¿Qué mueve a un ser humano, joven, adulto o viejo, hombre o mujer, limitado en recursos o adinerado, cosmopolita o provinciano, a convertir sus horas de ocio, que bien podrían ser tranquilas, creativas y relajadas, en horas de esfuerzo competitivo al límite, en horas de dolor físico y en ocasiones de tragedia tras el triunfo deportivo? Cada cual tiene su respuesta, la cual bien puede ser la de probarse a sí mismo, la de templarse contra el miedo, la de ponerle el pecho a la aventura, la de ganarse el premio, la de vivir el momento con intensidad, la de reverenciar el alto sol y el portento de la respiración profunda mientras ésta no nos falte y aún sea posible hacerle el quite a la adversidad de la agonía de la muerte. Pueden existir muchas más, y la historia de la emulación humana en los valores del deporte mundial son pletóricas de enseñanzas en este tipo de motivaciones.
En lo que a mí respecta, lo cierto fue que la carrera extrema organizada en Neiva por el Club de Montañismo Tierra Viva motivó mi interés por la sencilla razón de parecerme una propuesta insólita en el contexto deportivo tanto de la ciudad de Neiva como de la totalidad del Departamento del Huila, lamentablemente todavía primario y atrasado. No pretendo en esta nota incursionar en el análisis de los problemas y potencialidades que caracterizan al deporte huilense, a la escasa, por no decir nula, presencia institucional pública y privada en su dinamización y dignificación. En materia de atletismo de fondo, baste al menos un dato: En nuestra ilustre capital sólo se celebra una media maratón anual, de carácter internacional, en el mes de mayo, con motivo del cumpleaños de la villa, prueba en donde los entusiastas de la ciudad se limitan a observar y aplaudir a los pocos extraterrestres que aquí se dan cita para acometer los 21,097 Km. bajo un sol inclemente y temperaturas extremas. En el año 2004, según el listado oficial de la Liga Huilense de Atletismo, la casi totalidad de los atletas participantes que lograron terminar la competencia pertenecían a ligas y clubes no huilenses. Debe, además, señalarse que ésta media maratón, a pesar de ser la más antigua de las que organizan en el país (lleva ya once versiones), nunca, y guardando las debidas proporciones, ha alcanzado una participación masiva, al estilo de Bogotá, Medellín o Cali. En el año 2003 terminaron 92 atletas (85 varones y 7 damas); en el año 2004 terminaron la prueba 75 atletas (65 varones y 10 damas), entre ellos lo mejor del fondismo nacional tal como lo muestran los primeros lugares de Alirio Carrazco con un tiempo de 1:04:35 en varones y de Iglandini González con 1:18:59 en damas. Tal vez sea éste profesionalismo de los participantes, unido al clima, factores de peso adicionales que intimidan a los 350.000 apacibles habitantes de la capital de esta tierra acogedora de promisión. En la media maratón de Bogotá uno puede camuflar su impreparación o incompetencia entre 40.000 participantes. En Neiva, desde el pistoletazo de salida usted está ya en el último lugar y así hasta terminar. Esa ha sido al menos mi gratificante experiencia en la categoría de señor master (62 años) al llegar de penúltimo el año pasado con un tiempo de 2:02:29. Valga decir, como indicador de primera mano, que soy el único profesor de la Universidad Surcolombiana que se anima a participar anualmente en esta cita, y no critico por ello a mis colegas, cuando aquí hablamos en ciertas tardes de temperaturas apabullantes de 40 grados a la sombra. Los estudiantes de esta alma mater se acercan a los 7000 y no he visto ni escuchado decir que alguno de ellos se anime a ponerse y sudar su camiseta roja y blanca para darle presencia institucional a la USCO en la media maratón de su ciudad.
Por todo ello vi con gran escepticismo e interés el llamado del club organizador "Tierra Viva" para constituir equipos mixtos de cuatro personas dispuestos a acometer desde las tres de la madrugada del pasado domingo de Ramos una especie de media maratón entre tinieblas y por caminos paralelos y alternos a la vía principal pavimentada entre la ciudad de Neiva y El Juncal (El tomo), regresar al despuntar del día en tres tablas sobre neumáticos a manera de balsas por el río Magdalena en un trayecto de aproximadamente 30 km hasta el puente del Cuisinde en Neiva (ver mapa del recorrido), y a continuación acometer unos 100 km de ciclismo por terrenos imposibles, además de aderezos para doblegar a indecisos como paso de cuerdas entre altos samanes, de nuevo canotaje a lo ancho del río y mini rondas adicionales de 10 km de trote y 5 de ciclismo para el remate antes de terminar.
