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El suicidio Urbano

Patologías Históricas en la ciudad de Bogotá *


Arturo Cifuentes Toro. Ignacio Prieto Carvajal

Considera el historiador Vincent Gerard, en un ensayo ¿Una historia del secreto? Publicada en la obra dirigida por Georges Duby y Phillipe Ariés Historia de la vida privada que El suicida suscita tanto el desprecio (“Qué cobardía sustraerse a la lucha por la vida!”);como la admiración (¡Qué valentía pasar a la acción!”) 1 y a pesar de todo se lleva la duda de su determinación para los otros, a quienes provoco con su actuar e incluso con su ostentación que en cubre el acto suicida y que por más que se busque unas causas sociales o culturales siempre permanecerá rodeado del secreto.


El suicidio como acción individual y colectiva está inmersa en la historia de la humanidad, Emilio Durkheim, que es uno de los mayores estudiosos para el siglo XVIII, lo sintetizó en tres casos concretos destacados por Lorenzo Díaz en la presentación de la obra “El suicidio” de la editorial AKal. Anota como de un estudio comparativo en varias sociedades europeas Durkheim, infirió tres categorías de suicidio:


La primera la consideró como el suicidio egoísta: que resulta de la alienación del individuo respecto de su medio social. Este tipo es común allí donde factores culturales como el de los encarnados en el protestantismo subrayan el individualismo y el esfuerzo concentrado en el yo.2


La segunda categoría la constituye el suicidio altruista:”Que se encuentra en sociedades rígidamente estructuradas que ponen por encima del individuo un código de deberes de sentido grupal, y hacen del sacrificio por el grupo un exigencia moral. El comportamiento suicida de los pilotos japoneses en la Segunda Guerra Mundial, tendría que ser catalogado en este tipo.3 En esta categoría se encontrarían las acciones contemporáneas de los suicidas islamistas, que mediante su actuar terrorista (en la medida que se ataca población civil) y para ellos claro, están cumpliendo con una misión religiosa de resistencia a las invasiones occidentales sobre sus tierras.


La tercera categoría corresponde al suicidio anómico: “que se da cuando un fallo o dislocación de los valores sociales lleva a una desorientación individual y a un sentimiento de falta de significación de la vida. Esto puede resultar de perturbaciones temporales como la guerra o las crisis económicas; de factores personales como una rápida movilidad social; o de cambios rápidos en la estructura social, como las relaciones con la industrialización de los países subdesarrollados, que socavan la autoridad tradicional y los valores establecidos.4


Para el análisis de los casos registrados, (en un corto período que estudiamos enero de 1941 y 1947) por la prensa en Bogotá, se destaca como corresponden a la tercera categoría propuesta por Durkheim. Hay que anotar por otra parte que: “La expresión de “suicidio anómico” fue inventada o sugerida por Durkheim, al igual que el concepto de anomía que posteriormente se incorporaría al aparto conceptual de la sociología y más adelante paso también al lenguaje corriente. La anomía, como estado social, es una falta de dirección que suele aparecer en las épocas de revolución social. En el individuo se corresponde con un desconcierto o inseguridad o lo que hoy se suele definir como alienación o pérdida de identidad.5


¿Del romanticismo a la crisis social? El suicidio en Bogotá, parecía romántico y no un exacerbo de soledad y crisis, pero las estadísticas demuestran las implicaciones sociales padecidas por los habitantes en la época. La gran cantidad de intentos de suicidio con permanganato, por parte de los habitantes de la ciudad (400 casos en el año 40) llevaron en un momento a fijar por desconocidos un manual de suicidio a manera de advertencia pública de cómo quitarse la vida. Un aviso, informa a los potenciales suicidas la forma correcta de proceder. El aviso fue colocado por los practicantes de la policlínica en grueso carácter gótico: El aviso corrige los antiguos métodos utilizados y en los cuales el presunto suicida no culminaba su acción, en el se recomienda no utilizar el permanganato de potasio, el cual ocasiona solamente trastornos digestivos. Se recomendaba de acuerdo con el anuncio la estricnina a altas dosis, el sublimado corrosivo, la morfina intravenosa, etc.6

LOS PRACTICANTES AVISAN A LOS PRESUNTOS SUICIDAS QUE:


Ya está ampliamente demos-
trado que el permanganato de
potasio no mata; que solamen-
te ocasiona trastornos digesti-
vos pasajeros y mancha la len-
gua. Se recomienda la estricni-
na a altas dosis, el sublimado
corrosivo, la morfina intraveno-
nosa, etc., que da una mortali –
dad fija del ciento por ciento.



