El presidente Uribe Vélez ha perdido el norte que se trazó como candidato hace cinco años.
La bandera de la seguridad democrática es la única que sobresale de sus ejecutorias pasadas. Pero la base del atraso y de los conflictos del país sigue vigente e intacta. La subversión tiene capacidad para aterrorizar a los dignatarios visitantes en la ceremonia de la segunda posesión y esta vez siento el mismo temor que sentí con los Katiuska criollos de hace cuatro años que pasaron sobre mi cabeza en el patio de mi casa cuando estaba tomando el sol. La producción de la droga sorpresivamente ha aparecido subestimada en 400 toneladas luego de duras campañas de erradicación, cientos de muertos y millones de pesos invertidos en la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos. El problema de los desmovilizados y el truncamiento de la ley de justicia y paz aplicado por la Corte Constitucional, sigue a medio camino un año después de la sanción de la ley, sin demostrar un manejo gerencial y político que parezca conducir a un final feliz.
Los “politiqueros” “purgados” de las listas de las elecciones al congreso de los partidos del gobierno son ahora bienvenidos en la conformación de mayorías parlamentarias espurias. Los “corruptos” son ungidos con nombramientos diplomáticos sin ninguna consideración para el recuerdo amargo de los colombianos y sin respeto con los ciudadanos franceses. La “meritocracia” practicada en el primer tramo del gobierno anterior en la selección de los funcionarios, ha pasado a ser un festín deplorable de una rebatiña y de exigencias descaradas, por cargos públicos a cambio de votos en el parlamento.
Luego de cuatro años de gobierno, los hospitales siguen cerrándose sin que se vislumbre un sistema de salud “decente” para los “desfavorecidos”, el “paseo de la muerte” hizo carrera en la jerga periodística. El Congreso ha sido invadido por el desorden y las pujas personalistas que han dejado de lado cualquier contenido programático o de compromiso con los electores. El panorama de renovación de la dirigencia hacia las nuevas generaciones está limitado a las caras bonitas y en los cargos ministeriales no femeninos se ven las "caras nuevas" tan arrugadas, que llevan a muchos colombianos a preguntarse si los nombrados están habilitados, por su avanzada edad, para ejercer el cargo de ministros por estar pasados de la edad de retiro forzoso, otra voz es pensar en lo briosos que serán en su gestión. No le ha pegado al “perrito” con ninguno de los nuevos nombramientos el equipo de gobierno; la improvisación y los reversazos dados no los tiene ni un presidente primíparo. En resumen nada parece distinguirse este, de los gobiernos de los tiempos pasados.
La fiebre de la tarima llevó al presidente a proponer al país, en un acto de ignorancia crasa del poder supranacional de la Fifa, como sede del mundial de fútbol en un “globo” que puso a votar tinta a los comentaristas deportivos, y nos dejó en Babia.
La reforma tributaria propuesta es otra joya de la falta de sentido político y de conocimiento de la sensibilidad del estómago de la población. Es una reforma que pretende repartir “chequecitos” a los estratos de bajos ingresos, devolviendo el valor los impuestos cobrados en la canasta familiar de los famélicos lo que introduce otro chorro de fondos para el manejo personal de los alcaldes que andan "favoreciendo" al necesitado con el carnet del Sisben no es dificil imaginar quienes serán los que recibirán estos cheques oficiales y foco de corrupción se creará en torno de su manejo; es un reforma que no busca incrementar los recaudos de la Nación, según dice el ministro de Hacienda, pero si logra complicar lo hoy es aceptado y funcional; es un acto de ingenuidad pretender transferir las cargas fiscales de un lado a otro de la población desconociendo que las peluqueadas que puede sufrir el proyecto en los debates parlamentarios para dejar un remedo de reforma que no quiero imaginar.
Es bueno revisar la sabiduría antigua de Manú en su libro de gobierno (séptimo), para tener en cuenta antes de entrar a fondo en este proyecto inane.
127. « Que el rey haga pagar impuestos a los comerciantes después de haber considerado el precio en que se compran las mercaderías, aquel a quien se las vende, la distancia del país de donde se las trae, los gastos de alimento y de condimentos, las precauciones necesarias para traer con toda seguridad las mercaderías.
128. « Después de maduro examen, debe levantar continuamente impuestos en sus estados, de tal manera que él y el mercader saquen la justa recompensa de su trabajo.
129. « Así como la sanguijuela, el becerro tierno y la abeja, no toman sino poco a poco su alimentos así también sólo por porciones menudas debe percibir el rey el tributo anual en su reino.
139. « Que no corte su propia raíz, rehusando por exceso de bondad el recibir los impuestos, ni las de los otros, exigiendo tributos exorbitantes por exceso de avaricia; pues cortando su propia raíz y la de los otros, se reduce a sí y a los otros al estado más miserable.»
El presagio de este comienzo desacertado en los relevos ministeriales y diplomáticos, y los "globos" improvisados que se está soltando el gobierno, dejan entrever que la politiquería tiene el futuro asegurado y que el impulso ganado con mucha dificultad en la convivencia de los colombianos puede diluirse en menos de lo pensado y se abra paso al pendulazo del populismo.