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Las elecciones regionales de 2007

Francisco Cifuentes

El proceso electoral regional de este año, estuvo influenciado por los juicios criminales de concierto para delinquir con grupos paramilitares que se siguen a un gran número de parlamentarios elegidos hace tres años. La desorientación de los electores al ver encarcelados o llamados a indagatoria a los dirigentes políticos por los que votaron anteriormente y la gran cantidad de nombres que sonaban como próximas víctimas del poder judicial, los dejó inmersos en un proceso confuso y de desintitucionalización de los partidos pues, en últimas, todos ellos tenían en su inventario conductas pecaminosas que ocultar de alguno de sus dirigentes.[1]

Los partidos uribistas, a falta de dirigentes incondicionales y leales al presidente Uribe Vélez, hicieron alianzas inexplicables en algunas regiones que confundieron su identidad de partido de gobierno. Parecían más interesados en lograr representación en el poder local que en defender una gestión de cinco años en el poder central. Parecían no tener interés como organización política de consolidar una obra de gobierno ni empeño en proseguir el programa a largo plazo.

La estrategia de la izquierda, consistió en mantener la alcaldía de Bogotá, sin reparar el la calidad de los procesos de selección del candidato, ni el verdadero compromiso de esté con un programa de izquierda.

Los partidos tradicionales, sacaron las viejas figuras de los divanes y con ancianos de carne y hueso disputaron un espacio que cada vez se ve más estrecho para sus camarillas; lo que fue ratificado con las selecciones autocráticas del presidente del partido, en una práctica nada distante de “la época del bolígrafo”.[2]

Los políticos locales en tal desconcierto partidista optaron por recurrir a la conformación de movimientos independientes avalados por firmas y el resultado fue extraordinario: 247 movimientos de ciudadanos se crearon para este certamen electoral. Es un triunfo político esperanzador que demuestra el poder de las bases regionales sobre los intentos de las castas centralistas por mantener el control del poder regional desde los salones de los clubes de Bogotá.

La insurgencia, con su conducta sinuosa, asesinó a 16 candidatos que no eran de su simpatía, en su estilo ya conocido de debatir con los antagonistas, los silenciaron de un balazo, apoyó a los candidatos de izquierda y en el papel de actor armado, cada vez mas secundario, hizo menos daño al proceso que el esperado. Muy pocos candidatos se amedrentaron con sus terribles amenazas y retiraron su nombre de las listas.[3]

Nuevos actores internacionales, grupos políticos, religiosos y ecologistas transnacionales, ayudados y financiados con fondos de gobiernos y ciudadanos de otros países hicieron presencia en el certamen y algo pescaron en medio de tanta anarquía, pero los resultados fueron muy inferiores a las expectativas y temores, creo que para muchos de estos activistas mercenarios debió ser desmotivante la recompensa. Igualmente el espacio a los deslegitimadores de oficio de todo proceso electoral, y para los profesionales “demócratas” de las transnacionales de la izquierda se redujo.[4]

En esencia, el gobierno salió fortalecido: fueron contados los incidentes lamentables, las elecciones se hicieron, los ciudadanos participaron, los resultados se conocieron oportunamente y los candidatos perdedores aceptaron el resultado.[5]

El balance de los ganadores y perdedores es relativo. Las mayorías abstencionistas siguen dejando con su apatía de participación, que sean otros los que tengan el control del futuro de las comunidades. Aunque en muchas capitales se logró convocar, y participó, más de la mitad de los ciudadanos del censo electoral. La juventud es perdedora, por lo menos en los resultados que he revisado, fue marginada. Los “jóvenes” elegidos son mayores de cuarenta años y confirman la poca atención que prestan los dirigentes políticos a este importante sector de la sociedad. No percibo la presencia de una fuerza ni la tendencia renovadora que vislumbre un futuro mejor para el ejercicio de la política. Por el contrario, las controversias bizantinas, las negaciones fariseas, la arrogancia, es lo que se entresaca de los enfrentamientos partidistas, no hay avance.[6]

Los vicios de la denominada e indefinida “politiquería” persistieron; los “estímulos” electores, el trasteo de electores, las financiaciones “dudosas”, “interesadas” o “desbordadas”, la selección de candidatos a dedo son hecho que se dieron en algún grado, es innegable y demuestran que hay un camino largo para recorrer en el mejoramiento del proceso electoral. Es responsabilidad del gobierno, pero con mayor fuerza la extinción de estos vicios depende de la nueva clase política que debe tomar distancia moral del corruptor, perseguir objetivos a largo plazo y tener el carácter para afrontar la derrota si hay que transar principios elementales. El poder podrido, no merece acariciarse.[7]



[1] Son cincuenta

[6] El presidente del partido de oposición ha negado dos veces tener algo que ver con la publicación en el exterior de artículos difamantes o promotores de la violencia armada. 

[7] El candidato Samuel Moreno respondió en una pregunta atraviliaria que compraría votos para "salvar la ciudad"

Recursos

Las elecciones en Bogotá. Correspondencia de Francisco

Elecciones 2007 Alcaldes (Resultados provisionales)

Elecciones 2007 Concejo de Bogotá (Resultados provisionales)

Elecciones y péndulos 2003 Correspondencia de Francisco

 



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