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Nuestra Música Mestiza [1]

Los Rajaleñas

Guillermo Abadía Morales [2]

El rajaleña fue un antiguo canto de los peones en las viejas haciendas del Huila y en él se utilizaba el coplerío regional y una tonadilla musical sencilla y elemental pero de gran originalidad en su modo de cantarse. Las coplas de rajaleña son generalmente pi­carescas y a veces se exceden en el doble sentido pornográfico como que eran improvisadas por campesinos rudos a quienes se encomen­daba el trabajo de menor categoría en las haciendas o casonas de campo, esto es, el de “rajar la leña” para el consumo de las cocinas. Estos peones, habitualmente muchachos que no servían para me­nesteres de más iniciativa y responsabilidad, improvisaban, mien­tras cumplían su monótona tarea diaria, cantas o coplas de burla a sus compañeros para amenizar el trabajo. Estas coplas, por ra­zón de sus autores, se llamaron “coplas de rajaleña” o simplemen­te “rajaleñas”. Y todas las que resultaban de subido color se asimi­laban a éstas aunque no fueran ya ideadas por los peones leña­teros. Podría aducirse otro argumento, quizá más valedero, de Pedro Henríquez Ureña, el maestro dominicano, en esta relación recogida y que data de 1.580: “Había en Santiago de Cuba dos o tres mú­sicos tocadores de pífanos (variedad de flauta) con un joven se­villano Pascual de Ochoa, tocador de violón (hoy violín) que había venido de Puerto Príncipe (Camagüey) con unos frailes dominicos y dos negras libres naturales de Santo Domingo, nombradas Teo­dora y Micaela Ginés, tocadoras de bandola. En 1598 una de ellas; Micaela, vivía en La Habana. Teodora quedó en Santiago de Cuba e inspiró la antigua canción en que se la nombra y cuya música tiene parecido con las viejas milongas argentinas. Se llama el Son de Má Teodora; ya dijimos que ella tocaba la bandola. La letra de la canción dice

-¿Dónde está la Má Teodora?
- Rajando la leña está.
-¿Con su palo y su bandola?
- Rajando la leña está.
-¿Dónde está que no la veo?
- Rajando la leña está. Etc.

Hay una nota marginal que dice: “rajar la leña” equivale a “tocar en un baile”. Agregamos: así como nosotros decimos a los tiples y bandolas “palos” (con su palo y su bandola, dice el verso cubano) en forma despectiva, como en la frase común: “traje­ron los palos?” que se usa entre nuestros músicos populares. “Le­ña” sería aún más despectivo y “rajarlos” sería pues “tocar mucho en ellos, sin consideración” y ya sabemos que los cordófonos sufren más frecuentemente el daño de rajarse por lo excesivo y descuidado del uso. Esto podría indicarnos una procedencia dominicana o cu­bana para el aire “rajaleña” si lo derivamos de “rajar leña” como el acto de tocar cordófonos, porque las dos negras bandolistas eran dominicanas aunque vivieran entonces en Cuba. Pero aunque sí pudiera hallarse algún parentesco entre la chacarera y los raja­leñas, el Huila está muy lejos de Santo Domingo y de la Argentina y resulta muy probable que de haberse derivado el aire huilense de un originario són dominicano, habría dejado señales evidentes a su paso por nuestro Litoral Atlántico que tiene mayor afinidad con las Antillas que nuestro Departamento del sur. Sin embargo, el parecido del són mencionado por Henríquez Ureña con las mi­longas nos presentaría una influencia más lejana aún. A pesar de todas estas sugerencias nos inclinamos más a creer en la tesis de los copleros de las haciendas del Huila que eran definidamente peo­nes “rajaleñas” en sentido directo. En cuanto al aire folklórico po­demos notar que tiene una estructura rítmica y melódica muy se­mejante a la de una vieja tonada que trajera, hace muchos años a Bogotá, el famoso requintista Felipe Sánchez y que sirvió de ba­se al tema principal del bambuco “El Trapiche” de Murillo. Pero el ritmo del rajaleña es más acelerado y sincopado como que en él se nota de modo invariable la influencia del joropo llanero. Esto último es válido sólo para los rajaleñas (trovas) que llevan acom­pañamiento de Sanjuanero. Aquí cabe anotar que no hubo un tras­lado directo del joropo de los Llanos orientales, más concretamente de la zona de San Martín, limítrofe con Huila, a los llanos del Huila, pues el instrumental es totalmente diferente y ya sabemos que los timbres instrumentales determinan la personalidad de las tonadas o aires musicales. Si en el joropo llanero se usa un instru­mental determinado, éste no es susceptible de usarse en la cumbia o el bambuco o el currulao. En el rajaleña no folclórico hemos vis­to utilizar los conjuntos de estudiantina pero en el rajaleña autén­tico es de rigor el instrumental del conjunto llamado “cucamba” y que consta de: “carángano”, “puerca”, “chucho”, flauta de “que­co”, tiple y tambora. Ocasionalmente agregan una guacharaca o carrasca, pero es elemento superfluo para una percusión que ya está muy bien lograda con los citados instrumentos anteriores. La presencia del tiple y del chucho nos indican el origen andino, cor­dillerano. Es de observar que algunos musicólogos creen que los rajaleñas dieron origen al bambuco y ésto podría pensarse al con­siderar la cuarta tesis del bambuco que hemos expuesto sobre el uso del “carángano” antiguo.


[1]  Guillermo Abadía Morales, La Música Floklórica Colombiana,Dirección de divulgación cultural, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1973, págs. 72-74.

[2]  Folklorista nacido en Bogotá en 1912. Es autor de cerca de 30 libros sobre el tema del folklor.


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