Google

Nuestra Música Mestiza  [1]

El Seis

Guillermo Abadía Morales [2]

Es otra variedad de las formas del joropo. Si buscamos su origen en la etimología de la palabra que lo designa, hallamos di­ferentes versiones: una argumenta que se debe al compás en que se ejecuta y que es 6 x 8; esto es válido únicamente para una de las cinco clases de Seis, existentes en Colombia: la llamada Seis por ocho, ya muy poco usada. Otra versión dice que pudo ser el Seis de Puerto Rico, danza zapateada en que toman parte seis pa­rejas de bailarines y que se introdujo en Venezuela con igual mo­dalidad y dentro del género de tonadas llamadas “golpes”. Otra tesis afirma que el nombre se debe a que se ejecutaba a las 6 de la tarde. Existen además del Seis por derecho, el Seis por numeración o enumeración, el Seis figuriao y el Seis corrido. Del Seis por dere­cho no sabemos la razón de su nombre; el Seis por numeración, numerado o por enumeración es el que utiliza en el texto o letra las enumeraciones, temas relacionados siempre con los números, como los textos que siguen.

“Quién dice que no son una/ la rueda de la fortuna;/ quién dice que no son dos/ el romadizo y la tos;/ quién dice que no son tres/ dos caballos y una res”, etc.

O aún nuestras viejas coplas: “Tres cosas hay en el mundo/ que no se pueden cuidar:,/ una cocina sin puerta,/ la mujer y un platanar”./ O la de: “cuatro son los animales/ que el hombre debe temer:/ y son el caimán y el tigre,/ la culebra y la mujer”. O si la enumeración es de relato como la de: “en Arauca estaba yo/ cuando reventó el cañón;/ murió Páez, murió Bolívar, murió Cris­tóbal Colón,/ murieron los hombres guapos/ que formaron la Na­ción”. Del Seis figuriao que no hemos conocido sino de nombre, supusimos ya que era llamado así quizá por las figuras del baile y evidentemente la folkloróloga y etnomusicóloga Isabel Aretz con­firmó esta tesis en sus trabajos sobre los aires llaneros de Vene­zuela. Nos resta agregar que el Seis corrido o simple es el que uti­liza en su letra o texto las narraciones llamadas corridos, tan popu­lares en el Llano. Finalmente es conveniente observar que el lla­mado joropo sanjuanero, es cosa bien diferente a los aires del Lla­no y en particular a la tonada-base que es el joropo a secas. Ocu­rrió que las peonadas hábiles en el manejo de las reses, traídas de los Llanos a las haciendas del plan del Tolima y Huila, traían en su equipaje de cantos y bailes precisamente el joropo que es su aire regional. Por ello, el sanjuanero conjugó a la melancolía del bam­buco cantado los arabescos y cadencias del joropo y en la coreo­grafía muestra, precisamente, la base planimétrica del bambuco asociada a los giros y tendencia al zapateo del joropo.


[1]  Guillermo Abadía Morales, La Música Floklórica Colombiana,Dirección de divulgación cultural, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1973, pág. 84.

[2]  Folklorista nacido en Bogotá en 1912. Es autor de cerca de 30 libros sobre el tema del folklor.


Inicio
Recursos

Diseño y Desarrollo Web