Google
 

Los partidos políticos

Francisco Cifuentes

Las camarillas

Los partidos políticos son el producto de la unión de un grupo de amigos que comparten un proyecto de sociedad y logran que su propuesta sea aceptada y apoyada por otros sectores de la misma que no se ocupan de la política sino de la vida. Para hacer realidad ese proyecto se requiere ejercer el poder político con personas que compartan el ideal de sociedad del partido. En la medida en que las propuestas de los que están en el poder logren que la sociedad tenga orden y convivencia aumentan las probabilidades de que se les extienda el mandato por medios democráticos, o si el ejercicio del poder desnaturaliza a los detentadores; lo más posible es que ellos intenten prolongar su ejercicio por medios autoritarios o antidemocráticos.

Por eso en el lenguaje de la oposición en la política es corriente el uso el término “camarilla” para atacar a los detentadores del poder.

Las megacuidades

La democracia en los tiempos actuales ha sido objeto de transformaciones importantes; entre las más destacables se encuentra la conformación de grupos urbanos en mega ciudades con pocos espacios físicos y cronológicos para la interacción personal directa. Lo cual se traduce en el aislamiento del individuo del colectivo. El hacinamiento en la ciudad parece satisfacer el instinto gregario, pero atrofia la individualidad del contacto. La queja universal en la ciudad es que nadie conoce a su vecino. En el campo ocurre lo contrario, una pequeña comunidad dispersa en varios kilómetros reconoce y valora a todos y cada uno de sus miembros.

El efecto de los medios

El desplazamiento de la comunicación interpersonal hacia la percepción pasiva de información por la fuerza y el copamiento de los medios de comunicación que saturan la capacidad interactiva del ciudadano, priva al hombre aislado del interés de participar activamente en la comprensión de los hechos políticos que afectan su vida. La tranquilidad del hogar –convertido en refugio ante auge de la inseguridad y la hostilidad del ambiente urbano– hace que mediante la información allegada por los medios, el ciudadano se considere a sí mismo como una persona informada y activa en lo social con el consiguiente alejamiento de toda aventura a discutir y a exponer sus criterios personales sobre la sociedad, fuera de la seguridad de su hogar. En realidad la trasformación del ambiente y la forma de vida social ha afectado al hombre político del tiempo pasado. El defensor de convicciones firmes, el agitador delirante que gritaba consignas, el orador espontáneo que a veces era animado en coro para ser escuchado ha desaparecido de la política. La masa como colectivo es apática a la discusión política y débil en la defensa de principios. Huye de toda confrontación porque no ha tenido la oportunidad de elaborar y valorar sus propios criterios y carece de la habilidad de la palabra en la polémica porque las oportunidades de hacerlo han desaparecido.

La desacralización del pater familia y los nuevos medios de entretenimiento

El hombre es un lobo solitario en la sociedad urbana, sus vínculos sociales están mecanizados y disminuidos en las ciudades donde viven las mayorías de la población. Inclusive la comunicación intrafamiliar se ha deteriorado, el pater familia ha quedado reducido a ser un mero proveedor del sustento alimentario, sus ideas y sus creencias son tenidas por los más jóvenes como cosa de viejos, en sectores mayoritarios de la sociedad. La madre trabajadora ha cedido su importante papel en la formación e interacción con los hijos –abuelas, criadas y madres comunitarias corren con la carga de la educación del infante–, la mujer ha quedado convertida en una segunda aportante a la economía familiar. Hoy es un descrédito para la mujer de la ciudad tener como única ocupación la de ama de casa. Las leyes económicas, por la participación de la mujer en el trabajo, están afectando la estructura del hogar, rompen la cohesión del clan familiar con incidencia en el sentido de pertenencia del ser social familiar, distorsionan la responsabilidad, pues surgen límites aberrantes de cargas individuales entre parejas en lo que debe ser un proyecto común, lo que hace más solitario al hombre aún en su núcleo social más íntimo. La aparición de nuevas tecnologías iPods, Internet, Xbox, iPhones, y la invasión de la televisión a las alcobas ensombrecen y afectan la comunicación en el núcleo fundamental de sociedad porque cada individuo se sumerge en su propia realidad, su propia burbuja. Es obvio que esto tiene un efecto definitivo en la participación política del individuo; la familia no pertenece ni actúa ya como un clan. También es diciente como expresión moderna de esta situación el número de madres cabezas de familia, las parejas que no cohabitan pero comparten en lo social como tal y los solteros que viven solitarios, grupos sociales que sumados constituyen la mayoría de la población urbana adulta en las grandes ciudades. Es el reflejo repetido de la soledad del hombre político. 

La ausencia de espacios públicos

Los partidos políticos como receptores de las opciones democráticas han sufrido ese impacto de la soledad del individuo. Los ‘mentideros políticos’ que se localizaban alrededor de los centros del poder político fueron afectados con el golpe del desarrollo urbano; los espacios públicos para la discusión –cafetines y boliches– desaparecieron en aras del progreso, la economía, la modernidad; la invasión de fantasmales y siniestros personajes en los centros urbanos en las horas nocturnas ahuyentaron al ciudadano definitivamente de todo interés en permanecer en ellos para ejercer este importante aspecto de la vida política y social. Queda poco espacio para el ágora, para el intercambio de ilusiones sociales, para la polémica.

