Google

La carrera extrema

Desde la óptica de Andrés 

Beep, beep, beep ... 5:30 a.m. suena la alarma del reloj, normalmente a esta hora me levanto, hoy no es un día normal, llevamos 2 horas haciendo ejercicio, trotando. Miro alrededor y apenas está aclarando, respiro profundo y veo a mis compañeros de equipo, Ángela, Camilo, César los tres van detrás de mi, esa es la estrategia, el equipo irá a la velocidad del mas lento ...

La balsa se sacude inesperadamente y el río nos muestra su poderío, todo pasa en cámara lenta, bajo el agua veo a César a mi izquierda, arriba la balsa se ha quedado en el remolino, el remo me golpea la cabeza, abajo el río me hala hacia el fondo. Siento ese vacío en el pecho y el flujo de adrenalina por mis venas, no hay miedo pero si ansiedad por salir... Aire, respiro profundo, busco a mis compañeros, siento pánico pues no veo a Ángela. A la derecha ella aparece, rescató uno de los remos. Hacemos inventario de daños, nada grave una herida en el brazo de Camilo, un remo menos ...

La corriente nos empuja, tengo el remo, adelante está estancado un chamizo, intento esquivarlo, no puedo. La balsa pasa por encima de las ramas, todos intentamos aligerar el peso con esa reacción instintiva de levantar el tronco apoyando sobre las extremidades el peso, la balsa pasa y todos sorprendidos porque no se ha pinchado, nos relajamos, pero nos espera el barranco. El miedo a las ramas de los árboles que adornan el borde del río hace que carguemos el peso en un solo lado, la balsa se inclina lentamente y el segundo chapuzón es inevitable... respiro profundo, miro a mis compañeros, esta vez hay risas ...

La pendiente de la subida me invita a bajarme de la bici mientras el camino se tuerce a medida que avanzamos, pero adelante esta Ángela, subió sin dudarlo, pienso que casi sin esfuerzo. El dolor en las piernas y la espalda me obliga a pararme en los pedales, quizás cambiar de posición me libere del flujo constante de ácido láctico. Esta tiene que ser la última subida de este tramo, respiro profundo veo a Ángela y Camilo que ya coronaron la cuesta, miro hacia atrás y vienen César y Juan Pablo ...

Finalmente llegamos al punto acordado para el descanso, llevamos mas de 10 horas haciendo ejercicio, es una alberca, la sombra de un guayabo nos acoge mientras metemos los pies en el agua fría, interrumpimos el camino de las hormigas arrieras en su trasteo de hojas, de proporciones similares a la distancia de nuestra carrera extrema. Hay que continuar, el ánimo y el espíritu del equipo está intacto, respiro profundo y tomo la bici para enfrentar la última subida... según Camilo...

2005 Kilómetros, quedo muy cerca el cuenta kilómetros, es lo primero que veo, tengo la cabeza en el piso apoyada sobre el casco, me raspe un poco el brazo y la cadera, los guantes evitaron el consabido raspón en las manos... me quedo en el piso mientras paso el susto, desde que me rompí la muñeca derecha jugando fútbol me aterra la idea de pasar por el proceso de la fractura–recuperación–fisioterapia. Cesar se acerca para ver si estoy bien, Camilo y Juan Pablo también regresan para hacer la evaluación ... nada esta roto, nada esta torcido ... un par de mejoras no hacen daño para fortalecer el carácter, me limpio con agua la cara y las raspaduras, respiro profundo y sigo a mi equipo desde la seguridad de la retaguardia.

Seis fotos mentales, seis instantes detenidos en el tiempo, seis párrafos, eso es lo que queda de un experimento que duro cerca de 15 horas en ejecución y varios meses de preparación. Dos meses después estoy escribiendo este articulo y me acuerdo de cada uno como si hubiera pasado hace 5 minutos, hay gente que en toda su existencia no tiene uno solo de estos en su haber, yo los guardaré en mi memoria como los tesoros que son, de la misma forma que guardo en mi corazón a todos los que participaron en esta aventura.

Andrés

Recursos

[www.eforcers.com]