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El capítulo colombiano de la historia de la estupidez humana

Francisco Cifuentes

Paul Tabori fue un ciudadano húngaro que escribió un libro sobre La historia de la estupidez humana; por años tuve curiosidad de ojearlo. Solo hasta hace poco, de carambola, llegó a mis manos. Los temas fueron interesantes en su tiempo y aunque deben servir de escarnio, las aberraciones de las situaciones de la sociedad que presenta en la obra siguen repitiéndose una y otra vez. Errar es de la esencia del hombre, errar estúpidamente, cuando hay un colectivo de voluntades, incrementa las probabilidades de que se presente esta manifestación de la conducta social.

El capítulo colombiano de esta historia que he venido royendo en la cabeza tiene entradas que se han debilitado con el paso del tiempo; las restricciones de la documentación han llevado a que lo que fue un deleite en mi archivo neuronal sea ahora una espina en la garganta y un tormento por no haber acometido con más diligencia la tarea de escribirlas y documentarlas. Quizás ahora con la ayuda de esa memoria inagotable que está poniendo al alcance todos internet pueda en alguna fecha futura hacer lo procrastinado.

La semántica

La semántica es un área delicada de las comunicaciones humanas. La izquierda, es decir, los opositores a los regímenes de mercado abierto y predicadores del socialismo, por su condición de antagonistas y grandes polemistas por naturaleza a todo lo que no sean sus propios proyectos, llevan años labrando la habilidad de su manejo y son maestros indiscutidos en llamar las cosas con otro nombre.

Por ejemplo, a los secuestros los llaman retenciones; a los asesinatos, ajusticiamientos; a los retenes ilegales, pescas milagrosas; a las extorsiones, “impuestaciones”; a las exacciones, contribuciones y así hay un mar de palabras que amortiguan o atenúan el impacto real de los hechos. En la misma camada está la semántica de las oligarquías sindicales: conquista social por privilegio; protesta social, para los bloqueos; asamblea por paro; masacre laboral para los despidos. Lo mismo ha ocurrido en las campañas de propaganda donde siempre la oposición parlamentaria ha impuesto las denominaciones de los proyectos del gobierno a su acomodo; para citar el caso de la reforma constitucional sobre las libertades civiles a la que atribuyeron el nombre de “Estatuto Antiterrorista”, o la ley de Alternatividad penal a la que lograron denominar “Ley de Verdad, Justicia y Reparación”. El aporte más brillante de esta cosecha de palabras fue sin lugar dudas el del término "paramilitar" endilgado a todo aquel que no comulgue con el credo subversivo y cuya dimensión y connotación semántica no la descubrió el gobierno de César Gaviria cuando se popularizó y ahora por todos los medios se trata de borrar con el "auto defensas ilegales".  

Por eso siento grima y consternación con el Alto Comisionado para la Paz cuando en el documento de su oficina “Lineamientos para el enfoque de los proyectos de cooperación internacional”, se metió en el territorio de esta otra «forma de lucha» donde han campeado por años los “demócratas”.

Yo no sé qué pretende el documento porque, en realidad, es desordenado en los temas, pobre en el contenido y defectuoso en la estructura; a veces tiene el aspecto de una directiva presidencial sin destinatario específico o dirigida a toda la humanidad y en otras parece más un manual de gestión de proyectos para principiantes. Es claro que las únicas ONG que maman con el discurso “humanitario” de las arcas de los gobiernos de los países “amigos” son de orientación de izquierda. Luego los “lineamientos” del comisionado no tienen efecto alguno en la gran cantidad de proyectos que estas gestionan con los gobiernos “amigos” de Colombia. Ellas son autónomas en describir la situación social y política colombiana con sus propios términos y de definir el objetivo de sus proyectos como a bien tengan, es cuestión de mercadeo para la presentación del mismo utilizar unos términos u otros y allá el gringo que entienda lo que quiera y suelte la plata.

El problema de los nombres de las cosas es tan viejo como el hombre. Puede verse en los debates sobre los nombres de Dios y del Maligno, en los orígenes de las religiones. En las situaciones en donde hay dos extremos, ambos quieren a toda costa hacer prevalecer su verdad y el receptor del mensaje debe ser lo suficiente inteligente para discernir la trampa lingüística.

Es pues, una estupidez la forma como se quiere alterar con la terminología el resultado de una acción militar, y es totalmente irrelevante que se llame conflicto interno, o amenaza terrorista, lo que es una confrontación. Hemos pasado de guerrilleros a bandidos a narcoguerrilla y finalmente a terroristas; los campamentos se llaman guaridas, pero el hecho real es hay colombianos de uno y otro bando muriendo por “cápsulas de plomo” que nunca quisieron tomar y nadie les prescribió. Dejemos que sean los poetas los que hagan las metáforas y que la oficina del Alto comisionado se ocupe de traer la escurridiza paloma a sus manos. Que no emplee su tiempo buscando contraeufemismos para ganar la lucha en el frente de las palabras, esas están en los manuales de estilo de las redacciones de los periódicos y se desarrollan en el tiempo con “misioneros” y “predicadores”. O, si quiere incluir en este frente a su oficina, que ponga a personas competentes en el lenguaje, que sean críticas de la estupidez oficial a tirar la “línea” sobre el nombre de las cosas.

Queda en la misma horma de estupidez la amenaza de la burocracia de la Agencia de refugiados de ONU de retirarse de Colombia si el gobierno insiste en la supresión en el lenguaje oficial de la expresión “conflicto interno” alienándose, como era de esperarse, al clamor de los “demócratas” que añoran que al menos en campo semántico de den las condiciones de igualdad entre la subversión y el gobierno. Ya lo he dicho antes sobre los burócratas internacionales, “si los dioses abandonan a los hombres, peor para los dioses”.


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Documento: Lineamientos para el enfoque de los proyectos de cooperación internacional

Notas anteriores:

Los desechables de Bogotá

Las eternas negociaciones circulares de paz con un grupo subversivo

Los reportajes ligh de los guerreros, el periodismo y los holgazanes de la diplomacia

La captura del canciller de las Farc

El puerto de Tribuyá

Entradas potenciales para desarrollar [se necesitan voluntarios]

La tragedia de Quebrada Blanca

La tragedia de Armero

La tragedia de Cali

El apagón y las barcazas

El incidente del golfo

El regalo de los Monjes

El viva la España del presidente Valencia

Los silos paperos de Chocontá

Los aviones amadrinados

El adelanto horario del gobierno Gaviria

La toma del palacio de justicia

El referendo

El estatuto antiterrorista

La zona de distensión

La liquidación de Foncolpuertos

El proceso 8000

La renovación del partido liberal

La cárcel de la Catedral

La recompenza por la entrega de Pablo Escobar



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