aquí:
yo soy de Barquisimeto:
nadie se meta conmigo
que yo con nadie me meto.

123    Yo no soy de por aqui;
yo soy de ciertos lugares:
nadie se meta conmigo,
o le rayo los ijares.

124    Querer una, no es ninguna;
querer dos, algo será:
cuando la una esté brava,
la otra contenta estará.

125    Quien se enamora de una
debe completar las dos,
y si no ajusta las tres
no tiene perdón de Dios.

126    La niña que está bailando
se parece a Santa Rita,
por los ojitos humildes
y esa boca tan bonita.

127    Si porque te quiero piensas
que ya me voy a casar,
escapa la banderilla,
que yo lo que sé es torear.

128    Desde mi tierra he venido
pisando espinas y abrojos
sólo por venir a verte,
vida mía de mis ojos.

129    Desde mi tierra he venido
pisando espinas y abrojos
sólo por venir a ver,
vida de mi alma, esos ojos.

130    Desde mi tierra he venido
rodando como pelota
sólo por venirte a ver,
barriga de puerca chota.

131    Niña de los veinte novios,
ya conmigo son veintiuno;
si todos son como yo
te quedarás sin ninguno.

132    Allá te mandé un pañuelo
llenito de colación;
la punta estaba manchada
con sangre del corazón.

133    Estos mocitos de ahora
mucho gastan en planchado:
irles a ver el bolsillo
lleno de plátano asado.

134    Mañana me voy de aquí,
como todos lo verán;
a vuelta de mis espaldas
sabe Dios lo que dirán.

135    Aunque no me quieras más
después de haberme querido,
siempre me queda un consuelo:
en tus brazos he dormido.

136    Si porque te estoy queriendo
te manifiestas ingrata,
sabe que estás en el mundo,
y 'quien a cuchillo mata'

137    Si porque te estoy queriendo
te manifiestas infiel,
sabe que estás en el mundo
y 'que a donde ha de ir el buey'

138    Si porque te estoy queriendo
me das tantas amarguras,
sabe que estás en el mundo,
y 'el que ha de morir a oscuras

139    Para los bimbos maíz,
para los gansos pescado,
como la mujer bonita
para el hombre enamorado.

140    A las gallinas maíz,
a las garzas el pescado,
y las muchachas bonitas
para el hombre enamorado.

141    Asómate a la vergŸenza
cara de poca ventana
y échame un jarro de sed
que me estoy muriendo de agua.

142    Asómate a la ventana
y ve lo que van vendiendo;
los calzones de tu amante
hechos un solo remiendo,

143    Las muchachas de esta tierra
son como pocas, bonitas:
pero son más pedigŸeñas
que las ánimas benditas.

144    Te quiero más que a mí mismo,
te quiero más que a mi madre,
y si no fuera pecado,
más que a la Virgen del Carmen.

145    Las mujeres son el diablo,
son el mismo lucifer;
se visten por la cabeza,
se desvisten por los pies.

146    Hasta los palos del monte
nacen con separación:
con los unos hacen santos
y con los otros carbón.

147    De una costilla de Adán
hizo Dios a la mujer,
para que el hombre tuviera
ese hueso que roer.

148    Si el naranjito de amores
no tuviera sus azares,
fuera mi quita-dolores,
fuera mi quita-pesares.

149    Al señor garrapatero
lo llaman para escribano,
y él dice que no podrá
porque le tiembla la mano.

149    En un hospital de amores
un loco me aconsejó
que no quisiera a una sola,
que de eso se enloqueció.

150    Si un caballero te manda
que le ensilles el caballo,
déjale la cincha floja
aunque se lo lleve el diablo.

151    Antonio, te tengo dicho
que echés ese gato afuera,
porque no quiero en mi casa
(que a mi madre no le gustan)
gatos de cabeza negra
¡Quíchito, perro!
¡Quichito, gato!
si no lo espanta
yo ya lo mato.

152    Antonio, te tengo dicho,
por el Ángel San Gabriel,
que me prestes los zurrones
para que tiren la miel
¡Quíchito, perro!
¡Quíchito, gato!
si no lo espanta
ya yo lo mato.

