Durante meses el periodismo de farándula colombiano se movilizó para localizar el texto del acuerdo que firmaron algunos políticos conjuntamente con los jefes paramilitares en San José Ralito en 1991. La primera noticia pública de la existencia de ese documento se tuvo en las declaraciones de un senador del departamento de Córdoba (Miguel de la Espriella) que prometió entregarlo al día siguiente. No lo hizo, y nadie pareció haberlo conservado en sus archivos, a pesar de haberse entregado copias a todos los asistentes que lo firmaron de su puño y letra. Fue Salvatore Mancuso, jefe paramilitar que se encuentra rindiendo ante la justicia la confesión de todos los crímenes, quien aportó el documento y este rápidamente fue “filtrado” a la prensa y convertido de documento “confidencial y secreto” en documento de dominio público.
El documento es decepcionante en el contenido, por lo tibio, frente a lo que se esperaba por la calidad de los firmantes. Declaraciones patrióticas y retórica barata.
Tengo en la cabeza otros recuerdos de papeles perdidos de la política colombiana, particularmente uno que encontré después de muchos años de buscarlo “El acuerdo de Benidorm”, también rescaté “El memorial de agravios” del patriota Camilo Torres. Hay otros que me interesan pero que no he hecho mucho esfuerzo por encontrarlos: “El pacto de Chicoral” (1973) y uno que me impactó por el carácter abiertamente subversivo de su contenido que fue la “Proclama de los liberales en Sogamoso” en los años cincuenta en plena época de la violencia partidista. Ahora con tanto político metido en la las arenas movedizas de la ética, se está ventilando la urgencia de conocer el “Pacto del Caguán” donde según las imágenes facilitadas por la oficina de prensa de la campaña del candidato Pastrana, aparece “Tirofijo” luciendo un reloj con la foto del candidato, como cualquier estrella del tenis, y en trasfondo se ve lo que parece es un documento que se aprestaban a firmar el candidato y el subversivo más buscado en Colombia; del antecesor de éste (Samper) se dice que existe un documento (con foto) firmado en un restaurante en la ciudad de Madrid con los que fueran a ser los futuros financiadores de su campaña presidencial.
Hay otros muchos papeles perdidos en la historia universal que tienen interés restringido como “El tratado de la Ética” de Aristósteles a cuya existencia y celo por su conocimiento atribuye Umberto Eco el incendio de la abadía que no identifica en su libro “El nombre de la Rosa”, o “Los discursos militares del centurión Saulo”, antes de su conversión en el evangelista Pablo.
Finalmente hay otros papeles de carácter parroquial, como la disputa del sacerdote García Herreros con la comunidad Eudista a la que pertenecía, donde se queja de que “lo dejaron solo” en los comienzos de la fundación de la comunidad “El Minuto de Dios”. Norberto Insuasty los tuvo refundidos por años en la pilas de carpetas que acumula desde que tiene uso de razón.
Es bueno que se haya acabado el run run sobre el documento de San José Ralito y ahora se tiene simplemente el listado de los 40 personajes que lo firmaron, quienes serán sujetados y agobiados por el guante de hierro de los opositores políticos. Hay carne para rato y los leones del circo y los periodistas de farándula tendrán víctimas para atosigar en los próximos meses.