No fue fácil para Camilo Ernesto, mi hijo, conformar su equipo de cuatro batalladores. Llamadas a Bogotá, a los familiares, a los amigos cercanos. Confirmaciones y desconfirmaciones. Aceptaciones y dudas. Fue entonces cuando pensé que en total no se inscribirían más de dos equipos locales en la competencia, esto es, los equipos más conocidos por estos lados que con sobrados méritos fueron los que ganaron por estar constituidos desde hace varios años y tener experiencia nacional en este tipo de pruebas. Entonces decidí que acompañaría a mi hijo en la experiencia de esta carrera y crearía mi propio equipo de veteranos, la organización no lo prohibía, pero mutis por el foro, no había con quien, y menos aún alguna dama mayor que se le midiera al reto. Mi amigo Francisco, en quien primero pensé como coequipero declinó el honor pero se comprometió a apoyarnos presencialmente, él y su familia, con lujo de detalles, como en realidad ocurrió.
No describiré la gran dificultad para quienes, neófitos en estas lides, nos decidimos a conformar un equipo de acuerdo a las exigencias de la organización. Como he dicho, no sólo no abundan los atletas por estos lares y cuando alguien decide hacerle frente al reto carece de los implementos deportivos y técnicos adecuados: bicicleta todo terreno liviana (de aluminio o de carbono, de 3 por 6 velocidades y con amortiguación), casco con normas internacionales de protección, dos o tres pares de tenis, ropa deportiva de cambio, equipo para ciclismo, guantes, gafas, mochilas para transportar las bebidas energizantes y de hidratación etc. De todo ello debe encargarse el capitán del equipo y especialmente sus auxiliares, familiares y amigos animadores quienes, en realidad de verdad, constituyen el alma oculta del atleta y de su proeza.
Lo cierto fue que metidos en el problema logramos integrar dos equipos los cuales ocuparon el cuarto y quinto lugar entre un total de ocho. Los costos, no para todo bolsillo, valieron la pena, en promedio un bicicleta, sin ser las más sofisticadas, es de 1.5 millones de pesos, algunas fueron alquiladas; la inscripción de los dos equipos, el valor de las comidas y bebidas, los desastres por los naufragios se contra restan con el valor del apoyo logístico de los amigos y familiares, su animación constante, y el calor de la integración de un equipo, de un colectivo de voluntades esto, simplemente no puede medirse, es inconmensurable.
Al escribir esta nota pienso en la acertada decisión de haber respondido con un gran Sí a este reto, de haber permitido alojar en mi cabeza la dificultad de su distancia, de haberlo intentado y de haber superado en más de un 80% su recorrido, ese, el de ese día, irrepetible y único. Debo agradecer por ello a Tierra Viva por la audacia de acometer un proyecto al parecer en tierra estéril y que inicialmente definí como insólito. Deseo agradecer a los miembros de mi equipo quienes, sin la debida preparación, fueron aún más audaces que yo, a mi hijo David, a mi cuñado Aroldo, y a nuestra hada inspiradora Natalie, campeona nacional de canotaje, quien de tanto remar llenó de ampollas sus manos.
En el plano conjetural ¿qué puede quedar, además de una experiencia individual pletórica de vida, de todo esto? Primero señalar que en los cien años de existencia que el Departamento del Huila cumplirá en el próximo mes de mayo, no se escamotea nuestra pobreza deportiva celebrando la efeméride con un torneo de ajedrez o una nueva media maratón sin continuidades formativas ni capacidad para establecer raíces y redes culturales y de comunicación entre los habitantes de la ciudad. Segundo, señalar que gran falta les hace a nuestros dirigentes y políticos, como a los directores y responsables de las instituciones públicas y privadas del Huila, incursionar en la sociología del deporte y en la teoría del ocio para celebrar de verdad y con mayoría de edad, dentro de cien años el bicentenario.
Muchos, aunque comprensibles, fueron los errores, individuales, del grupo, de la organización, y cada cual los remediará en lo que a él concierne, pero lo que no tiene precio ni comparación fue el haber tenido todos nosotros la fuerza y la decisión para enfrentar una prueba que se creía imposible. Por motivos de seguridad nuestros dos equipos, el Sigma y el Omega, fueron detenidos por la organización hacia las 6 de la tarde luego de 15 horas de competencia.
Sin conocer la experiencia de los otros equipos me adelanto a reconocer que mis errores fueron muchos y en ocasiones graves:
1) No haber definido con suficiente antelación y claridad las condiciones de liderazgo en el equipo. No se puede en medio de la aventura discutir sobre como se toma una decisión y que hacer una vez tomada, o peor aún si no existe acuerdo. Estas reglas claves de comportamiento no se definieron, y en momentos de crisis no se supo si seguir sin discusión al líder y sus buenas intenciones tras la meta, aún por el despeñadero y el error, o tomar decisiones seudodemocráticas durante el trayecto, siempre cambiantes y también dudosas.