El cartel fijado por los practicantes de la policía nacional, causo revuelo, el director de la policía lo arrancó personalmente y fue reemplazado por un guardia armado, se abrió una investigación, la noticia trascendió a la prensa local e internacional, el cartel fue colocado por desconocidos en las estradas del permanente central para ilustración de los presentes suicidas. El general Azuero Arenas director de la policía, varios oficiales, el jefe de sanidad y algunos funcionarios llegaron a las diez de la mañana a la policlínica central con el fin de averiguar la verdad de lo ocurrido, era un enorme cartel. Destaca por otra parte la noticia, la gran cantidad de intentos fallidos por el potasio que para una ciudad como Bogotá en el año 40 y 41 eran altas: “Según es bien sabido el permanganato, aún en altas dosis, no causa la muerte y los practicantes durante el año de 1940 atendieron a más de cuatrocientas personas que ingirieron esa droga en desesperada intención suicida. Por lo demás, durante los nueve días de este año se han atendido ya una docena de nuevos envenenamientos leves con permanganato.7

Salto de Tequendama

Acuarela de Comisión Corográfica 1850 Firmada M. M. Paz


El salto final al Salto de Tequendama, la cascada que se visitaba con regularidad por los bogotanos se convirtió en el lugar predilecto para los suicidas que querían sobresalir por su acción, en el Salto fueron corrientes los suicidios que la prensa resaltaba y la sociedad en general comentaba. Los casos que buscaban publicidad, notoriedad no eran por lo general anónimos y los ejecutantes dejaban sus notas, fotos o versos.

Foto de MundoNeko's - Salto del Tequedama, caida 300 metros Colombia Flickr

Uno de los casos que tuvo en vilo a la ciudad y a la prensa fue el cometido por un conductor de taxi rojo, lo que motivo a los chóferes capitalinos a emprender la búsqueda del cuerpo de su compañero y fue así como el 14 de enero de 1941,8 30 conductores dejaron su oficio y emprendieron la búsqueda del cadáver en los bajos del Salto de Tequendama, se aprovisionaron de material y emprendieron el trabajo. El conductor Eduardo Umaña conducía un taxi rojo que fue hallado cerca del salto, previamente el taxista había manifestado a sus compañeros que se encontraba aburrido de la vida. La búsqueda continuó para el 15 de enero y entre el equipo de rescate se encontraba Jorge Bejarano, amigo íntimo del suicida quien en un momento trato de arrojarse igualmente al salto, ya que había pactado y jurado, con palabra de honor suicidarse con un día de intervalo su intento se produjo en seis oportunidades.


Los titulares de prensa usan la información con grandes titulares y de manera amarillista resalta al acción de los voluntarios “No podían respirar y la vista se les nublaba”, además la noticia del día narraba como de la cueva que forma el salto, salían aves gigantes, en la laguna de los suicidas, resalta además como era usual encontrar cadáveres de NN, muestra además como muchos de los suicidas correspondía a casos de desamores y crisis económica.


Pero además la actividad de búsqueda se convertía en aventura para los jóvenes y así un grupo de estos se osaron a buscar el cadáver de otros suicida posterior al taxista con el fin de tomarle fotos e identificarlo, todos destaca la prensa tenían menos de 18 años.9 Cunado llegaron a la caverna usaron perfumes para contener el fuerte olor de los cuerpos de los suicidas, entre tanto doña Irene Lovera trató de arrojarse.


La noticia relata además como el día domingo se volvió un atractivo turístico y de aventura para los bogotanos quienes acudían al salto para ver de primera algún supuesto suicidad. Era una feria, y un espectáculo el día de fiesta.


En cuanto a doña Irene Lovera, frente a 150 paseantes, y después de tomarse varias fotos se dirigió al borde del abismo y con gran disimulo dejó unos papeles sobre la piedra, pero fue detenida por el agente de policía. En la cubierta hallada sobre la piedra se leía escrito en lápiz “Para siempre”10


La prensa destaca como para el 22 de enero fue recuperado el cuerpo de Umaña, lo que constituía en el primer cadáver recuperado, como particularidad presentaba la corbata fuertemente anudada a los ojos. El cadáver fue transportado como el de un héroe, con 260 máquinas en el cortejo, al llegar al sur de la ciudad se sumaron doscientas unidades de todas las empresas de taxis y se esperaba que trescientas participarían en el funeral. El suicida fue pues un héroe para los conductores.


