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El capítulo colombiano de la historia de la estupidez humana

Francisco Cifuentes

Paul Tabori fue un ciudadano húngaro que escribió un libro sobre La historia de la estupidez humana; por años tuve curiosidad de ojearlo. Solo hasta hace poco, de carambola, llegó a mis manos. Los temas fueron interesantes en su tiempo y aunque deben servir de escarnio, las aberraciones de las situaciones de la sociedad que presenta en la obra siguen repitiéndose una y otra vez. Errar es de la esencia del hombre, errar estúpidamente, cuando hay un colectivo de voluntades, incrementa las probabilidades de que se presente esta manifestación de la conducta social.

El capítulo colombiano de esta historia que he venido royendo en la cabeza tiene entradas que se han debilitado con el paso del tiempo; las restricciones de la documentación han llevado a que lo que fue un deleite en mi archivo neuronal sea ahora una espina en la garganta y un tormento por no haber acometido con más diligencia la tarea de escribirlas y documentarlas. Quizás ahora con la ayuda de esa memoria inagotable que está poniendo al alcance todos internet pueda en alguna fecha futura hacer lo procrastinado.

Me he decidido a presentar esta tercera entrada en la historia colombiana porque ya es hora de encarar a los responsables de los medios de comunicación en su función de manipuladores de la opinión y aprovechar el enredo en que están metidos en esta nueva estupidez.

Los tres platos

Los tres platos deben ser una exquisitez culinaria que los afortunados personajes implicados en esta nota disfrutan en sus vidas de hombres públicos y hombres de mundo sostenidos y mantenidos con las contribuciones obligatorias de los gobiernos o “voluntarias” de los ricos; pero para aquellos que viven en el filo de moralidad y se sienten confortables ante las arremetidas de la miseria, les es negada la delicadeza del bocado y por el sentido alternativo que tiene, este concepto produce cierta aprehensión pues en el argot de las prostitutas es una mejora imaginativa en el menudo de sus servicios y un adorno de los productos que ellas ofertan.

Con el resquemor que ya me produce el título abordo este tema que se inició con la publicación en un semanario de farándula de un reportaje light a un dirigente subversivo “considerado el segundo al mando” de acuerdo con la nota. La exclusividad del reportaje se destaca en la carátula de la revista con un sticker de color rojo sobre el cromo a todo color de la cara de tres reinas bien maquilladas y uniformadas en sus rasgos y expresiones faciales por la cirugía y el protocolo de lo que, para mí, son hermosas “carecaballos”.

Revista Cromos Noviembre 8 de 2004. pág 42

Foto de Gloria Castrillón. Revista Cromos. Publicada en noviembre 8 de 2004.

El insinuante título pasó desapercibido para los "analistas". Solamente Plinio Apuleyo y yo miramos con horror este artículo político en una revista de reinas de belleza. Él por considerarlo una apología del delito, yo por considerar un irrespeto la mezcla de la política con la farándula. Era el esfuerzo desesperado de Raúl Reyes para dar prueba de su sobrevivencia, pues no mojaba prensa desde hacía años. Gloria Castrillón ha reconstruido el viaje en la edición de Cromos en la semana siguiente al abatimiento del insurgente [Marzo de 2008] con el artículo "Así se llegaba al campamento de Raúl Reyes". 

Me sorprendió que un personaje tan importante, según la reportera, se prestara para aparecer en esta revista que solo leo, como la mayoría de los colombianos, en las peluquerías –y que por mi edad ya solo las visito cada dos o tres meses–. El hecho de no haber tenido pruebas de supervivencia de los comandantes subversivos desde la desbanda del Caguán, creo, los ha forzado que se presten sin rubor para este tipo de abusos de los periodistas ligeros y en cierta forma se contaminen con la mediocridad de la reportería de farándula: “la comida es buena y no escasea … hay una rancha especial para preparar la comida de Reyes”, “Reyes siempre está rodeado de mujeres… y por eso a su alrededor hay una fuerte presencia femenina… son vanidosas, se maquillan, se tiñen y se encrespan”, y se incluye dentro de las ayudas gráficas del reportaje una deplorable foto de las espaldas de dos niñas guerreras haciendo un duro trabajo físico en una trinchera, en contraste abierto con despliegue fotográfico de las reinas a quienes ni por accidente se les ve una gota de sudor en las 88 páginas especiales a todo color del contenido de la revista.