153    Toma un puñal,
rómpeme el pecho,
ve tu retrato,
que está bien hecho.

154    Con esta muchachita
me caso yo;
bendita sea la madre
que la parlo.

155    El corazón, site veo,
parece que se me parte;
y mi alma quiere salir
para verte y abrazarte.

156    La voluntad que te tengo
¡Cuándo se me ha de acabar,
si cada vez que te veo
me consuelo con llorar!

157    Mi pecho, si hablas, suspira;
y al verte, solloza el alma,
y si te miro, a mis ojos
se asoma siempre una lágrima.

158    Ojos verdes son el mar;
ojos azules, el cielo;
ojos pardos, purgatorios,
y ojos negros, el infierno.

159    El amor es un bichito
que por los ojos se mete,
y en llegando al corazón,
Francisco Javier, tenéte.

160    Una vez que te dije
que me quisieras,
te pusiste más alta
que las estrellas.

161    Señor Jaramillo
me escribió un papel
que si yo quería
casarme con él:
yo le contesté,
con tinta y papel,
que me casaría,
pero no con él.

162    Las muchachitas de mi tierra
son como el terrón de azúcar;
el que las llega a probar
hasta los dedos se chupa.

163    Los ojos de mi morena
se parecen a mis males;
negros como mi fortuna,
grandes como mis pesares.

164    Hice voto de quererte,
mil empeños de adorarte:
fortuna fue conocerte,
desgracia fuera olvidarte.

165    Una guacharaca mansa
y un chilacó cimarrón,
y una muchacha bonita
que me roba el corazón.

166    Por aquella ventana
me tiran flechas;
como sean de tus manos,
vengan derechas.

167    No digo que no me gustan
tus gracias y tu belleza;
pero del amor al gusto
hay una distancia inmensa.

168    Hay ojos que dan enojos,
hay ojos que congracean,
hay ojos que con mirar
consiguen lo que desean.

169    Amantes fuimos y somos,
amantes hemos de ser,
porque no hay poder humano
que al amor pueda vencer,

170    La pobreza es un borrón
que a todo mundo oscurece:
al pobre, aunque sea muy noble,
no lo ven como merece.

171    Mis ojos tienen la culpa,
con ellos he de pelear,
porque con ellos he visto
lo que no puedo olvidar.

172    Mañana me voy de aquí,
mañana será mi viaje;
sólo un beso y un abrazo
serán mi matalotaje.

173    Mi vida, si así deseas
a mis penas dar alivio,
busca pronto la ocasión
de verte a solas conmigo.

174    ¿De qué me sirve llorar
si mi dueño no lo sabe?
las lágrimas en ausencia
cuestan mucho y poco valen.

175    Primero que encuentres,
niña, amor firme como el mío,
se volverán plata y oro
los arenales del río.

176    Me acuerdo, que, llorando,
dijiste un día,
que sólo con la muerte
me olvidarías.

177    ¿Dices que no me quieres?
tengo el consuelo
de saber que tú sabes
que yo te quiero.

178    La camisa tengo rota
y yo no la he de coser
en todos los agujeros
tusitas le he de meter.

179    Amante leal y rendido
tu amistad solicité,
y tan infeliz fuí que
me hallé mal correspondido.

180    ¿Has vista cuando, al tomar
un músico el instrumento,
aplica el oído atento
hasta poderlo templar;
y si luego, al registrar,
una cuerda falsa siente
pone la mano impaciente,
tuerce la clavija airado
y da por muy bien empleado
que esa cuerda se reviente?

181    Por haber mi amor mudado
te quejas a grito herido:
me espanta el haber querido
mas no el haberme cansado.

182    Ven a ver, pasajero sensible,
ven a ver con asombro y horror,
las reliquias de un pueblo infelice
que Caracas por nombre llevó.