¿Pero porque un héroe, cuando es solamente un hombre que sucumbe ante sus derrotas? Probablemente la situación social que se generaba en la ciudad no era la más halagadora en generar nuevas expectativas de vida a los ciudadanos, a pesar de ser una ciudad pequeña, las condiciones de pobreza resaltaban de acuerdo con los viajeros y la falta de incentivos eran escasas, Umaña vivía en el barrio las Angustias, vecindario popular de la ciudad, con la mamá y con su amigo Jorge Bejarano, Quizá los conductores veían en el suicida una resistencia social a la situación política hegemónica que dominaba el país.


Por otra parte el día en que se recuperaba el cadáver, se efectuaba una misa en San Diego por el alma del suicida y en el entierro se alistaban caravanas de carros para acompañar el cuerpo. La Iglesia y la sociedad para la Edad Media de acuerdo con Phillippe Ariés: “… del principio de los tiempos modernos no aceptaban que la muerte detuviese el curso de la justicia y de su acción. Llevaban al muerto ante los tribunales: cuando se trataba de un suicida, su cadáver era arrojado fuera del cementerio: todavía en la Bretaña de principios de este siglo, cuenta G. Le Bras, existían cementerios reservados a los suicidas, donde el ataúd era pasado por encima de un muro sin abertura”11


Con respecto a lo citado cabe destacar como para el 16 de junio de 1930, el perídico El Tiempo, destacaba como hasta el día reposaban en el cementerio maldito de los suicidas los restos de “el más grande de los poetas colombianos” José Asunción Silva. “Ayer, silenciosa y discretamente, fueron trasladadas sus cenizas al panteón de la familia, en el cementerio general de los católicos […] Allí (al cementerio) fueron llevados también, el mismo día los restos de la señorita Elvira Silva, la musa del gran poeta, quedando los unos al lado de los otros…”12


Más si os cansó lo rudo del camino,
Y si está el corazón agonizante,
Pensad que solo sois un peregrino,
¡Y seguid adelante¡…


Retomando la historia del suicidio en Bogotá se lee en el periódico El Tiempo que para el día 27 de enero de 1941 que un ex­-policía en el mismo salto, beso a su novia y se arrojó al abismo, la dramática escena fue presenciada por centenares de turistas. El ex­­-agente llegó al salto con su joven novia para que les tomaran la fotografía, dio el beso y saltó, su novia trató de seguirlo pero fue detenida.


Pero destaquemos el actuar de los suicidas en el salto. La ciudadana Diva Quintero quiso matarse, cerca al Salto del Tequendama en enero de 1941, la protagonista del intento vino a la ciudad procedente de la ciudad de Neiva el 5 de enero con el único y exclusivo fin de quitarse la vida, al ser detenida y conducida a la ciudad trató de arrojarse a un automóvil entre sus bienes encontraron las autoridades unos verso:



Yo María Diva Quintero
a quien le dicen “madama”
sus amigos,
mañana, cinco de enero,
me lanzaré al Tequendama,
sin testigos.13


La noble ciudad de Neiva
fue el solar de mis mayores
y mi cuna;
en su plaza hay una Ceiba
por donde rielan los fulgores
de la luna.


Hirióme amor con su azote
y ya no sanaré nunca
de su herida
es necio que no denote
la realidad coja y trunca de mi vida.


Cuan fácilmente caí!
y fui de ingenua manera
derrotada;
yo mi entereza perdí
y troqué mi primavera
por nonada.


Mañana de Natagaima
que de inefables en sueños
me colmaron;
crepúsculo de Coyaima
que de pecados pequeños
me llenaron.


Como agravarme de culpa
si conocí la palabra
pororoca,
gustando la rica pulpa
del tacto de abracadabra
de su boca?


Como decir que hice mal
si me prendé de su mucha
donosura;
si por mí sino fatal
pretendí colmar mi lucha
de ternura?


Oh vida vana y traidora,
tormento torpe y nefando
de la ausencia!
espera de de hora tras hora
y siempre estar extrañando
su presencia!


Boca de abismo cruel,
hondura de la tremenda catarata!
para que vivir sin él?
acepta la humilde ofrenda
de esta chata.
 

Pero igualmente los versos, frecuentes en la tradición cultural de la ciudad de Bogotá se ncuentran entre los bienes de un zapatero que se quitó la vida de un tiro de revólver el 7 de enero de 1941: la tragedia ocurrió a las 5 de la tarde en un lote de la calle 59, en una carta dejó la razones de su muerte y unos verso14:


Ni con tu cara de foca,
ni con tu pelo de yute,
ni con tus ojos de mute,
ni con tus uñas de roca,
ni con tus manos de fique,
ni con tus dientes de yuca,
ni con tus piernas de Antuca,
ni con tus pechos de chique,
podrá quitar alfeñiqué
el alma mía, que maduca
su ración de espuria cuca
y bebe en el alambique
una bebida maluca.

