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La vendedora de votos

Francisco Cifuentes 

Dos veces seducida (ab)usada y abandonada, Yidis Medina pasará a la historia política colombiana como la típica parlamentaria de provincia. De ella encuentro lo que escribí hace cuatro años cuando aportó el voto que salvó el hundimiento de la reforma de la reelección presidencial inmediata:

“Es una política sin bandera ideológica: candidata por el partido liberal a la alcaldía de Barrancabermeja fue derrotada en la elección donde logró obtener once mil votos, pasó enseguida como suplente en las listas del partido conservador donde acompañaba en el segundo renglón de la lista a un político conocido del Magdalena medio; en el filo del primer debate sobre la reelección en la Cámara, cambió el sentido del voto la noche anterior a la votación, reversando con su decisión el resultado de lo que parecía con toda certeza adverso al interés del presidente y que aseguraba con ello el hundimiento del proyecto de reforma sobre la reelección presidencial inmediata.

Saltan de esta historia brevísima cuatro puntos que agobian el buen ejercicio de la política colombiana y que son una síntesis magistral en una sola persona y en un solo caso de los vicios que no se acabarán con las reformas políticas porque su solución se encuentra en la esencia del corazón de los hombres que se dedican a esta profesión.

Primero el cambio de partido entre dos elecciones sin haber hecho manifestaciones públicas de la apostasía al partido anterior pone de presente que sus once mil votos son personales, los puede llevar a donde ella quiera y siempre quien la aprecie podrá contar con ellos, son su clientela.

Segundo está ejerciendo la suplencia temporal del primer renglón con un pacto con el titular de la curul que por definición es ilegal pues no obedece a las causales para tener derecho a remplazarlo, y que pone en evidencia el carrusel de las curules parlamentarias y la falta de compromiso político del cabeza de lista con los electores.

Tercero el cambio del sentido del voto en el último momento muestra la debilidad de las convicciones pues esta acción no parece haber sido fruto de estudios, reflexiones y consultas sino de la calidad de las presiones que se ejercieron para que votara en uno u otro sentido. Pero puede ser también una falta de escrúpulos sobre el efecto del mismo y el uso del voto como una arma de chantaje al interesado en el resultado –en este caso el gobierno–, que debió prometer aumentar la inversión de los dineros oficiales en la zona de donde es oriunda la parlamentaria. La pregunta obvia sobre esta representante es cómo votó todas las leyes anteriores, qué guías y criterios tuvo ¿o siempre lo hizo en el filo de la votación en el sentido del mayor interesado?

Por último salió a atacar a su antiguo jefe político, dueño absoluto del electorado barranqueño –Horacio Serpa–, cuando fue abrumada por los manipuladores de la opinión nacional y grandes inquisidores de los programas matinales de noticias.

Yidis tiene el mérito de haber puesto la cara en la sesión de votación y haber arribado y aportado el voto definitorio oportunamente.”

Estas observaciones son tiempo pasado y Yidis se ha debido quedar vendiendo telas en su almacén de Barrancabermeja, luego de su paso furtivo en la Cámara (dos meses) no apareció en las listas como candidata para un nuevo período, ignoro si lo intentó y le negaron el aval o si optó por vivir una vejez sin sobresaltos, con un reajuste de la pensión parlamentaria que ya tenía asegurada. Fue seducida y abandonada dice un columnista (Oscar Collazos) que no describe, en su amena nota, el vejamen que debió padecer luego de su voltereta y no se atrevió por decencia a decir que fue también abusada. Las consecuencias de esta conducta ya habían pasado al olvido y en él han debido quedar por los siglos de los siglos.

Pero para la desgracia de Yidis, aparentemente sin ningún rezago ni sentimiento de escozor de esa mala experiencia anterior, pensando en poder lograr resarcimientos de promesas incumplidas, al calor de un nuevo debate sobre la reelección; en estos días ha salido a dar declaraciones extemporáneas dirigida (manipulada) por un periodista truculento y obtuso que esta vez completa, gracias a la ingenuidad de la entrevistada, el cuadro perfecto de una segunda violación periodística y política de Yidis. El periodista Coronell la “entrevistó” en su programa y sin compasión ni respeto con ella, la dejó en manos de la justicia. Esta ya la llamó a comparecer a sus estrados y le promete seis años de cárcel. Yidis se apresta ante la confesión pública del delito a entrar a la cárcel en los próximos días. Primero por haber jurado que no recibió ninguna oferta de los altos funcionarios del gobierno en las investigaciones posteriores a la votación, y segundo, porque al haber reconocido públicamente que votó afirmativamente la reelección por la oferta de unos cargos regionales para amigos y parientes suyos que no se los dieron (esa es la denuncia del incumplimiento del gobierno), al salir en estos momentos a decirlo sin tener la prueba que lo respalde, o peor aún si logra demostrarlo, se verá ante los jueces como una “vendedora de votos” o como una “extorsionista parlamentaria” con resultado adverso de condena contra ella en todas las salidas que tenga el proceso. La única diferencia en uno u otro caso es si se va sola o acompañada a la cárcel.

Es una desgracia para ella, que las «explosivas» declaraciones suyas, ambientadas durante semanas por el periodista en sus columnas, que amenazaban con arruinar la segunda reelección del presidente Uribe Vélez, la candidatura presidencial del ex ministro Sabas (hoy embajador), la permanencia en el cargo de los ministros de Salud, el empapelamiento y empalamiento judicial de varios asesores del palacio, haya quedado en una bomba que le estalló en la cara. Seguramente le caerá todo el peso de la ley y con especial zaña porque la oposición le cobrará su traición con la combinación de todas las formas de lucha, por medio de sus aliados en el poder judicial y sabe que con la dureza de la sanción que logré contra ella, espantará para siempre la tentación de los “traidores” en los votos comprometidos entre los parlamentarios de provincia. Nunca pudo estar más abandonada a su suerte.


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