El personaje central del reportaje, Reyes, desaprovechó la oportunidad de su vida de enviar un mensaje que hubiera llegado a un tipo de público de difícil acceso por lo especializado de la revista en los cromos; solo anticipa la reportera que “estaba puliendo los detalles de la respuesta oficial (sic) que le darían las Farc a la iniciativa del gobierno para adelantar las negociaciones sobre el canje… [que] lo daría a conocer cuando recibiera la aprobación de los otros … jefes rebeldes”. Como mi lectura de este “reportaje” fue a destiempo quedé con una sensación de pesar porque todo me pareció desencajado: Un jefe rebelde dando pruebas de sobrevivencia en revistas de reinas, una “reportera” desaprovechando la oportunidad de su vida y confirmando su vocación de light y una dirección de una revista que se arrebata en polos opuestos entre la alegría y la belleza del reinado como este lado de la guerra y la humillación de los colombianos secuestrados que son el soporte a la vida de los soldaditos de plomo formados en el fondo de una selva que puede ser la de cualquier país y que por los juegos de palabras de los titulares parecen mas a ser selvas ecuatorianas.

El segundo plato me lo proporcionó la reacción a la publicación del reportaje que hizo con especial vehemencia el embajador de Colombia en Portugal, quien envió una carta de protesta a la dirección de la revista. Plinio Apuleyo es un nombre fácil de recordar, le he seguido los pasos desde Adán y no le conozco aporte alguno en la administración pública donde siempre ha merodeado en cargos diplomáticos como un hombre de izquierda o de derecha. Él, para mí, es un ejemplo impecable de perfecto idiota útil, que el mismo describió en alguno de sus libros, o del “holgazán consentido de los jardines de la ciencia” descrito por Walter Benjamín, que nunca ha sudado por el sustento, ni ha sido asechado por el hambre o el desempleo, siempre ha estado por encima de la historia. Plinio es también el espécimen viviente de la trasformación del mono en hombre al haber abandonado a sus camaradas de juventud y abrazado con igual entusiasmo otras creencias opuestas a las evocaciones de los olores del trópico. Como el dios Jano es un personaje de dos caras con las que custodia el universo.

La primera sorpresa, en realidad es una confirmación de la holgazanería de Plinio, es que un embajador encontrara tiempo para leer una revista ligera y luego para escribir y firmar como diplomático y periodista una protesta sentida; la segunda es que iniciara el ataque contra el director y la reportera por el contenido del reportaje y no por lo disfuncional del mismo en el número de las reinas y la tercera es la de yo haber tenido noticia del refugio de donde él estaba viviendo pues le había perdido el rastro con los volates del cambio de gobierno y la seguridad democrática aunque siempre supuse que estaba bien, gozando de buena salud y que tendría un buen sueldo.

La entrada de este personaje debió quedar ahí, pero aprovechando su condición de periodista con amigos en ambos lados del espectro extendió el alcance de la nota en un artículo de fin semana donde dejó ver claramente que el espíritu cavernario no solo es privilegio del hombre antediluviano sino que se puede dar en la era atómica. Prácticamente pide la emasculación de todo periodista que tenga contactos con la delincuencia y recomienda, aunque omite mencionar el nombre, las viejas prácticas de Gobbels para quien el periodismo, el arte, la farándula y la propaganda eran la misma cosa.

Yo seguía apesadumbrado de ver lo que pasaba y me parecía que era más un asunto ligero presentado inoportunamente que algo importante para moverme a considerarlo hasta que apareció el tercer plato: “los periodistas”.

En orden cerrado y con espíritu de cuerpo elevado han salido en multitud a reclamar su puesto privilegiado en el mundo, a ratificar que sus carruajes se mueven a diez centímetros por encima del suelo, –como el de Arjuna– y que la cantidad de banderas que los arropan en su profesión es tal que los hace invulnerables para consumar la apología del delito; que en su calidad de “formadores” pueden elegir a cualquier personaje como el paradigma de la humanidad. Son los portaestandartes de la verdad, de la imparcialidad y de la justicia; son, en esencia, los responsables de la luz de cada amanecer y de la sombra de cada anochecer.

La indigestión me asalta con este tercer plato leyendo artículos que más parecen proclamas de hombres superiores. Ya tuve espacio para la cuota de risa del día; qué reconfortante es saber que no haya sido por causa mía y que todo sea producto de la estupidez humana. Me quedan como trofeos virtuales las corazas levantadas por ilusos, los soldatidos de plomo en formación, las carecaballos, los holgazanes arrependitos y las repoteras temerarias, caminantes levitadas sobre caminos infestados con minas quiebrapatas que no pueden negar la condición de su propia mediocridad.


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Notas anteriores:

La captura del canciller de las Farc

El puerto de Tribuyá

2008

La hectombe es real [el cierre de la formación]

Entradas potenciales para desarrollar [se necesitan voluntarios]

La tragedia de Quebrada Blanca

La tragedia de Armero

La tragedia de Cali

El apagón y las barcazas

El incidente del golfo

El regalo de los Monjes

El viva la España del presidente Valencia

Los silos paperos de Chocontá

Los aviones amadrinados

El adelanto horario del gobierno Gaviria

La toma del palacio de justicia

El referendo

El estatuto antiterrorista

La zona de distensión

La liquidación de Foncolpuertos

El proceso 8000

La renovación del partido liberal

La cárcel de la Catedral

La recompenza por la entrega de Pablo Escobar



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