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La seudomorfosis de la política colombiana

Francisco Cifuentes

La seudomorfosis es un fenómeno de la naturaleza donde conviven varios minerales atrapados por la inercia del tiempo. Es posible extender el término a la dinámica los partidos políticos para resolver la perplejidad del observador que intenta comprender lo inexplicable e impensable que resultan, a la lógica, las alianzas de fuerzas “oscuras” con fuerzas “claras” que se dan en los partidos políticos durante las campañas electorales para lograr el acceso al poder. Las revelaciones del los vínculos de políticos y paramilitares y el intercambio de favores desde su campo de acción ha llevado a la Corte Suprema de Justicia a impulsar un proceso penal contra varios parlamentarios por sus vínculos con los paramilitares que destapa con toda claridad la vigencia del acomodamiento forzado de los políticos con los delincuentes organizados.

Oswald Spengler en su obra “La decadencia de occidente” traspone la seudomorfosis de los minerales a la historia en estos términos:

“En una roca están enclavados cristales de un mineral. Se producen grietas y fisuras. Chorrea agua que va lavando los cristales, de manera que solo quedan sus cavidades. Más tarde sobrevienen fenómenos volcánicos que rompen la montaña; masas incandescentes se precipitan en el interior, se solidifican y cristalizan a su vez. Pero ya no pueden cris­talizar en su forma propia; han de llenar las formas que aquellas cavidades les ofrecen; y así resultan formas menda­ces, cristales cuya estructura interior contradice la construc­ción externa, especies minerales que adoptan apariencias ajenas. Los mineralogistas llaman a esto pseudomorfosis.

Pseudomorfosis históricas llamo yo a aquellos casos en que una vieja cultura extraña yace sobre un país con tanta fuerza aún, que la cultura joven, autóctona, no consigue respirar libre­mente, y no solo no logra construirse formas expresivas puras y peculiares, sino ni siquiera llegar al pleno desenvolvimiento de su conciencia propia. Toda la savia que asciende de las pro­fundidades del alma primigenia va a verterse en las cavidades de la vida ajena. Sentimientos jóvenes cuajan en obras ca­ducas, y en vez de erguirse con propia energía morfogenética, crece el odio al lejano poder en proporciones gigantescas.”

En la naturaleza la seudomorfosis es estática; en la sociedad dinámica. La fuerza de un grupo que convive con otro genera tensiones permanentes que modifican la relación dependiendo de la astucia, el número y la fuerza bruta de los miembros, ahora estamos frente a una inversión de los valores políticos donde el centro del poder se encuentra localizado en “las montañas” (bellas casonas de haciendas protegidas) que orientan y disponen mientras los políticos elegidos quedan en este juego como piezas de un plan superior que llevará previsiblemente a un narcoestado si no se toman los correctivos oportunos y se dejan las fuerzas a su curso. La política quedó al servicio de la ideología del delincuente.

Los paramilitares y la insurgencia son el Estado en los territorios de su influencia (la otra Colombia), los políticos elegidos con su apoyo son razoneros que tuercen el destino de la sociedad hacia los intereses personales de los “comandantes”. El dilema es grave porque se requiere revisar a fondo la infiltración que se ha dado en todas las instancias de la administración pública, frenar robo extorsivo a los fondos municipales (regalías, recursos de salud, contratación local), mejorar la calidad de la dirigencia de los partidos, fortalecer la presencia del Estado con programas sociales y dar sentido político a las ejecutorias. Es un camino donde los “buenos” son minoría porque las mayorías indiferentes están concentradas en las ciudades y el espacio del campo es imposible de cubrir desde los escritorios de la capital; la riqueza del narcotráfico se enfrenta a la pobreza del estado; el poder de fusil abruma al descamisado; el sentimiento del desalmado apabulla al hombre de buen corazón. Mientras tanto, todos tenemos que seguir viviendo en el pedazo de mundo que nos correspondió para cumplir nuestro destino sin saber quién es qué.

La metamorfosis de los paramilitares

Todo fenómeno social comienza en alguna parte. En lo social, nada se crea de la nada, siempre el desarrollo y la aplicación de una idea requiere que se den las condiciones para que surja “un grupo de oración”, hombres que se comprometen en materializar una idea. Las autodefensas surgen de una situación especial, cuya esencia medular son los mafiosos y sus cuerpos de escoltas. Acosados en sus riquezas y negocios por los idealistas de la guerrilla, lograron con habilidad que diera una legislación de excepción que permitió la legalización de estos cuerpos para militares. Quizás el punto de ruptura de la caja de Pandora se dio con el secuestro de Nieves Ochoa en Medellín por el M-19 y la posterior determinación de los narcos de no negociar su liberación. Creo recordar un comunicado arrojado desde una avioneta sobre la ciudad de Medellín con un llamado para que cada “personaje” aportara diez de sus hombres que enfrentaran la amenaza de la subversión contra sus familias. El desenlace de este hecho fue la liberación de Nieves y uno o varios de los responsables aparecieron una madrugada encadenados, con carteles en el pecho alusivos al secuestro, frente a las oficinas del periódico local. Luego durante el gobierno del presidente Barco se propuso y aprobó la creación de las autodefensas legales como respuesta las presiones sobre los finqueros por la insurgencia. Creo recordar que se denominaron “cooperativas de seguridad” o “convivir”; eran asociaciones de hombres armados con armas vendidas por el Estado y pronto los narcotraficantes vieron la tronera jurídica que los habilitaba para tener ejércitos privados legales a su discreción. Los alcaldes locales, a su vez, fueron autorizados a conformar cuerpos de “policía cívica” y mis recuerdos en particular de la Envigado es el de que eran un cuerpo de sometimiento de toda la población a los designios del “capo”.

