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La Comida Chatarra

Crónica de Kasher

Los prisioneros fueron conducidos a un lugar, donde les realizaron un examen médico. Luego los hicieron desnudar e higienizar, los rasuraron completamente, y los condujeron a otras dependencias del campo. Allí, entrando de a uno, y colocados de espaldas no pudieron ver el golpe de maza que les destrozó el cráneo. Luego, en otra sección de la línea de procesamiento, les fueron canalizados vasos sanguíneos, y una máquina de vacío les extrajo la totalidad de su sangre.

Posteriormente, los cuerpos fueron refrigerados y trasladados a otra sección donde fragmentaron su carne en distintos tipos de corte. Ellos fueron envasados al vacío y exportados...

El investigador que desarrolló el procedimiento, expresó que éste reunía todas las garantías de riqueza nutricional, así como de higiene pública.

Todo empezó seis meses atrás, en una junta directiva de una mundialmente famosa cadena de comidas rápidas. Se trataba de resolver el problema de cómo seguir sustituyendo la carne de las hamburguesas de carne. La basura, harina de pescado, carne de gatos o perros y otras materias orgánicas, no eran aceptadas por los organismos sanitarios. Y era necesario mantener el ritmo de ingresos. Como resultado de la reunión, se decidió financiar un proyecto de investigación original, para contar con una materia prima de primera calidad, sin riesgo sanitario alguno. Una vez elaborado el protocolo científico, se realizó la fase experimental, un estudio multicéntrico con un grupo de probandos, que dio un resultado excelente. Se publicaron avisos en distintos medios de comunicación de varios sitios del mundo, ofreciendo una generosa retribución por someterse a una experimentación. Se reunieron todos los recaudos exigidos por la Declaración de Helsinki, referidas al consentimiento informado, y se llevó a cabo una preselección de los candidatos, eligiendo a personas sin familia o inmigrantes indocumentados.

Una vez obtenida la carne y procesada en diversos productos de la cadena de comidas rápidas, se procedió al control de calidad y la degustación por el público, lo que mereció la más amplia aprobación. Esto significa que nadie advirtió la diferencia entre las hamburguesas hechas con basura y las realizadas con carne humana. Tal la maravilla de los conservadores y aditivos alimentarios.

No sólo se obtuvo la solución de los problemas económicos de esa empresa. También se pudo abastecer a la población de los países desarrollados con un alimento de primera calidad nutricional y a un precio sustancialmente más económico. Las latas con carne humana en conserva fueron enviadas masivamente a las tropas en operaciones, resultando que la guerra sostenía su propio mantenimiento al proveer la materia prima alimentaria.

Consultadas autoridades en Ética y Moral acerca de los nuevos procedimientos, dictaminaron en forma favorable a los mismos. “La carne de seres humanos primitivos puede servir a la causa de la Humanidad contribuyendo a la alimentación de los pueblos civilizados”, observó el Profesor de filosofía especialista en Bioética.En el mismo sentido se pronunciaron las autoridades religiosas consultadas, que destacaron el valor altruista de dación del propio cuerpo para el beneficio de los semejantes, subrayando eso la condición de hermandad de los seres humanos.

Así transcurrieron varios años, durante los cuales se generalizó el consumo de carne humana, aunque su origen en un ganado tan particular fue un secreto celosamente guardado. Pero en el imaginario colectivo flotaba la intuición de lo que realmente pasaba, aunque por cierto convenía no preguntar ni indagar por qué la comida se había vuelto de pronto tan buena y barata. Nunca la población había contado con una alimentación mejor. Sin embargo, en las mesas más distinguidas de las personas más poderosas y adineradas, se siguieron sirviendo las carnes vacunas, porcinas, así como peces y mariscos. Allí no había llegado el nuevo alimento...

El primer alerta lo dieron las oficinas sanitarias de varios países. Un nuevo tipo de enfermedad había hecho su aparición y se extendía por el mundo. Como sucediera varias décadas atrás con la “enfermedad de la vaca loca”, otro tipo de demencia se había descrito en diversas Universidades. Un cuadro neurológico inquietante, no sólo por el deterioro de la inteligencia en plena juventud, sino por los graves problemas de conducta que traía consigo. En efecto, los psiquiatras alertaron acerca de la extrema peligrosidad que desarrollaban los enfermos, los que se encontraban afectados de un delirio persecutorio que se acompañaba de conductas de extrema violencia y crueldad. La muerte se producía a los pocos meses de las primeras manifestaciones clínicas, después de un curso deteriorante acelerado.

No existía evidencia que permitiera asociar el consumo de carne humana con esta nueva enfermedad, dado que el examen médico de los prisioneros era lo suficientemente cuidadoso para descartar enfermedades. Asimismo, se realizaban controles microscópicos y de laboratorio de muestras obtenidas de la carne, con resultado negativo. No obstante, hubo investigadores que estudiaron la cuestión, no hallando virus ni priones en la carne de los sujetos. La carne humana quedó libre de sospecha.

Sin embargo, la epidemia se extendía cada vez más. Comenzó a afectar la vida pública. Millones de trabajadores comenzaron a volverse inútiles para desempeñar ninguna tarea, abandonando sus lugares de trabajo. Fábricas, obras públicas, escuelas y ejércitos, fueron diezmados, impidiendo su funcionamiento. Los hospitales no tenían ni personal ni lugar para atender a tantos afectados. Los enfermos que no alcanzaban a ser medicados –no había suficientes medicamentos- eran incontrolables y causaban graves disturbios. La violencia se desató por doquier, y fue imposible de contener por las fuerzas del orden, ellas mismas afectadas por la enfermedad. La epidemia de este mal desconocido produjo en poco tiempo el colapso económico, social y militar de las naciones más poderosas.

Cambió el mapa del mundo. Las conquistas tan firmemente mantenidas no pudieron sostenerse. Se derrumbaron las monedas indestructibles. Un pánico insospechado se propagó por las poblaciones de los otrora países ricos y les hizo desconfiar de sus instituciones, que se habían vuelto impotentes para garantizarles una vida que les había parecido tan segura hasta entonces. Se establecieron Dictaduras. Los comités de Salud Pública -constituidos por ciudadanos aterrorizados- impartían justicia sumaria a quienes podían culpar y comunicaban sus sentencias al pueblo al son de cajas y a la luz de las antorchas. Transcurrieron los meses.

A esta altura ya no existía más la cadena de comidas rápidas. Todo el procesamiento tan cuidadosamente investigado y ejecutado había sido abandonado entre las ruinas del poder ya inexistente. Nunca llegó a saberse si existió alguna relación entre el consumo de carne humana y la catástrofe mundial.

Y reinó la paz.


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