Chique, chique, chique, chique.
Si no me pasa este achaque me iré para Subachoque,
a que la gente me atraque,
y un automóvil me choque.

Le pediré a Juan Araque
que ni por risa se apoque,
reventaré un triquitraque,
me comeré un alfandoque,
me beberé un almanaque,
me subiré a un alcornoque,
y le diré a quien me saqué,
chiqui, chiqui, chiqui, choque,
aunque el momento me empaque,
y me pegue un badulaque
que mi desprecio provoque,
que no me pongan un cache
que mi buena fama agache
por que prometo, caracho,
aunque la cosa me empache
a fuerza de ser muy macho
encenegarme en un bache,
asesinar un muchacho,
transfigurarme en un guache,
no siendo Paco, ser Pacho,
convertirme en cachivache,
volver al mundo un gazpacho
y cual Guzmán de Alfarache
probar, quitándome el cacho,
que amor se escriba con hache.

Me comprare un cachucha
aunque me quede muy chica,
me bañare en una ducha,
me dormiré en una pica,
me volveré radioescucha,
incendiaré una botica,
me raptaré a una muchacha
que sea bien rica,
a quien le diré la Chucha
si en la tarde me repica.

Chique, chique, chique, choque,
tique, tique, tique fique,
me voy ya es de noche.

El índice de suicidios que se   empezaron a presentar en el Salto del Tequendama llevó a  preguntarse por parte de la prensa las razones del problema y es así como analizaban el caso “durante los últimos meses del año pasado (1940) los presuntos suicidas habían olvidado el Salto del Tequendama y apelaban a la droga tóxica o al revolver. Durante enero la catarata ha vuelto a cobrar el trágico prestigio”15. En Francía igualmente se hacen la pregunta en el porque los suicidas toman el lunes como día para el actuar: “ En   Francia, anota Gerard Vincent, los suicidas escogen sobre todo los lunes, casi nunca el fin de semana, preferentemente el mes de mayo o el de junio, y los ciudadanos sobre todo el mes de agosto […] un estudio subraya la influencia del aislamiento (soltería, divorcio, viudez). El suicida es un muero que  condena a perpetuidad a sus próximos al sentimiento de culpabilidad”16


Pero el problema siguió en pie  para el Salto del Tequendama, el escritor norteamericano Crhistopher Isherwood, hacia  1947 narraba con cierto vuelo poético el lugar de frecuente visita en un paseo al Salto del Tequendama. “El Tequendama es el sitio preferido por los suicidas quizás porque haya algo hipnótico en el lecho de plumas de espuma que surge entre las rocas. Para evitar los suicidios, siempre hay un policía que guardia con un perro. Se sienta  solitario en un refugio con techo de palma, y con un par de esposas colgando del cinturón”17. Los paseante le preguntaron si él detectaba entre la gente  quien se iba a suicidar, a lo que respondió que casi siempre y si el no acertaba lo hacia el perro. El suicida por lo general cuando forcejeaba con el agente trataba de irse con el. 18


Para Vincent Gerard en su  trabajo sobre el Secreto: “El suicida es el desafiante absoluto. Desafía a los vivos  por su rechazo de una existencia que juzga insatisfactoria o intolerable. Desafía a los muertos con los que se reúne con una prisa incomprensible. Desafía a Dios, puesto que niega su propia Creación, y éste es el motivo por el que el catolicismo hace del ahorcamiento de Judas Iscariote un pecado sin remisión.[…] ¿Dónde ha encontrado este maníaco depresivo que desde años “se abandona” renunciado a cualquier aliño, que ha dejado  de lavarse y de conceder la mínima atención a su manera de vestir, la fuerza suficiente como para ahorcarse en parque del hospital psiquiátrico o el coraje para saltar la balaustrada del balcón? ¿Cómo este esquizofrénico aparentemente “separado de lo real”, ha podido almacenar un número suficiente de píldoras como para que todas ellas hayan llegado a provocar lo que se llama un “suicidio con éxito”? ¿Qué ocurría –se preparaba- en la cabeza de este cuadro superior que ha precipitado su automóvil contra un árbol sin causa aparente? Secreto. El suicida lo es hasta el punto que nosotros ignoramos su número anual”.19


En la historia de Colombia hay  que recordar, que el suicidio fue presente por parte de los indígenas contra la invasión  española de sus territorios, en las crónicas se menciona por ejemplo el caso de los laches  que optaron por suicidios masivos como resistencia al sometimiento español:  igualmente entre los embera-chami, este se presenta como reacción colectiva contra la  sujeción impuesta por parte de los ejércitos irregulares que atraviesan sus territorios y  tratan de someter a sus filas a los jóvenes. Pro último es muy notorio el caso de los Uwa en  cuanto a amenazar un suicidio masivo en caso de que las multinacionales petroleras  violen sus espacios sagrados y extraigan de la tierra el petróleo que para ellos es la sangre de la tierra.



