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La bandeja de plata

Francisco Cifuentes

La interpretación de los actos sociales es una ciencia que se pierde con la historia del hombre y de su evolución social; por ejemplo, el servicio en bandeja de plata, como un acto de reverencia y sometimiento se encuentra documentado cuando a María Salomé le fue presentada la cabeza de “El bautista”.

Enrique Grau - Pintor colombiano. Foto de Andrés Cifuentes 

Lo que indica que mucho antes era ya usada la simbología de entregar las ofrendas de halago en este recipiente. En la etiqueta francesa las tarjetas de presentación de los visitantes eran llevadas al dueño de casa en una de tales bandejas por sus pajes para anunciar la llegada del visitante. El acto de la entrega es ritual, requiere de aparato y bombo, es casi un desfile de lacayos y pregoneros los que anteceden y acompañan el anuncio y recibo de la ofrenda o de la nota. Pero la codificación de este lenguaje se ha desfigurado en la sociedad colombiana, entre otras, por estas dos razones, la primera es la dilución de las barreras de clase que permiten a personas no cultivadas en el rito en pretender, en un acto de imitación de la clase superior, hacer la ceremonia sin conocer el significado; la segunda, que el acceso a los medios de comunicación ha reemplazado el pregón, y ahora cualquier “palurdo” o personaje oscuro puede hacerse anunciar con el bombo de las ceremonias de antaño y desfigurar los significados del ritual y presentar cualquier ofrenda así sea la cabeza jurídica de una persona y el momento sea el más inoportuno.

Esto es lo que a ocurrido con las cartas del Fiscal, del Procurador y otros al Presidente Uribe Vélez, que han presentado en bandeja de plata las órdenes de captura de Santofimio –reconocido político venido a menos por sus alianzas con verdaderos bandidos– y de Don Berna –negociador del proceso de desmovilización de los grupos paramilitares; se ha utilizado todo el aparto posible para notarse en la sociedad hechos que no merecen está ostentación. Curiosamente en ambos casos se ha demostrado que el principio de la “celereridad” de la justicia es flexible, muy flexible, pues en primero tomó menos de dieciséis años la expedición de la “boleta” y en el segundo, menos de un mes; pero han coincidido, cada uno, con el momento político más inoportuno; afectando o intentando afectar resultados de hechos de gobierno; ambas implican juicios sobre autorías intelectuales de asesinatos de dirigentes políticos.

En el momento de la expedición de la primera se encontraba en proceso la votación del estatuto de la oposición relacionado estrechamente con la reelección presidencial y se atacaba directamente y, con razón, la entrega de cargos diplomáticos a "delfines" de políticos que la apoyaban. Lo que colocó al gobierno en una situación de dos salidas, ambas perjudiciales; si destituía al delfín del ex senador cometía un acto injusto, al hacer responsable a los hijos de las actuaciones de los padres, o, la otra cabeza, de reconocer haber tenido como aliado a una persona de un pasado muy oscuro. En el caso del paramilitar, la orden “celerísima” conocida primero por los medios y el afectado, implicaba efectuar una captura de una persona que estaba involucrada en un proceso de negociación, con credenciales oficiales y vocería reconocida, y casualmente, esto ocurría en los momentos en que se estaba en Congreso en una votación clave del proyecto de ley sobre la desmovilización y las penas que se aplicarían a los mandos responsables de delitos atroces.

Las consecuencias de la primera fue la salida de nuevos viejos relatos sobre la alianza de los políticos y los narcotraficantes, las cuales son de dominio público y en nada parece afectar el grueso cuero de la clase política. Pero si abre un herida en la cohesión de los partidarios de la reelección presidencial porque quedan clasificados en dos grupos: de buenos y malos; ambos con poder electoral y ambos necesarios para garantizar una competencia que permita vislumbrar el triunfo en las urnas. En la segunda se abrió a los opositores un filón para denigrar de la actuación del gobierno en la cual no se ahorra la mesura ni se miden las consecuencias de lo que significaría el fracaso del proceso de desmovilización. “Es una farsa”, “Es un montaje”, son las menos duras de las he escuchado y todos creen tener licencia para atacar lo que se está haciendo.

Foto de Villegas Editores del Libro Homenaje a Grau “The triumph of Salome” (Study for the head of John the Baptist) 1977 Pencil on paper 40 x 35 cm

El desenlace previsto era una reacción viva del presidente que sacó del baúl, historias conocidas de connivencia de los anteriores gobiernos –léase ex presidentes–, para enfrentar grupos de delincuentes mediante alianzas tácitas o abiertas con las fuerzas del orden. Nada de todo esto favorece el clima del debate sensato, nada hay de nuevo. Pero ya quedó institucionalizado que cualquier funcionario puede abrogarse el privilegio de servir al presidente en bandeja de plata cualquier papel, sin importar el protocolo ni el ritual ni las consecuencias de lo que haga.


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