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Del Poema [1]

Miguel Angel Martín [2]

El poema tiene igual que el corrío su origen en el romance. La diferen­cia estriba en que el poema es escrito por un autor más culto que el que es­cribe corríos, por tal razón el “poema llanero” es una obra literaria de factu­ra culta como la décima, que abarca todos los temas.

La décima ha desaparecido por su estructura exigente. La reemplazó el Poema Criollo por la soltura y libertad para escribirlo. 

Poema
“Los Cuatro Vientos del Llano”
Eduardo Mantilla Trejos

Los cuatro vientos del llano
se han dado cita en el río,
para cantarle al Arauca
que de fiesta se ha vestío.

El uno maneja el cuatro
el otro capacho fino,
y sobre el hombro del tercero
como una dama de pino,
descansa el arpa que tiene
su sentir comprometido.
El cuarto viento que lleva
la cédula del prestigio,
y carga sobre sus hombros
siete cantares antiguos
prorrumpe con su voz clara
en medio del regocijo.

Un poco más de intención
y acompañamiento de arpa,
se necesita mi amigo
para cantarle al Arauca.
Se necesita mejor
ser familiar de la casa,
darle sentimiento al verso
y sentido a la palabra.

Yo que he nacido en el Llano
bautizado en la nostalgia,
confirmado en la ilusión,
y ordenado en la esperanza,
quiero cantarle al estero
tejerle un verso a la palma,
dialogar con los jejenes,
cantar con la paraulata,
hacerle un corrido al sol
y a la luna una tonada,
pero por falta de tiempo
ya que intenciones no faltan,
voy a cantarle a mi río
como las leyes lo mandan.

Cuando Dios estaba haciendo
las carreteras de agua,
y tenía ya al Amazonas,
al Orinoco y al Cauca,
al Meta y al Putumayo
y al fiero río de la Plata,
se propuso hacer un río
que fuera como la patria
de todos los habitantes
de las regiones del agua.

Le puso un manto de espumas
y cien collares de playas,
una sortija de montes
y una diadema de garzas.
Le dió por ojos un cielo,
por voz una serenata,
por sentimiento una copla,
por guardianes mil barrancas,
de padre le nombró el Llano
de madre le puso el arpa,
y no contento con ésto
le puso por oriflama
una hermosa población
que lleva el nombre de Arauca.

“Sabana, por tus Senderos”
Alvaro Ruiz.

Sabana, por tus senderos
con mi inquietud y mi soga
y mi caballo de viento
vengo buscando una copla.

Hacia el lejano confín,
locas de vuelo, ramontan
unas garcitas morenas;
y, en los esteros sin sombra,
vivas rosas vespertinas
que a la brisa se abandonan,
van y vienen, vienen van:
bandadas de corocoras.

Sabana, por tus senderos
voy persiguiendo una copla
altanera que encontré
escondida entre las hojas
de un caujuro solitario
sin nidos y sin palomas
y, después, la ví vagar,
saltando de copa en copa,
hasta juntar su canción
al concierto de las frondas
cuando tejían las chicharras
su cantinela monótona.

Bien se que la encontraré,
sabana sabaneadora,
enastada en un barranco
como bandera sin tropa;
yo sé que la encontraré
socabando tus auroras
sobre los caños del día,
entre luces, entre sombras,
en el vaivén de las palmas
y en el ritmo de las horas.

Cómo no la he de encontrar
en la corriente habladora
de tus caudalosos ríos
y de tus cañadas hondas,
en el canto de nostalgia
que, playas arriba, trota
cuando se pierde entre brumas
la marcha de la canoa?

Como no la he de encontrar
junto a la brisa que doma
el polvo de los caminos,
en la canción juguetona
que estrenan los pajonales
cuando la noche se asoma
poco a poco, paso lento
de morena buenamoza?
Sabana, por tus senderos
vengo buscando una copla,
una copla como aquella,
hecha de luz y de sombra.




“Torondoy”
Miguel Angel Martín S.

A
Torondoy está en la fiesta
se escucha por el poblado.
Torondoy es muy famoso,
porque es famoso su canto.
Torondoy es como un nudo
y muchos quieren soltarlo.
Mil retadores lo acosan
y él, responde como un sabio.
Tiene la garganta limpia
como el clarín de los gallos
y su pensamiento es ágil
como los dedos alados
conque pulsa la guitarra
que también se llama cuatro.

B
Torondoy está en la casa
de Doña Rosa Sagrario
yo me moriré de pena
si no pudiera escucharlo.
Y la joven a su amiga
va y la toma por el brazo
diciéndole con temblores
de ciervo martirizado:
Vamos, vamos, Ana Rosa
que tú marido, Don Carlos
se ha metido en la cantina
para tomarse unos tragos.