Los eventos públicos sin relación con la política 

Las distancias físicas a los centros de reunión y la dispersión de los habitantes en la selva de concreto, son vectores que debilitan las concentraciones públicas donde se sienta el ser parte del colectivo. Las únicas de tales oportunidades, vividas en la cotidianidad se están dando en los espectáculos deportivos para los adultos, en los conciertos musicales para los jóvenes o en las reuniones de sanación de grupos religiosos para los mayores. Si el líder político se asoma en esos eventos es posible que reciba rechiflas en vez de ovaciones. El carisma mal manejado y la falta de aplicación de la sicología social llevan a menudo a que se presenten situaciones inexplicables a la luz de la popularidad del dirigente y la facilidad de lograr que la opinión del colectivo –la masa– se volteé en contra de la presencia de éste en tales actos. En resumen, las reuniones que congregan grandes multitudes se caracterizan por ser apolíticas y por negarse a ser aprovechadas o relacionadas con los políticos.

El gap generacional y el envejecimiento de los partidos

Por esto se ha presentado un gap intergeneracional donde la discusión del proyecto político y de la política ha quedado en manos de verdaderos ancianos que viven las reminiscencias de un pasado glorioso y glamoroso, y los jóvenes inmersos en la nueva tecnología de comunicación que han dado un salto en la percepción de la vida al cual pocos de los miembros de la generación pasada han podido seguir y actualizar en la práctica. Funcionalmente los mayores son analfabetos tecnológicos. Pero en ellos (los jóvenes) se está viendo la intrusión de la política virtual, asociaciones y juegos sociales con estadísticas de participación increíbles sin otro elemento cohesionador que un cable, la garantía del anonimato y la no sanción social por lo que diga. Esta modalidad de política, preferible a la indiferencia, satisface los instintos naturales del gregarismo pero deja con vínculos muy débiles al individuo de lo que debe ser el centro su vida política. Hay dos casos que valen citarse. La respuesta de la sociedad española a los atentados terroristas fue promovida por estos medios. El resultado no correspondió a un debate político, pero tuvo efecto inmediato en el cambio del partido de gobierno. Unas minorías activas y actualizadas tecnológicamente lograron movilizar a las mayorías ciudadanas contra el partido en el poder que no tuvo un plan concreto de reacción equivalente. En igual sentido, la respuesta de la sociedad colombiana en la marcha contra la insurgencia fue un acto promovido por fuerzas políticas virtuales y aunque la participación fue asombrosa, los resultados no tuvieron efectos posteriores ni se dio la canalización política del hecho social. La política virtual a la que se da importancia es una pérdida para el hombre político y para la política.

La volatilidad de las tradiciones

También los compromisos afectivos han sido tocados gravemente por esta nueva relación familiar. La tradición que antes duraba años ha acortado su ciclo por la embestida de las modas cada vez más cortas en el tiempo. Ha ganado el individuo en cuanto a que tiene más posibilidades de elegir y ha perdido la sociedad porque los núcleos de amigos y compañeros son eminentemente funcionales, sin duración en el tiempo y sin intereses comunes de largo plazo. Se vuelve en cada segundo de la interacción a la soledad y al “descontacto” social. Los referentes y modelos sociales pierden valor rápidamente, con esto dejan un vacío de la proyección hacia el futuro y una incertidumbre del resultado final de éxito o fracaso del modelo. El hombre nuevo es un asocial, sólo se agrupa para lograr objetivos particulares que una vez obtenidos, lo llevan a buscar nuevos escenarios, con nuevas personas. De esa nueva dinámica nace la inestabilidad de la ideología de la persona porque no hay oportunidad de debatir las contradicciones ni de identificar vacíos.

El resultado de esta tendencia, la debilidad y la incoherencia en las convicciones, se ve acentuadamente en la nula participación de la juventud en los procesos políticos y de ahí el hecho que los centros de la política han quedado reducidos a meras casonas, –anacrónicas para el estilo contemporáneo–, llenas de cuadros –igualmente anacrónicos– de personajes del pasado que nada dicen a los nuevos ciudadanos. Las canteras de la renovación de la clase política se puede decir está quedando reducida a los hijos de los políticos constituyéndose en la práctica en una casta.

La ausencia del intercambio social 

Los hervideros de discusiones políticas quedaron relegados a las ciudades pequeñas donde la cohesión social es más fuerte y por consiguiente las disputas políticas son más intensas. Las grandes masas de las urbes, sin identidad, incomunicadas con los miembros del entorno y sin guías políticos, quedan a merced de quien los visite a sus casas siempre cuando no se interrumpa el programa de televisión favorito y eso que a veces dejan sus aparatos encendidos aún durante la tertulia. No hay debate ni intercambio de ideas.