2) No haber definido previamente las circunstancias, siempre presentes, de un probable abandono. Ni el líder, ni ningún atleta serio pueden concebirla por un simple bajón anímico, o por el cansancio pasajero.
3) Haber sufrido cinco caídas aparatosas en trote, todas ellas por la costumbre de correr en pista y en medias maratones sobre pavimento, sin preparación para dar zancadas altas y cortas, como subiendo escaleras, en terreno desconocido, oscuro, repleto de piedras y huecos por todos lados. Cada una de esas caídas pudo significar una fractura y el abandono inmediato de todo el equipo de la prueba.
4) No haber previsto el peligro de los raudales por el río Magdalena. Me vi impotente ante la fuerza de las aguas y no supe conducir ni organizar adecuadamente al equipo en los momentos previos a la entrada en los rápidos. En ellos naufragamos tres veces, con volcamiento total de la balsa cuando ésta entraba en la corriente de lado y escorada por el peso de algún navegante, y con elinmenso peligro de golpearse la cabeza contra los peñascos en medio del río (la organización suministró chalecos salvavidas mas no dispuso de cascos protectores para la navegación por el río). En el tercer naufragio la balsa se desintegró por completo, Nataly perdió su invaluable cachucha, recuerdo sentimental de los pasados juegos nacionales en donde fue medallista, Jorge Aroldo estuvo a punto de ahogarse además de perder sus gafas y el celular, lo cual, vaya uno a saber, no se sabe hasta qué punto precipitó el inicio de su desaliento anímico y desconsuelo, yo sufrí una pequeña herida en el pecho cuya cicatriz, luego de quince días, aun veo, y en fin, todo el equipo, se vio afectado en su autoconfianza, algunas botellas de hidratación y parte del alimento totalizan las pérdidas. Afortunadamente pudimos, sin posibilidades de comunicación, reparar en la orilla con una cuerda la balsa y con gran perdida de tiempo finalizar este difícil tramo.
Para terminar, una última observación. Hacia el futuro veo con preocupación las posibilidades materiales reales de los deportistas populares huilenses para involucrarse competitivamente en cualquier rama de la actividad deportiva y no sólo de carácter extremo. Hoy en día, por lo demás, todo deporte es extremo, desde el “tranquilo” ajedrez con su imperiosa necesidad de tiempo y análisis infinitos de teorías, hasta los fugaces diez segundos de los cien metros planos monitoreados palmo a palmo por la ciencia, la tecnología y el mercadeo internacional de las industrias implicadas. Los muy pocos deportistas que lograron una medalla para el Huila en los pasados juegos atléticos nacionales en pesas y canotaje saben lo que esas medallas valen con tan precarios apoyos gubernamentales e institucionales.
La modernidad, la apertura y la competitividad son, sin contemplaciones, peligrosamente selectivas, y en el campo deportivo nos lanzan hacia la elitización, la diferenciación social, cultural y económica de sus practicantes. Hoy en día no hay deporte barato, ni siquiera recreativo. Con ello quiero señalar que nuevas capas sociales, a mi manera de ver, pertenecientes a estratos medios y altos, generalmente ilustrados, son las que tienden a ocupar los puestos protagónicos, antes coto de caza preferido de las clases populares (fútbol, boxeo, ciclismo, pesas, atletismo), y se deciden con mayor decisióna ser protagonistas de primer nivel y no tanto espectadores.
Si la pregunta inicial fue: ¿Qué poderosa razón te motivó a participar?, la final podría ser: ¿Cómo se enriqueció tu vida?
Participantes:
Equipo Sigma:
Camilo Ernesto Insuasty (Filósofo) Ángela Benavides (Estudiante de Derecho y canotista, medalla de plata juegos nacionales 2005) Andrés Cifuentes (Ingeniero y Empresario) Cesar Quiñones (Químico. Estudiante de Doctorado)
Equipo Omega:
Norberto Insuasty Plaza (Profesor Universitario) Natalie Suárez (Canotista, medalla de plata juegos nacionales 2005. Jorge Aroldo Mutis (Administrador de empresas. Empresario) David Mauricio Insuasty Cleves (Químico. Investigador ICA)
Equipo de apoyo (animación, logística, avituallamiento):
Francisco Cifuentes (Responsable del sitio el abedul), Amparo Cortés, Alejandra Cifuentes Cortés, Gloria Cleves, Tania Paola Insuasty Cleves, LuzStella Díaz, Juan Pablo, y Blanca Plaza de Insuasty (mi madre).