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La grandeza y la pequeñeza

Francisco Cifuentes

Se ha vuelto de moda enrostrarle al presidente la falta de grandeza cuando se niega a soltar impunemente a los guerrilleros presos en cárceles colombianas a cambio de la liberación de los militares retenidos y de las personalidades políticas secuestradas, por la subversión; o declarar desierto el Referendo.

Ocurrió esta invocación a la grandeza, por ejemplo, en la carta de los ex presidentes y familiares de los personajes secuestrados dirigida al presidente Uribe donde le hacen el mismo reparo a don Manuel Marulanda. La disparidad de los dos destinatarios generó una respuesta rotunda del presidente de la República rechazándola por habérsele equiparado con el jefe subversivo.

Decía así en alguna parte de la carta “En realidad lo que se necesita es grandeza y voluntad de parte de ustedes para que los voceros negociadores tanto del Gobierno como de las Farc se encuentren y definan los pasos a seguir que significan nada más ni nada menos que la vida y la libertad de muchas personas y las de sus familiares”.

Lo mismo hizo la columnista Laura Gil de El Tiempo refiriendo la historia de los canjes de soldados judíos por palestinos presos para equipararla con el canje en Colombia que remata así: “Lejos de sugerir que las proporciones de los intercambios israelíes sean siquiera consideradas en Colombia, los sucesos descritos dejan una lección para el país: el intercambio de combatientes no es una muestra de debilidad. ¿Quién podría aventurarse a afirmar que Israel no tiene una fuerte política de seguridad? Por el contrario el intercambio se constituye en un acto de responsabilidad y grandeza del Estado”.

En la carta de la dirigente del partido liberal, Piedad Córdoba, a los expresidentes donde les anuncia la posición de que el partido que ella codirige se opondrá a la participación de sus militantes en la votación por el Referendo. Dice: “Pero sí habremos dilapidado cuantiosos recursos que servirían para paliar un poco la pobreza que nos está invadiendo, por el prurito de satisfacer la vanidad presidencial de un mandatario que no tiene la grandeza de aceptar que su «Referendo» ya no es el que en su campaña ofreció como panacea a nuestras disfunciones sociopolíticas.”

Esta reiteración de la palabra y su uso es una forma sutil de insulto a quien se le solicita el acto de grandeza, en este caso al presidente, pues en realidad se le esta diciendo es que su comportamiento actual es una pequeñeza.

Pero estos corresponsales lo que demuestran en sus misivas es una falta de consideración y de reflexión con el interlocutor presidencial cuando en los primeros, se propone un acto de irresponsabilidad e ilegalidad; y en el último la codirigente en, ese si, un acto de vanidad y de revancha por el infortunio de su proyecto legislativo personal, propone lo imposible en un acto de pequeñez.


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