El poema tiene igual que el corrío su origen en el romance. La diferencia estriba en que el poema es escrito por un autor más culto que el que escribe corríos, por tal razón el “poema llanero” es una obra literaria de factura culta como la décima, que abarca todos los temas.
La décima ha desaparecido por su estructura exigente. La reemplazó el Poema Criollo por la soltura y libertad para escribirlo.
Poema “Los Cuatro Vientos del Llano” Eduardo Mantilla Trejos
Los cuatro vientos del llano se han dado cita en el río, para cantarle al Arauca que de fiesta se ha vestío.
El uno maneja el cuatro el otro capacho fino, y sobre el hombro del tercero como una dama de pino, descansa el arpa que tiene su sentir comprometido. El cuarto viento que lleva la cédula del prestigio, y carga sobre sus hombros siete cantares antiguos prorrumpe con su voz clara en medio del regocijo.
Un poco más de intención y acompañamiento de arpa, se necesita mi amigo para cantarle al Arauca. Se necesita mejor ser familiar de la casa, darle sentimiento al verso y sentido a la palabra.
Yo que he nacido en el Llano bautizado en la nostalgia, confirmado en la ilusión, y ordenado en la esperanza, quiero cantarle al estero tejerle un verso a la palma, dialogar con los jejenes, cantar con la paraulata, hacerle un corrido al sol y a la luna una tonada, pero por falta de tiempo ya que intenciones no faltan, voy a cantarle a mi río como las leyes lo mandan.
Cuando Dios estaba haciendo las carreteras de agua, y tenía ya al Amazonas, al Orinoco y al Cauca, al Meta y al Putumayo y al fiero río de la Plata, se propuso hacer un río que fuera como la patria de todos los habitantes de las regiones del agua.
Le puso un manto de espumas y cien collares de playas, una sortija de montes y una diadema de garzas. Le dió por ojos un cielo, por voz una serenata, por sentimiento una copla, por guardianes mil barrancas, de padre le nombró el Llano de madre le puso el arpa, y no contento con ésto le puso por oriflama una hermosa población que lleva el nombre de Arauca.
“Sabana, por tus Senderos” Alvaro Ruiz.
Sabana, por tus senderos con mi inquietud y mi soga y mi caballo de viento vengo buscando una copla.
Hacia el lejano confín, locas de vuelo, ramontan unas garcitas morenas; y, en los esteros sin sombra, vivas rosas vespertinas que a la brisa se abandonan, van y vienen, vienen van: bandadas de corocoras.
Sabana, por tus senderos voy persiguiendo una copla altanera que encontré escondida entre las hojas de un caujuro solitario sin nidos y sin palomas y, después, la ví vagar, saltando de copa en copa, hasta juntar su canción al concierto de las frondas cuando tejían las chicharras su cantinela monótona.
Bien se que la encontraré, sabana sabaneadora, enastada en un barranco como bandera sin tropa; yo sé que la encontraré socabando tus auroras sobre los caños del día, entre luces, entre sombras, en el vaivén de las palmas y en el ritmo de las horas.
Cómo no la he de encontrar en la corriente habladora de tus caudalosos ríos y de tus cañadas hondas, en el canto de nostalgia que, playas arriba, trota cuando se pierde entre brumas la marcha de la canoa?
Como no la he de encontrar junto a la brisa que doma el polvo de los caminos, en la canción juguetona que estrenan los pajonales cuando la noche se asoma poco a poco, paso lento de morena buenamoza? Sabana, por tus senderos vengo buscando una copla, una copla como aquella, hecha de luz y de sombra.
“Torondoy” Miguel Angel Martín S.
A Torondoy está en la fiesta se escucha por el poblado. Torondoy es muy famoso, porque es famoso su canto. Torondoy es como un nudo y muchos quieren soltarlo. Mil retadores lo acosan y él, responde como un sabio. Tiene la garganta limpia como el clarín de los gallos y su pensamiento es ágil como los dedos alados conque pulsa la guitarra que también se llama cuatro.
B Torondoy está en la casa de Doña Rosa Sagrario yo me moriré de pena si no pudiera escucharlo. Y la joven a su amiga va y la toma por el brazo diciéndole con temblores de ciervo martirizado: Vamos, vamos, Ana Rosa que tú marido, Don Carlos se ha metido en la cantina para tomarse unos tragos.
