Google
 
Sobre el suicidio asistido

Angeles Rocío Tillet
 
A pesar de que muchas voces se levantarán contra la sabia decisión del Tribunal Suizo, en nombre de las religiones, la moral o cualquier otra superchería metafísica, esta sentencia viene a replantear lo que Camus llamó el único tema del que puede ocuparse la filosofía: el suicidio.

Si nos asumimos como seres humanos y racionales, responsables y por lo tanto libres, podemos decidir el momento en el que debe detenerse el reloj de nuestra propia existencia.

La libertad en su más amplio sentido implica también el derecho de disponer de la propia vida. No elegimos por cierto el momento ni siquiera la decisión de nacer, fuimos, como dice Heidegger arrojados al mundo, sin nuestro consentimiento ni mucho menos sin certidumbre alguna de nuestro destino. De lo único que el hombre es cierto, es que es mortal.¿Puede negársele la elección del momento en que este suceso inevitable se va a producir?

El humano es un ser en sociedad, esto es un ciudadano, y como decía Rousseau al no cumplirse los términos del contrato que lo mantenía unido a una comunidad, tiene derecho a renunciar a ella, ya que ha perdido la “pertenencia”. Así como no puede un ser humano desentenderse del destino social, tampoco la sociedad puede dejar librado al hombre individual a su suerte.

De esta manera, cuando una persona decide abandonar la vida social, sea por el motivo que fuere –y aquí no solamente se alude a una enfermedad- no puede la sociedad negarse a prestar la debida ayuda a un ciudadano. Esta ayuda consiste concretamente en asistirlo científicamente para que logre su propósito sin sufrimiento y sin la posibilidad de un fracaso en el logro de su propósito que le provoque severas lesiones físicas o psíquicas.

Por lo que se ha expuesto, se considera que el ciudadano tiene derecho a exigir del Estado esta ayuda, en tanto miembro de la sociedad civil. Debe reflexionarse que muchas veces el Estado es quien decide la muerte de los ciudadanos sin pedirles su consentimiento, cuando los envía a la guerra, o los somete a condiciones de vida que los conducen a la muerte por el lento camino del hambre o la enfermedad. También el Estado que aplica la pena de muerte se arroga el derecho de disponer del momento de la muerte.

Por lo tanto, abogo por la pronta sanción y reglamentación de la figura legal del suicidio asistido. 

Inicio

Recursos

El suicidio en Bogotá. "Patologías Históricas en la ciudad de Bogotá ". Arturo Cifuentes Toro. Ignacio Prieto Carvajal

El suicidio asistido y la eutanasia. Jorge Ignacio Rey

Los trances superados. Francisco Cifuentes

Sentencia C-239-97. Homicidio por piedad. Corte Constitucional

Proyecto de ley sobre la legalización de la eutanasia en Colombia 



[www.eforcers.com]