La metamorfosis de este movimiento se inicia cuando el gobierno ilegaliza estos grupos armados que ya estaban conformados, cuyas bondades en cuanto al ejercicio del poder y la eficacia para con­trarestar la extorsión subversiva estaban comprobados.

La crisálida estaba en germen, se requería dinero y el narcotráfico lo proveía en los comienzos, pero el sostenimiento de una guerra prolongada y de un ejército requiere de otro tipo de recursos, de infiltración en los organismos del estado, de extorsión a los renuentes las contribuciones voluntarias, de exacción de los fondos públicos en los gobiernos locales, y la muerte o el exilio a los que se resistan. El monstruo está creado y la visión final a la que llega el dirigente es que no se puede vivir en la ilegalidad y las montañas toda la vida. Se pasa a la fase política, ahora la proyección del poder conduce a aspirar al control del Estado y a la legalización del pasado. El paramilitarismo se ha vuelto un movimiento político.

La retromorfosis de la insurgencia

El fenómeno de la retromorfosis se presentó en la naturaleza cuando, en la búsqueda por frenar el envejecimiento y lograr una juventud eterna, se sometieron a algunas larvas condiciones de enfriamiento para que se detuviera el proceso de trasformación e inclusive se reversó parcialmente el crecimiento de algunas partes del organismo. El producto final fue un engendro abominable.

Los movimientos insurgentes nacen y crecen al calor de los vientos del triunfo de la revolución cubana, son conmovedoras las proclamas que expidieron en su fundación. Pero no contaron con la dirección política de un “gran timonel” que aprovechara esa energía, luego de lustros de fatiga, sacrificio, kilómetros recorridos en los andurriales del campo y un vida en las montañas se vieron desplazados de grandes áreas “catequizadas” por el efecto de la aparición de los paramilitares que los arrojaron al abismo del narcotráfico para financiar su guerra contra el Estado y el nuevo enemigo (el Paraestado), o a perecer como grupo armado. La riqueza de este comercio afectó la percepción del poder en la dirigencia que limitó en los últimos 10 años a andar en burbujas cuatro puertas y llevar una vida de lujo y derroche no diferenciable de las de un mafioso convencional lo que los alejó de “las masas” (la rotada). Al final quedaron como un grupo sin ideología, sin banderas y sin otra razón ser que hacer embarques cuidadosos de la droga para a abastecer a los ciudadanos de su más grande enemigo –“el imperialismo”–. Acosados por todos sus enemigos, sin capacidad militar entran a explotar el terror, por lo económico que resultan sus golpes, como “forma de lucha” y se entierran en un infierno del no podrán salir porque ya no hay un evangelista de la izquierda que los bendiga, las bases campesinas y sindicales que los siguieron antaño prefirieron adorar los becerros de oro y les volvieron la espalda; el reclutamiento forzado de la niñez y la juventud campesina les garantiza la perpetuidad física pero las bajas por deserción son tan graves como los muertos en combate. La intención “liberadora” quedó transformada en una acción de terror. Ya no hay catecismo que aprender ni doctrina que difundir aunque queden todavía en la dirigencia algunos "santones anacoretas" leyendo los "textos sagrados de su ideología"; ellos fueron víctimas de la retromorfosis y está cuando se da en las larvas deja secuelas irreparables de manifestaciones mostruosas.

El gobierno y la sociedad

El futuro de estos tres verdaderos fenómenos deformes de la realidad social, cuyo manto común es la capacidad de corrupción del narcotráfico, es lo que debe encarar el gobierno y la sociedad colombiana. Se requiere de inteligencia y fuerza por parte del Estado para exterminarlos o dominarlos; pero fundamentalmente en la base de la solución debe haber claridad en el tipo de sociedad que quiere construir el gobernante y el grupo de personas que lo acompañan en el proyecto. De persistir la confusión entre los amigos del gobierno, las dudas y tolerancias sobre los vínculos  de famila cruzados,  la estupidez en los partidos de la oposición, la ceguera de los periodistas y columnistas obsesionados por la denuncia, y los errores militares de los guerreros nos quedaremos enzarzados en una guerra sin fin, sin salida y seremos presa de los fundamentalistas expedicionarios que ya hay por montones en el mundo, tendremos un no futuro como sociedad.


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