El suicidio como patología urbana

Un comentario psiquiátrico **

Me pareció muy interesante y válido iniciar una búsqueda histórica que ayude a dar luces acerca de este fenómeno complejo que dada la predominancia que vienen teniendo las explicaciones reduccionistas en el orden biológico, que atribuyen la depresión y el suicidio a fallas bioquímicas; soslayando aspectos contextuales como a los que apunta el artículo

De otra parte si bien los aspectos sociales y culturales señalados contribuyen a la comprensión del suicidio como fenómeno social, de igual manera no podemos reducir la complejidad del comportamiento humano a estos aspectos. Pienso que los aspectos individuales que se abordan desde lo clínico y que en el caso del suicidio vienen siendo investigados con la llamada autopsia psicológica donde a través de la recopilación lo más exhaustiva de datos y entrevistas con allegados se intenta establecer las características psicológicas de la persona y las circunstancias vitales que rodeaban su existencia. Aún con esta metodología siempre faltará como es lógica la voz del suicida, exceptuando los casos donde dejan cartas. Como usted me dijo en la conversación sobre la continuidad de la indagación a través de las siguientes décadas, reafirmo su importancia para contribuir a entender el suicidio desde nuestras circunstancias particulares sociales, culturales, etc.

 


Notas

* Artículo desarrollado en clase con el profesor Alfonso Torres en la Maestría en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

** Nota de un profesional en psiquiatría que pidió no publicar su nombre.

1 VINCENT, Gerard. ¿Una historia  del secreto?. En Philippe Aries y Georges Duby. Historia de la Vida Privada. Tomo 5. De la primera  guerra Mundial hasta nuestros días. Tauros, 2001. p. 311

2 DIAZ Sánchez, Lorenzo. Prólogo  al libro El suicidio de Emile Durkheim, Edición Akal

3 DIAZ Sánchez, Lorenzo. Prólogo  al libro El suicidio de Emile Durkheim, Edición Akal

4 DIAZ Sánchez, Lorenzo. Prólogo  al libro El suicidio de Emile Durkheim, Edición Akal

5 DIAZ Sánchez, Lorenzo. Prólogo  al libro El suicidio de Emile Durkheim, Edición Akal

6 El Tiempo, 10 de enero de 1941

7 El Tiempo, enero 10 de 1941

8 El Tiempo, enero 15 de 1941

9 El Tiempo, enero 20 de 1941

10 El Tiempo, enero 20 de 1941

11 PHILIPPE, Aries. El hombre ante  la muerte. Madrid, Taurus Humanidades 1990: 45

12 ARGUEDAS, Alcides. La Danza  de las Sombras. (Apuntes sobre cosas, gentes y gentezuelas de la América Española) Bogota: Banco  de la República, Talleres Gráficos. 1983, p. 225

13 El Tiempo, enero 6 de 1941

14 El Tiempo, enero 8 de 1941

15 El Tiempo, enero 6 de 1941

16 VINCENT, Gerard. ¿Una historia  del secreto?. En Philippe Aries y Georges Duby. Historia de la Vida Privada. Tomo 5. De la primera  guerra Mundial hasta nuestros días. Tauros, 2001. p. 311

17 ISHERWOOD, Crhistopher. El  cóndor y las vacas. Bogotá. Biblioteca Quinto centenario, Banco de la República. 1994. P. 84

18 ISHERWOOD. Op, cit., p. 84

19 VINCENT, Gerard. ¿Una historia  del secreto?. En Philippe Aries y Georges Duby. Historia de la Vida Privada. Tomo 5. De la primera  guerra Mundial hasta nuestros días. Tauros, 2001. p. 311


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Recursos

El suicidio asistido. Angeles Rocio Tillet.

El suicidio asistido y eutanasiaJorge Ignacio Rey

Los trances superados. Correos 

Sentencia C-239-97. Homicidio por piedad. Corte Constitucional

La globalización de la información y la pérdida de la identidad regional. Francisco Cifuentes 

 



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