183    Si porque te quiero, quieres
que yo la muerte reciba,
hágase tu voluntad;
muera yo porque otro viva.

184    Si me vieras padecer
por tí, niña, tan de veras,
lástima te había de dar
aunque amor no me tuvieras.

185    Yo comí de la retama,
del cogollo la mitad
pues no hay cosa más amarga
que un amor pagado mal.

186    Ahora que está bailando
la rosa con el clavel
la rosa que se deshoja
y el clavel la va a coger.

187    Morir será lo mejor;
mis penas se acabarán:
mis padres me llorarán,
que abandoné por tu amor.

188    El amor que te tenía
era poco y se acabó:
lo puse en una lomita
y el viento se lo llevó.

189    De dos amores que tuve,
al uno le dió la peste
y el otro que me ha quedado...
Ven, Coco, y llevaste éste.

190    Si el amor que puse en ti,
tan firme y tan verdadero,
yo lo hubiera puesto en Dios
me hubiera ganado el cielo.

191    Dices que nada te quiero,
¿Por qué no te he de querer?
yo me hago el desentendido
para no darlo a entender.

192    El amor que te tenía
era de vara y tres cuartas;
lo puse en la talanquera;
se lo comieron las vacas.

193    Déjame seguirte al monte,
déjame coger la flor,
déjame dormir un sueño
en tus bracitos, mi amor.

194    Déjame dentrar al monte,
déjame coger las ramas,
déjame dormir un sueño
en tu regalada cama.

195    Eres un granito de oro
ensartado en un bejuco;
¿Cómo quieres que te quiera
si tu cuerpo es tan maluco?

196    Desde mi tierra he venido
pisando chiribitales,
sólo por venirte a ver,
boquita de dos corales.

197    Mi mulita la tenía
amarrada en la quebrada,
como era de contrabando
se la llevaron los guardas.

198    ¡Lástima de mi mulita!
¿Para qué la vendería?
cuando yo montaba en ella,
en el paso se dormía.

199    -Dime, niña bonita,
¿Quién te mantiene?
-Las tropas de Colombia
que van y vienen.

200    Adiós, ramita de albahaca,
cogollo de ajonjolí,
me tienes inquieta el alma
desde la hora en que te vi.

201    Dígame, Señor herrero,
cuánto fierro ha menester
para ponerle un candado
en la boca a mi mujer.

202    El alcalde me destierra,
el cura me descomulga,
mi madre me muele a palos
y el amor zumba que zumba.

203    La mujer amorosa
corre el peligro
de las flores que nacen
junto al camino.

204    Ciento cincuenta pesos
daba la viuda
sólo por la sotana
del señor cura;
el cura le responde
con gran contento:
-'Mi sotana se vende
conmigo adentro':
y la viuda contesta
con alegría:
-'Esa era la sotana
que yo quería'!