! Me da miedo Josefina! ! Me da miedo el escucharlo! ¡Me da miedo que me mire! ¡Tengo miedo de mirarlo! La otra vez que fuí a una casa en donde estaba cantando si mas que me desvanezco si no pasó, fué un milagro. Cuando canta, hay en sus ojos algo que no sé llamarlo algo, que no es beatería, si te digo que es pecado. Porque su mirada es honda como el agua de los lagos, Yo sentí aquella noche entre mis senos sus manos.
Mi cuerpo desnudo, débil se desdobló en sus ojazos y las fuerzas me dejaban... y casi que me desmayo. Por eso no debo ir o, mi esposo, no es casado? que si no fuera por él... ¡me estuviera desmayando!
C La luna a las nubes blancas las aparta con sus rayos y descubre a las mujeres que en la calle se han parado. Vamos, vamos Ana Rosa, (Josefina está temblando) vamos tan solo un momento y mas luego nos marchamos. Allí nos ocultaremos debajo de los naranjos él, no nos descubrirá y nosotras lo miramos.
Las nubes vuelven y arropan a la luna con su manto. Las dos mujeres se van. En la noche se oye un canto.
D Torondoy está de piés como una estatua de mármol oyendo a los cantadores que han venido a desafiarlo.
Son tres aquellos copleros que nacieron en el Llano y Torondoy es el sol que cruel los está quemando.
Uno de los tres muchachos se adelanta con el cuatro, lo sigue el de las maracas. El arpa ya está marcando. Cantador de la llanura he venido a saludarlo y me gusta “conocerlo”, canta el muchacho con garbo.
Yo soy hijo de don Juan el dueño, de Candelario y por nombre me pusieron el de Roberto Macario.
Dícen que usted es un libro pero difícil de hojearlo; yo de libros poco sé, aunque quisiera mirarlo.
La guitarra entre las manos del muchacho, está temblando Las miradas se apretujan en un tropel por el patio.
Dígame don Torondoy y me apena molestarlo, porqué es que relincha un potro aún con los ojos tapados?
Torondoy que hasta el momento tenía los brazos cruzados se adelanta como un toro que fuera a cornear los astros.
-Usted ya se presentó, canta Torondoy muy alto, para que yo me presento si ya he sido presentado?
Me ha dicho que soy un libro y que quisiera mirarlo, si usted lo quiere leer tiene que andar con cuidado.
El relincho amigo mío el relincho en este caso es como el canto del ciego que llora desconsolado.
Y si un potro va cruzando una cañada de Mayo, puede que suelte un relincho al sentirse solitario.
Y relincha por las yeguas o al mirar otro caballo y puede ser que lo haga por sentirse relinchando.
El perro ladra dolído cuando se le muere el amo. El relincho, cantador, es el anhelo de un algo.
E Vuelve a asomarse la luna por un roto que ha quedado en las densas nubes blancas, y su rostro está muy pálido.
El maraquero se acerca con las maracas floreando mira a Torondoy y tose carraspeando por lo bajo.
Permita que me presente a mí me llaman Reinaldo aunque en vez de ser un Rey más me parezco a un esclavo.
He venido a preguntarle al llanero más letrado porqué, la luz de la luna no deja el cuerpo abrazado?
Llanero cara de león, tienes el gesto marcado de aquel que quiere correr pero se encuentra maneado, le responde Torondoy al muchacho que ha cantador
La luna es como un espejo que Dios nos ha regalado refleja la luz del sol para que pueda alumbrarnos.
Torondoy tiene fastidio que se parece al cansancio. Torondoy tiene aquel aire del hombre que es muy sortario
Los sentidos se agigantan es una noche de llano. ¡Que bueno que suena el arpa! ¡Que rico huele el geranio!
F El arpista bordonea El cielo se ha despejado Cual lágrimas los luceros tiemblan en el cielo manso.
Torondoy ya mira al hombre que tiene el turno apartado o ya mira a las mujeres, qué lo han venido rodeando.
El arpista canta grave como si a un confesionario hubiera ido a recitar el ripio de sus pecados.
Porqué dígame señor las mujeres al hablarnos nos mienten y nos engañan con los ojos y los labios? Porqué dicen que nos quieren y no pueden soportarnos? Porqué nos juran por Dios cuando son el mismo diablo? Porqué son así las hembras de los negros y los blancos aunque sean muy jovencitas o aunque tengan muchos años?
Torondoy mira dos sombras debajo de los naranjos, él siente que son dos hembras él, lo siente, porque es macho, y la respuesta se escapa como la flecha del arco.