! Me da miedo Josefina!
! Me da miedo el escucharlo!
¡Me da miedo que me mire!
¡Tengo miedo de mirarlo!
La otra vez que fuí a una casa
en donde estaba cantando
si mas que me desvanezco
si no pasó, fué un milagro.
Cuando canta, hay en sus ojos
algo que no sé llamarlo
algo, que no es beatería,
si te digo que es pecado.
Porque su mirada es honda
como el agua de los lagos,
Yo sentí aquella noche
entre mis senos sus manos.

Mi cuerpo desnudo, débil
se desdobló en sus ojazos
y las fuerzas me dejaban...
y casi que me desmayo.
Por eso no debo ir
o, mi esposo, no es casado?
que si no fuera por él...
¡me estuviera desmayando!

C
La luna a las nubes blancas
las aparta con sus rayos
y descubre a las mujeres
que en la calle se han parado.
Vamos, vamos Ana Rosa,
(Josefina está temblando)
vamos tan solo un momento
y mas luego nos marchamos.
Allí nos ocultaremos
debajo de los naranjos
él, no nos descubrirá
y nosotras lo miramos.

Las nubes vuelven y arropan
a la luna con su manto.
Las dos mujeres se van.
En la noche se oye un canto.

D
Torondoy está de piés
como una estatua de mármol
oyendo a los cantadores
que han venido a desafiarlo.

Son tres aquellos copleros
que nacieron en el Llano
y Torondoy es el sol
que cruel los está quemando.

Uno de los tres muchachos
se adelanta con el cuatro,
lo sigue el de las maracas.
El arpa ya está marcando.
Cantador de la llanura
he venido a saludarlo
y me gusta “conocerlo”,
canta el muchacho con garbo.

Yo soy hijo de don Juan
el dueño, de Candelario
y por nombre me pusieron
el de Roberto Macario.

Dícen que usted es un libro
pero difícil de hojearlo;
yo de libros poco sé,
aunque quisiera mirarlo.

La guitarra entre las manos
del muchacho, está temblando
Las miradas se apretujan
en un tropel por el patio.

Dígame don Torondoy
y me apena molestarlo,
porqué es que relincha un potro
aún con los ojos tapados?

Torondoy que hasta el momento
tenía los brazos cruzados
se adelanta como un toro
que fuera a cornear los astros.

-Usted ya se presentó,
canta Torondoy muy alto,
para que yo me presento
si ya he sido presentado?

Me ha dicho que soy un libro
y que quisiera mirarlo,
si usted lo quiere leer
tiene que andar con cuidado.

El relincho amigo mío
el relincho en este caso
es como el canto del ciego
que llora desconsolado.

Y si un potro va cruzando
una cañada de Mayo,
puede que suelte un relincho
al sentirse solitario.

Y relincha por las yeguas
o al mirar otro caballo
y puede ser que lo haga
por sentirse relinchando.

El perro ladra dolído
cuando se le muere el amo.
El relincho, cantador,
es el anhelo de un algo.

E
Vuelve a asomarse la luna
por un roto que ha quedado
en las densas nubes blancas,
y su rostro está muy pálido.

El maraquero se acerca
con las maracas floreando
mira a Torondoy y tose
carraspeando por lo bajo.

Permita que me presente
a mí me llaman Reinaldo
aunque en vez de ser un Rey
más me parezco a un esclavo.

He venido a preguntarle
al llanero más letrado
porqué, la luz de la luna
no deja el cuerpo abrazado?

Llanero cara de león,
tienes el gesto marcado
de aquel que quiere correr
pero se encuentra maneado,
le responde Torondoy
al muchacho que ha cantador

La luna es como un espejo
que Dios nos ha regalado
refleja la luz del sol
para que pueda alumbrarnos.

Torondoy tiene fastidio
que se parece al cansancio.
Torondoy tiene aquel aire
del hombre que es muy sortario

Los sentidos se agigantan
es una noche de llano.
¡Que bueno que suena el arpa!
¡Que rico huele el geranio!

F
El arpista bordonea
El cielo se ha despejado
Cual lágrimas los luceros
tiemblan en el cielo manso.

Torondoy ya mira al hombre
que tiene el turno apartado
o ya mira a las mujeres,
qué lo han venido rodeando.

El arpista canta grave
como si a un confesionario
hubiera ido a recitar
el ripio de sus pecados.

Porqué dígame señor
las mujeres al hablarnos
nos mienten y nos engañan
con los ojos y los labios?
Porqué dicen que nos quieren
y no pueden soportarnos?
Porqué nos juran por Dios
cuando son el mismo diablo?
Porqué son así las hembras
de los negros y los blancos
aunque sean muy jovencitas
o aunque tengan muchos años?

