Nada mejor para los funcionarios de elección popular que se precian de ser de la oposición, cuando está se da en una democracia imperfecta. La prensa los trata con consideración especial y no los critica con dureza por considerar que dentro del experimento democrático los percances de su mala, y a veces corrupta, administración son gajes de la inexperiencia y no de la incapacidad. Los exhibe como vitrina que en esta sociedad si hay una verdadera democracia y si no, que miren a que partido pertenece quien ocupa el segundo cargo de la nación. Pero debe haber una voz que se levante, y a tiempo, para desnudar la estupidez del gobernante antes de que se crea él mismo que representa el futuro de la futura casta política que nos gobernará.
La elección de Luis Eduardo Garzón como alcalde la Capital ha tenido una prensa blanda y generosa en elogios, parva en la crítica de su gestión. Yo pensé en su momento que la ciudad iba a tener un retroceso en el avance de las obras de infraestructura, pero que el alto se daría en beneficio de lo social, si nos ateníamos a lo que prometió en los discursos. Desconfié de su capacidad de gestión y de las “malas amistades” y no le he hecho un seguimiento a su mandato sino por los titulares de los medios de comunicación. He sentido el retroceso en la seguridad, el deterioro en lo social, la improvisación en lo fiscal y estoy seguro de que su mandato pasará como el de otros alcaldes cuyo nombre no recuerdo porque hicieron nada.
Para empezar a los pocos días de su mandato se distanció de los ediles del movimiento que lo postuló, las listas al concejo se vieron envueltas en las disputas sobre la titularidad de una concejal “indigenisada” que no tenía la edad para ejercer el cargo y que le ha restado capacidad de gestión al concejo; asunto que demuestra el desconocimiento de los reglamentos y la ligereza en las designaciones. Ha tenido tropicones con los indigentes, a quienes dio las calles de un sector la ciudad como habitat, y luego, ante las protestas de los ciudadanos perjudicados, los encerró en el frío y cementoso matadero municipal; se ha burlado de los aspirantes a candidatos a las alcaldías menores después de haberlos sometido a pruebas, selecciones y exámenes que solo los incautos que creen en la meritocracia o los necesitados que ven la oportunidad de un puesto en la administración y se arriesgaron a postularse al concurso. Tomó del pelo también a la Universidad que hizo la selección. El antecedente de esta decisión se dio porque dentro de los alcaldes menores designados por él, en inicio de su mandato, había algunos que no se distinguieron por la ética, pero no tuvo empacho en barrerlos a todos y nombrar en un acto populista por excelencia a un grupo de damas dentro de las cuales hay de todo como en botica. Es decir, que no hubo ni avance ni retroceso sobre la situación de las alcaldías menores que son cargos importantes en cualquier proyecto político, y que los errores con la designación estos funcionarios afectan de veraz al ciudadano que bailó la cueca gozoso en las verbenas populares, el día que fue elegido “el candidato de la oposición”.
Los escándalos administrativos no lo han salpicado directamente, pero se le ve aprovechando cualquier novelería para hacer presencia. Al accidente de los niños del agustiniano llegó en la motocicleta de uno de los escoltas; a los incidentes en las “casas de paso” de los reinsertados llegó con en pocos minutos del atentado a proponer el cierre de todos ellos, después de no haber hecho nada por prevenir estos incidentes y de mejorar y evaluar su funcionamiento; y a los incidentes de las “barras bravas” en el estadio, que su momento acogió en el corazón, los resolvió con la estupidez de hacer un espectáculo sin espectadores en una solución que dista de ser la de un gobernante con autoridad. Ha debido decidir el encuentro al carisello y ahorrarnos los cinturones de seguridad de la policía para un “clásico” de fútbol sin testigos. Vaya “gobierno de oposición” el que tenemos los bogotanos. Si es así como se resuelven los problemas menores, cómo se puede esperar que tenga capacidad de afrontar los mayores.
La ventaja de las democracias es la de que los mandatos fenecen con el tiempo y este será otro más de los no contará, porque lo que le metieron a los electores fue “un paquete”.