Parece que los responsables de los medios de comunicación están ahítos del festín de la parapolítica que pocos proyectaron en el alcance en sus comienzos. Ahora están, por fin, saliendo a proponer medidas alternas para frenar el desmantelamiento del Congreso. Las propuestas son serias, meditadas pero tienen el sesgo del interés de su propia posición política, por eso lo que parece “patriótico” no es más que un ataque directo a la reelección presidencial para un tercer período. Esa es mi impresión.
Se propone el cierre del Congreso por referendo y la convocatoria a nuevas elecciones, sin entender que la causa del problema son los políticos profesionales, se piensa ingenuamente que habrá renovación automática. Se inventan incompatibilidades que excluyen de participar en política a los parientes de paramilitares hasta la quinta generación; proponen una reforma política esta vez si, en serio. Creen que un plebiscito convocado por el presidente es un camino viable. Terminan la nota, la publican y se van a dormir. Ellos ya hicieron lo que les tocaba.
Pero ninguno de los escritos en estos días con propuestas de lograr una salida al desmantelamiento del Congreso, acomete la organización y materialización del hecho jurídico que se requiere para transformarlo en un hecho político. Simplemente dejan a los cauces de la naturaleza que una mano invisible y todopoderosa haga lo ellos proponen. Su cuota es haberse sentado a pensar en una solución dos o tres horas y como comentaristas ya cumplieron con sus responsabilidades con la sociedad. Allá ella si no tomó en cuenta sus consejos.
Organicémonos es una es palabra que no requiere mucha explicación en las mentes perspicaces que ha hecho carrera en un cuento racista, pero es necesario que se predique, que se distribuyan las responsabilidades para lograr que se pase de los dichos a la acción. No he oído de ninguna reunión, menos de la conformación de grupos de “salvamento” entre la sociedad civil, no he escuchado campañas de promoción para recoger las firmas que llevarán a las convocatorias del Referendo, la Asamblea Constituyente, el Acto Legislativo, la Consulta Popular o el Plebiscito.
Mi propuesta de convocar y comprometer a un grupo de patricios que con dedicación exclusiva estudiaran y propusieran las medidas para mejorar el ejercicio de la política, se ha ventilado, no creo que gracias a mi nota sino que es algo que está en aire y se recoge en forma silvestre, por lo menos ya ha sido debatida en el gobierno. Se propone como una “Comisión de ajuste institucional”; desafortunadamente se enredó en la presentación con otra propuesta para crear un tribunal superior de segunda instancia que revisara las condenas a los congresistas. Casi inmediatamente fue retirada del debate público. Los medios se centraron en la segunda y los magistrados se arroparon, con sus togas, entre ellos mismos demostrando un espíritu de cuerpo que intimida al más arrojado de los ciudadanos que pretenda tocar sus fueros de poder.
Yo creo que esta comisión de ajuste es lo más práctico y viable, y que como mecanismo alterno es muy superior a las propuestas de consulta al ciudadano. Estas tienen un tinte democratero que les da mayor validez, pero su trámite es demasiado largo, su resultado incierto, debe pasar antes por el Congreso en dos legislaturas, y por la Corte Constitucional, los altos volúmenes de votación que se fijaron la Constitución para aprobar la reforma es otro elemento de incertidumbre, lo farrogoso de los textos que se pueden someter a consideración, además de lo difícil de la pedagogía de los mismos, no ofrecen un atractivo para convocar a los ciudadanos a participar. La falta de una identidad de partido, la ausencia de líderes políticos o cívicos para la promoción, la sombra del bolivarianismo, los petrodólares y los narcodólares, son elementos adicionales que restan en vez de sumar hacia un resultado favorable. Hace siglos que la belleza de la democracia griega se volvió impracticable, así los maestros sigan hablando de ella y la sigan ponderando.