Torondoy mira dos sombras
debajo de los naranjos,
él siente que son dos hembras
él, lo siente, porque es macho,
y la respuesta se escapa
como la flecha del arco.

La mujer es un enigma
“Quién pudiera decifrarlo”.
La mujer es como el agua
se transforma y no es milagro
y se nos puede escapar
aún teniéndola en las manos.

Puede ser tibia o ardiente
puede ser como un remanso
puede ser muy cristalina
puede ser turbia o ser fango.

Puede ser como la nieve
con que se cubre el nevado
con la pureza infinita
del rocío inmaculado;
y puede ser quieta y sucia
como el agua de pantano.

Puede ser como es el hielo
frío, duro, desalmado,
o como el agua del riacho
que se la pasa cantando.
“Puede ser como las gotas
debajo de los naranjos”
que esperan al ruiseñor
que se las beba en un canto.

Sin agua no hubiera vida
sin la mujer, otro tanto,
pero también en sus ondas
o en sus brazos nos ahogamos.
La mujer es como el agua
hay, que beberla, bebamos
bebámonos ese enigma
cuantas veces lo podamos.

Hay que estar cerca del agua
aunque no sea el verano
la mujer la sed de amor
con gusto podrá apagarnos.

Torondoy mira al arpista
diciéndole: he terminado
pues un cántaro de agua
muy fresca, me está esperando.

Con el sombrero en la mano
paso a paso saludando
sale Torondoy siguiendo
las sombras de los naranjos.

Por entre rosas y lirios
cruza el coplero, saltando
va persiguiendo las sombras
que ya se están alejando.

La brisa fresca y alegre
aspira su pecho ancho.
Un perro late muy lejos,
el cielo está anubarrado.

Una voz trás un rosal
lo llama en tono muy bajo:
venga cantador maligno
porque de amor la ha matado.
Venga a ver si lo que hiere
también puede usted curarlo
¡Pobre Ana Rosa querida!
Ay! pobrecito don Carlos.

Torondoy inquieto mira
a la mujer que llorando
lo señala con un dedo
mientras lo sigue acusando.

Observa entonces la muerta
y sorprendido, en sus labios
ve una ligera sonrisa
o. . . un beso disimulado.
Lentamente se arrodilla
confundido; enajenado,
y besa la boca tibia
de aquel rostro enamorado.

La luna volvió a salir
para iluminar el cuadro.
En la noche se escuchaban
arpa, maracas. . . y cuatro.




“El Grillo y la Chicharra”
Poema Llanero
Miguel Angel Martín

Un renacuajo hablador
salió al frente de la banda
pregonero de los Llanos
un desafío pregonaba:
iban a contrapuntear
maestro grillo y la chicharra,
Sanmartinero era el grillo
y tameña la cantanta.

Al golpe de los platillos
que iba tocando una danta
salió el compadre chigüire
a preguntar que pasaba,
y en eso venía el caimán
abejorreando una baba
más rascao que la barriga
de un sapo entre cañabravas.

El coto del renacuajo
cada vez mas se agrandaba
y superando la bulla
el desafío anunciaba,
aunque nadie le entendía
lo que él, renacuajiaba.

Los músicos se pararon
en la mitad de la plaza.
Mano burro paró el rabo
e hizo resonar la flauta.
Un marrano gordiflón
le dió al bombo con la pata
cuando un perro medio renco
hizo sonar las capachas.

El renacuajo pidió
al gentío que se callara
porque venía el maestro grillo
que solito se cantaba
y que sin disimular
la corbata se quitaba
entre tos y carraspeo
y sacudimiento de alas,
y eso que los del jurado
por allí, ni se miraban.

En los cachos de un venado
afinaba la chicharra
acompañada de un cuatro,
porque no quiso la banda:
“Esos músicos del coño
no toman sino que jartan
y cuando es para tocar
ni diez sargentos los cuadran”.
Yo prefiero pa cantar
que me den una guitarra.
Empinandose la bicha
fué afinando la tonada
y si no dió un do de pecho
fué que lo dió de garganta,
como sería que los loros
las orejas se tapaban.

Por fin llegaron los jueces
músicos de vieja garra.
Un araguato piojoso
el jurado encabezaba,
seguido de muy cerquita
por la hermana guacharaca,
que tal vez, porque estrenaba
sacudía las alpargatas.

El otro de los jurados
era una garcita blanca
que a su novio, un pionío
muy cariñosa espulgaba;
y el carajo, se torcía
y el carajo, se pandeaba.
Es que a nosotros los machos
nos gusta el rasca que rasca
y más cuando son las viejas
que estan medio enamoradas.

El estrado estaba listo
y la fiesta comenzaba.
Subió un gato marrullero
que empezó a afinar el arpa
y entre afine y que no afina
miraba p' onde las gatas.