Esta falta de aglutinantes de las voluntades ha afectado mortalmente la capacidad de convocatoria de los partidos políticos que un día aparecen con votaciones elevadas y a la siguiente jornada, meses después, son barridos en los certámenes electorales. Ya no existe la fidelidad tradicional, ni la identidad con la consigna ni con el candidato y muchos menos el conocimiento siquiera mediano de la plataforma o del programa.

La indeferencia social a los abusos del político

Los políticos ven cada vez más menguada su base popular y sienten desesperadamente está erosión que también afecta su representación y su poder. Quedan relegados como una clase parásita y negativa, cuyos abusos y torpezas poco interesan al ciudadano corriente. Éste a su vez ve con frustración de que su voz no tenga espacio y termina aislándose de toda participación, se sumerge en la mayoría silenciosa dejando su vocería a los más beligerantes o los más ambiciosos.

Los esfuerzos de reformar la política han fracasado sistemáticamente porque el político sabe que no tiene otra profesión más productiva para vivir, se aferra al cargo. Se conjugan en su psique el poder y la riqueza. Por eso siempre encuentra la manera de alargar su gestión como profesional, en sus cuentas no entra el bienestar de la sociedad sino su supervivencia personal como clase política. Una reforma de la política hecha por políticos no es otra cosa que un listado de prebendas ideales. El altruismo solo lo tienen quienes buscan la santidad, el político siempre buscará el máximo de beneficios para su clase y el mínimo de sacrificios.

El fracaso del fortalecimiento de los partidos

Uno de los peores intentos para fortalecer la democracia fue el de ampliar la base de representación que permitía a los partidos los avales múltiples a candidatos independientes, lo que generó la proliferación de candidatos cada más desconectados de una línea política y de un programa ideológico. En Colombia en 2003, eran más de setenta los grupos entre los cuales es difícil distinguir qué programa político tenían, ni qué intereses personales había tras los nombres que figuraban como titulares de las personerías. En la reforma política hecha a la Constitución se intentó limitar la proliferación de listas obligando a cada partido a presentar una lista única, pero el efecto fue perverso, porque fortaleció los partidos de bolsillo ya que el aspirante desplazado de las listas de los grandes partidos sólo podía encontrar la oportunidad de ser elegido en las listas de estos partidos menores. En consecuencia se debilitaron los partidos con representación y se fortalecieron electoral y económicamente los personales y familiares.

La situación futura parecía ofrecer una probable decantación por falta de representatividad –se requiere para mantener la personería jurídica del partido, el dos por ciento de la votación nacional– pero este proceso que tardaba diez o veinte años; demasiado tiempo para una democracia agonizante. La práctica electoral demostró lo inviable y negativo de la misma. La reforma de 2008 pretende aumentar la base política para conservar la personería de los partidos. Es una medida de fuerza para bloquear todo intento de organización política por fuera de los partidos consolidados. Las elecciones regionales y locales de 2007 mostraron un renacer de los movimientos cívicos, más de 200, que confirman lo lejos que están las directivas de los partidos con gran representación parlamentaria de las corrientes populares. Antes parecía sensato poner límites a la proliferación de partidos, hoy parece más democrático la organización de las comunidades locales en torno a un candidato arraigado en ella. Probablemente sería más llamativa una votación local en donde se excluya el poder central de las directivas de los partidos y la deplorable repartija de avales sin contraprestaciones ideológicas.

El efecto del umbral mínimo impuesto para mantener la representación eliminó algunos partidos familiares, personales y religiosos, pero dio origen a unas alianzas incoherentes de pequeños partidos que quedaron sumergidos en un caos ideológico en los que es difícil de justificar y defender la pertenencia, y en consecuencia quedaron sin posibilidad de crecimiento de la base política.

Las bases para la pastoral de la política moderna

Los responsables de los partidos políticos deben tomar en cuenta estas anotaciones, hechas sin apoyos eruditos ni intenciones amañadas y de muchas otras no tratadas para programar sus acciones pastorales, calificar la selección de sus representantes y publicar un mensaje claro del modelo de sociedad que proponen. El partido que logre llegar a las mayorías solitarias será el más firme candidato a detentar el poder.


Regresar a la pregunta 15

Recursos

Oswald Spengler

Pueblos y ciudades

John Naisbitt

De la democracia representativa a la democracia participativa

Friedrich A. Hayek

¿Por qué los peores se colocan a la cabeza?

Rafael Núñez

La Reforma Política en Colombia (Reflexiones) (1884)

Heródoto

La proclamación de Dario

Estatuto básico de los partidos

Ley 130 de 1994

Ley de participacion ciudadana

Ley 134 de 1994

Ley de garantías electorales

Ley 996 de 2005

Directorio

Lista de partidos o movimientos con personería jurídica 2006

Lista de partidos o movimientos con personería jurídica 2005

Senadores 2008

 

 

 



[www.eforcers.com]