La mujer es un enigma “Quién pudiera decifrarlo”. La mujer es como el agua se transforma y no es milagro y se nos puede escapar aún teniéndola en las manos.
Puede ser tibia o ardiente puede ser como un remanso puede ser muy cristalina puede ser turbia o ser fango.
Puede ser como la nieve con que se cubre el nevado con la pureza infinita del rocío inmaculado; y puede ser quieta y sucia como el agua de pantano.
Puede ser como es el hielo frío, duro, desalmado, o como el agua del riacho que se la pasa cantando. “Puede ser como las gotas debajo de los naranjos” que esperan al ruiseñor que se las beba en un canto.
Sin agua no hubiera vida sin la mujer, otro tanto, pero también en sus ondas o en sus brazos nos ahogamos. La mujer es como el agua hay, que beberla, bebamos bebámonos ese enigma cuantas veces lo podamos.
Hay que estar cerca del agua aunque no sea el verano la mujer la sed de amor con gusto podrá apagarnos.
Torondoy mira al arpista diciéndole: he terminado pues un cántaro de agua muy fresca, me está esperando.
Con el sombrero en la mano paso a paso saludando sale Torondoy siguiendo las sombras de los naranjos.
Por entre rosas y lirios cruza el coplero, saltando va persiguiendo las sombras que ya se están alejando.
La brisa fresca y alegre aspira su pecho ancho. Un perro late muy lejos, el cielo está anubarrado.
Una voz trás un rosal lo llama en tono muy bajo: venga cantador maligno porque de amor la ha matado. Venga a ver si lo que hiere también puede usted curarlo ¡Pobre Ana Rosa querida! Ay! pobrecito don Carlos.
Torondoy inquieto mira a la mujer que llorando lo señala con un dedo mientras lo sigue acusando.
Observa entonces la muerta y sorprendido, en sus labios ve una ligera sonrisa o. . . un beso disimulado. Lentamente se arrodilla confundido; enajenado, y besa la boca tibia de aquel rostro enamorado.
La luna volvió a salir para iluminar el cuadro. En la noche se escuchaban arpa, maracas. . . y cuatro.
“El Grillo y la Chicharra” Poema Llanero Miguel Angel Martín
Un renacuajo hablador salió al frente de la banda pregonero de los Llanos un desafío pregonaba: iban a contrapuntear maestro grillo y la chicharra, Sanmartinero era el grillo y tameña la cantanta.
Al golpe de los platillos que iba tocando una danta salió el compadre chigüire a preguntar que pasaba, y en eso venía el caimán abejorreando una baba más rascao que la barriga de un sapo entre cañabravas.
El coto del renacuajo cada vez mas se agrandaba y superando la bulla el desafío anunciaba, aunque nadie le entendía lo que él, renacuajiaba.
Los músicos se pararon en la mitad de la plaza. Mano burro paró el rabo e hizo resonar la flauta. Un marrano gordiflón le dió al bombo con la pata cuando un perro medio renco hizo sonar las capachas.
El renacuajo pidió al gentío que se callara porque venía el maestro grillo que solito se cantaba y que sin disimular la corbata se quitaba entre tos y carraspeo y sacudimiento de alas, y eso que los del jurado por allí, ni se miraban.
En los cachos de un venado afinaba la chicharra acompañada de un cuatro, porque no quiso la banda: “Esos músicos del coño no toman sino que jartan y cuando es para tocar ni diez sargentos los cuadran”. Yo prefiero pa cantar que me den una guitarra. Empinandose la bicha fué afinando la tonada y si no dió un do de pecho fué que lo dió de garganta, como sería que los loros las orejas se tapaban.
Por fin llegaron los jueces músicos de vieja garra. Un araguato piojoso el jurado encabezaba, seguido de muy cerquita por la hermana guacharaca, que tal vez, porque estrenaba sacudía las alpargatas.
El otro de los jurados era una garcita blanca que a su novio, un pionío muy cariñosa espulgaba; y el carajo, se torcía y el carajo, se pandeaba. Es que a nosotros los machos nos gusta el rasca que rasca y más cuando son las viejas que estan medio enamoradas.
El estrado estaba listo y la fiesta comenzaba. Subió un gato marrullero que empezó a afinar el arpa y entre afine y que no afina miraba p' onde las gatas.
Después subió con un cuatro el marido de la lapa mientras un perro llorón que la oreja se rascaba con la punta de la cola hacía sonar las maracas.