Después subió con un cuatro
el marido de la lapa
mientras un perro llorón
que la oreja se rascaba
con la punta de la cola
hacía sonar las maracas.

Al tablado de los jueces
también subió la araguata
y el rabo se le salía
por entre la minifalda,
lo que causó mucha risa
entre los que la miraban.
Y luego, para sentarse
la mica como bregaba
pues la cola le hacía estorbo
y no podía acomodarla.

Pegó un grito el locutor
pidiendo que se callaran
y en seguida llamó al grillo
y también a la chicharra,
y también le pidió al gato
que por favor no maullara
que no fuera gallinazo
y más bien un seis tocara.

Se ajilaron mano gato
mano perro y mano lapa,
y el grillo se atravesó
y le cantó a la chicharra:
cuando yo vaya a la luna
que prefiere que le traiga,
unos aretes de oro
o una pulsera de plata?

Muchas gracias, maestro grillo
le hizo saber la cantanta,
pero no acepto regalos
de las personas extrañas.
Yo vine a contrapuntear
no a que me den serenatas,
mucho menos a que un grillo;
me venga a tocer las patas.

El grillo se subió un poco
las bonitas antiparras
y se jaló un arabesco
de esencia cantejondiana:

No sea usted tan presumida
yo he visto diez mil chicharras
y de todas no haga una
que merezca canturrearla;
porque ustedes son chillonas
brinconas y mal pensadas
que escasamente los chinos
para jugar las amarran.

Válgame el santo poder
esto es lo que me faltaba
que un grillo patapeluda
me irrespete en esta plaza.
Pero este viejito verde
se equivocó de muchacha,
o que pensará este bicho
con patas de cucaracha?

El ambiente del estrado
se llenó de carcajadas;
el caballo relinchó
la chigüira se sonaba,
una lora pegó un grito
porque un monito la hurgaba,
para completar, el burro
de entusiasmo rebuznaba.

Otra vez el pregonero
volvió a pedir que no hablaran,
pero hasta el chivo berreando
se lo pasó por la barba.

Se veía que en mucho tiempo
el público no gozaba
de un acto tan singular
como esta contrapunteada.

Por fin pudo maestro grillo
recobrar presencia y habla
y le pidió al honorable
que por favor lo escuchara
porque no estaba dispuesto
a dejar que lo burlara
una indígna contrincante
mal nacida en una palma. . .

Don araguato pidió
al grillo que no chillara
y que por ningún motivo
usara malas palabras;
que si quería ser grosero
a mano burro buscara
pues con el perro, en las calles
siempre mal ejemplo daban.

No acobó de hablar el mono
y la trifulca empezaba:
el perro con mucha ira
le sacudió las maracas
y don lapa, en la cabeza
le encasquetó la guitarra,
de modo que el araguato
cayó sobre la araguata.
El burro le pegó al cerdo
por la panza una patada
y el cachicamo pensó
esto si que es marranada.

Don chigüire no esperó
a ver como terminaba
porque la fiesta no estaba
para quedarse a mirarla,
y se fue por un atajo
en busca de la cañada.

El gallo perdió una espuela,
los dientes perdió la vaca,
el morrocoy su paraguas,
el pato perdió una pata,
el oso perdió hasta el bozo
y doce pesos la iguana;
el conejo perdió el rabo
y su buen nombre la pava.




María
Décima
Miguel Angel Martín
Todos tienen un amor con el nombre de María esa es la pura verdad porque yo tengo la mía.

I
Los mirtos tienen su aroma
como el jazmín delicado
que perfuma el viento alado
del canto de la paloma
cuando deja entre la fronda
que un suspiro arrullador
avive todo el ardor
en los machos de las aves,
porque ella muy bien lo sabe
todos tienen un amor.

II
Un gajo de luz del cielo
ensombreció sus pestañas
cual minúsculas montañas
que nacieran de su pelo.
Mis cantares como el vuelo
de la parda viligía
nacieron morena mía
en un guitarro de amores
para hacer ramos de flores
con el nombre de María

III
Como poder ordenar
este amor desordenado
remolino apasionado
que ruge como la mar
que es lamento y es cantar
paraíso y soledad
como única heredad
en que se extingue mi verso
como moribundo cierzo.
Esta es la pura verdad.

IV
Me aconsejaba el Dolor
que cantara con el mirlo
para dejar de sentirlo.
Luego agregó el Ruiseñor
que consiguiera una flor
del árbol de la Agonía.
Pero es que nadie sabía?
Pues eso no puede ser
y lo sabes tu mujer
porque yo tengo la mía.



 


 


[1]Miguel Ángel Martín, 3ª ed., Del Folclor Llanero, Graficas Juan XXIII, Villavicencio, 1978.

[2] Miguel Ángel Martín, (1932- ) es compositor, poeta y director de conjuntos de música llanera.


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