205    No te alegres de mi mal,
que pende de una campana,
pues lo que hoy pasa por mí
pasará por ti mañana.

206    Te dije que te quería
y siempre te estoy queriendo;
el amor que te tenía
siempre te lo estoy teniendo.

207    Cuando vas a comprar paño
pide la muestra,
que en el paño hay mucho engaño,
como en la mujer compuesta.

208    Al diablo doy la mujer
que viste enaguas en suma,
porque ave de mucha pluma
tiene poco qué comer.

209    El corazón me has pedido
siendo una cosa tan dura;
si te doy el corazón
se me daña la asadura.

210    El amor del hombre pobre
es como el del gallo enano,
que en correr y no alcanzar
se le pasa todo el año.

211    En el patio de mi casa
corre el agua a borbollón;
quien te dió casa de teja
que te dé la varazon.

212    A la quebradita fui
sólo por verte pasar;
hasta el agua se enternece
de ver mis ojos llorar.

213    Dicen que una hermosa dama
el corazón me entregó;
pero el corazón, sin ella,
¿para qué lo quiero yo?

214    El corazón de mi dama
dicen que lo tengo yo;
el corazón sin la dama
¿para qué lo quiero yo?

215    Una ocasión que lloré
me callaron con mamar;
cebadito me quedé
a cada rato llorar.

216    Echame mi manta afuera,
mi mochila y mi bordón,
y mis dos pares de albarcas
y verás como me voy.

217    Ese tiempo que gasté
en quererte, vida mía,
gastado en torcer cabuya,
ya hubiera hecho una guambía.

218    Has dicho que no me quieres
porque soy pobre y tan feo;
yo tengo mi garabato
con que me las cabestreo.

219    A mi mamita le pido
que no me case con tuerto,
porque parece dormido
cuando se está más despierto.

220    Cogí la rosa en la mano
y le sacudí el rocío
para ver si se juntaba
tu corazón con el mío.

221    Aunque el alcalde me coja
y los grillos me remache,
yo nunca te olvidaré
porque así fue el cambalache.

221    Dicen que el águila negra
es la reina de las aves,
y tus ojos han de ser
de mi corazón las llaves.

222    Dicen que el águila negra
es la reina de las aves,
y tus negros ojos son
de mi corazón las llaves.

223    Tienes unos ojos negros
que parecen de azabache;
si fueras cambalachera,
yo te hiciera cambalache.

224    Mi mujer y mi caballo
se me murieron a un tiempo:
qué mujer ni qué demonio,
mi caballo es lo que siento.

225    Decime si me querés,
no me andés con salvajadas;
ayer te escribí una carta
con letricas coloradas.

226    No digo que no me gusten
las gracias de su belleza
pero del amor al gusto
hay una distancia inmensa.

227    En el otro lado vive
la que a mí me está queriendo;
ella está llena de chunche
y hasta a mi me está cundiendo.

228    Si alguna quiere saber
cómo enamoran los blancos,
asómese a una ventana...
- Señora, cómpreme santos.

229    Anoche, mi bien, soñé
que unos negros me mataban,
y eran tus dos ojos negros
que enojados me miraban.

230    Si piensas que por tu amor
me he de volver aceituna,
advierte que soy muchacha
y que me sobra fortuna.

231    Esos tus ojos tan negros
con que me alzas a mirar,
abájalos un poquito
que me puedo condenar.

232    Echate por la ventana
que yo te recibiré,
y si acaso te matares
dirás que yo te maté.

233    Tienes unos ojitos
y unas pestañas
y una boca embustera
con que me engañas.

234    Si tu fueras formalita
yo te diera una camisa
pero eso es vestir altar
para que otro diga misa.

235    Yo no quiero tus amores
ni tampoco tu camisa:
tengo quien vista el altar
y también quién diga misa.

236    Fuerza de amor me obligó
a escribirte, porque en suma,
para eso dice la pluma
lo que un vergonzoso no.

237    El que te escribe soy yo,
y la que dicta es el alma;
el que se muere por ti
ya sabes cómo se llama.

238    Con tinta negra te escribo
porque muy negra es mi suerte;
los renglones apartados
porque de ti vivo ausente.

239    Las mocitas de este tiempo
con trabajo hallan esposo,
pues se dejan engañar
con sortijas de corozo.

240    Corazones partidos
yo no los quiero,
que cuando doy el mío
lo doy entero.

241    Daré mis quejas al mar,
a lo hondo y más profundo,
que de tus ingratitudes
no quiero que sepa el mundo.

242    ¡Ojos negros, ojos negros!
¿Por qué me miráis así?
tan alegres para otros
y tan tristes para mí!

243    En las balanzas de amor
están pesando firmezas:
¿Qué importa que el fiel sea firme
si el engaño está en las pesas?

244    Temeroso de un desprecio
vivo muriendo de amor,
y estoy pasando una vida
más triste que la de Job.

245    Temo que me des el pago
que le dió David a Unas,
y así, con tanta aflicción
lloro como Jeremias.

246    La mujer y la gallina
tienen instintos iguales:
quieren mucho al sexo opuesto
y del suyo son rivales.

247    Pavita del monte
déjame pasar,
que voy de camino
para Popayán.

248    En Cali me dieron fríos,
en Caloto calentura,
en Cartago fue mi muerte
y en Buga mi sepultura.

249    De los chuyacos del día
mi chuyaco es el mejor,
porque mi chuyaco tiene
ajo, pimienta y color.

250    Las mujeres de este tiempo
son como las avellanas:
de ciento sale una buena
y noventa y nueve vanas.

251    Mi mujer y mi caballo
comen en un mismo plato;
mi mujer por lo garosa
tiene a mi caballo flaco.

252    Los suspiros que yo doy
salen de mi pecho franco,
y se dirigen al tuyo
como las balas al blanco.

 


[1]  Apartes del texto del manuscrito hallado en la Biblioteca Nacional de Colombia en fecha indeterminada.

[2]  Jorge Isaacs, escritor y poeta colombiano, nació en Santiago de Cali, Valle del Cauca, en 1837, murió en Ibagué, Tolima, en 1895. Su novela “María” es la  obra más conocida y se considera un clásico de la literatura nacional.


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