Al tablado de los jueces también subió la araguata y el rabo se le salía por entre la minifalda, lo que causó mucha risa entre los que la miraban. Y luego, para sentarse la mica como bregaba pues la cola le hacía estorbo y no podía acomodarla.
Pegó un grito el locutor pidiendo que se callaran y en seguida llamó al grillo y también a la chicharra, y también le pidió al gato que por favor no maullara que no fuera gallinazo y más bien un seis tocara.
Se ajilaron mano gato mano perro y mano lapa, y el grillo se atravesó y le cantó a la chicharra: cuando yo vaya a la luna que prefiere que le traiga, unos aretes de oro o una pulsera de plata?
Muchas gracias, maestro grillo le hizo saber la cantanta, pero no acepto regalos de las personas extrañas. Yo vine a contrapuntear no a que me den serenatas, mucho menos a que un grillo; me venga a tocer las patas.
El grillo se subió un poco las bonitas antiparras y se jaló un arabesco de esencia cantejondiana:
No sea usted tan presumida yo he visto diez mil chicharras y de todas no haga una que merezca canturrearla; porque ustedes son chillonas brinconas y mal pensadas que escasamente los chinos para jugar las amarran.
Válgame el santo poder esto es lo que me faltaba que un grillo patapeluda me irrespete en esta plaza. Pero este viejito verde se equivocó de muchacha, o que pensará este bicho con patas de cucaracha?
El ambiente del estrado se llenó de carcajadas; el caballo relinchó la chigüira se sonaba, una lora pegó un grito porque un monito la hurgaba, para completar, el burro de entusiasmo rebuznaba.
Otra vez el pregonero volvió a pedir que no hablaran, pero hasta el chivo berreando se lo pasó por la barba.
Se veía que en mucho tiempo el público no gozaba de un acto tan singular como esta contrapunteada.
Por fin pudo maestro grillo recobrar presencia y habla y le pidió al honorable que por favor lo escuchara porque no estaba dispuesto a dejar que lo burlara una indígna contrincante mal nacida en una palma. . .
Don araguato pidió al grillo que no chillara y que por ningún motivo usara malas palabras; que si quería ser grosero a mano burro buscara pues con el perro, en las calles siempre mal ejemplo daban.
No acobó de hablar el mono y la trifulca empezaba: el perro con mucha ira le sacudió las maracas y don lapa, en la cabeza le encasquetó la guitarra, de modo que el araguato cayó sobre la araguata. El burro le pegó al cerdo por la panza una patada y el cachicamo pensó esto si que es marranada.
Don chigüire no esperó a ver como terminaba porque la fiesta no estaba para quedarse a mirarla, y se fue por un atajo en busca de la cañada.
El gallo perdió una espuela, los dientes perdió la vaca, el morrocoy su paraguas, el pato perdió una pata, el oso perdió hasta el bozo y doce pesos la iguana; el conejo perdió el rabo y su buen nombre la pava.
María Décima Miguel Angel Martín Todos tienen un amor con el nombre de María esa es la pura verdad porque yo tengo la mía.
I Los mirtos tienen su aroma como el jazmín delicado que perfuma el viento alado del canto de la paloma cuando deja entre la fronda que un suspiro arrullador avive todo el ardor en los machos de las aves, porque ella muy bien lo sabe todos tienen un amor.
II Un gajo de luz del cielo ensombreció sus pestañas cual minúsculas montañas que nacieran de su pelo. Mis cantares como el vuelo de la parda viligía nacieron morena mía en un guitarro de amores para hacer ramos de flores con el nombre de María
III Como poder ordenar este amor desordenado remolino apasionado que ruge como la mar que es lamento y es cantar paraíso y soledad como única heredad en que se extingue mi verso como moribundo cierzo. Esta es la pura verdad.
IV Me aconsejaba el Dolor que cantara con el mirlo para dejar de sentirlo. Luego agregó el Ruiseñor que consiguiera una flor del árbol de la Agonía. Pero es que nadie sabía? Pues eso no puede ser y lo sabes tu mujer porque yo tengo la mía.
[1]Miguel Ángel Martín, 3ª ed., Del Folclor Llanero, Graficas Juan XXIII, Villavicencio, 1978.
[2]Miguel Ángel Martín, (1932- ) es compositor, poeta y director de conjuntos de música llanera.
Recursos
Miguel Angel Martin versión imprimible formato pdf