En el último mes se ha puesto en evidencia que Colombia se convirtió en un país de paso para varios centenares de jóvenes chinos que quieren emigrar a otros horizontes. Estos ciudadanos contaban con visa oficial para estar en el país y, por lo tanto, su presencia en Colombia no era para nada ilegal; aunque se supo que había unos cónsules manilargos que estaban lucrándose del negocio de expedición de las visas. Los periodistas ávidos de noticias escandalosas no tardaron en asediar, con sus micrófonos y cámaras, los sitios de concentración donde estaban refugiados y escondidos los jóvenes. No les interesaba el drama humano de una persona que inicia esa aventura en la flor la vida, no les interesaba el destino que tenían, no les interesaba los hilos económicos de las mafias de traficantes de personas, ni la corrupción inherente de los consulados que otorgaron las visas a los traficantes. Por su parte los funcionarios del Estado ávidos de pantalla salieron en coro a opinar sobre la ilegalidad en que se encontraban y a anunciar las medidas represivas y de hostigamiento que estaban llevando a cabo. El director del DAS, que maneja los asuntos de extranjería, habló sobre la pobreza de las arcas oficiales para costear la repatriación de estos ciudadanos por el alto costo de los tiquetes. Parece que la única cuota de sensatez se dio en Bogotá, donde algunos jóvenes fueron llevados en un tour turístico por la ciudad y alojados decentemente en hoteles dos estrellas, mientras se les define la situación migratoria en el gobierno central.
Es clara la miopía de los periodistas y los gobernantes en el manejo de esta oportunidad que con cero de inversión para el Estado –los costos de los pasajes desde esas lejanas tierras fue sufragado por los inmigrantes o por las mafias de traficantes– ha logrado que pisen en suelo patrio estos promisorios residentes temporales. No ha salido ninguna voz a interceder por estos desventurados aventureros que en esencia representan el futuro de China; menos aún, alguien con poder en el gobierno ha presentado una propuesta audaz para darles cabida en la sociedad colombiana. Pero esto es explicable si tiene en cuenta la errática suerte que ha tendido la política exterior colombiana y la improvisación en la designación de los altos funcionarios diplomáticos.
Mi propuesta es la siguiente:
El gobierno debe otorgar la visa de residencia a todos los ciudadanos de origen chino que se encuentren en territorio colombiano. Las universidades oficiales y privadas, deben crear un fondo común para que estos ciudadanos se capaciten en la enseñaza de idiomas y abrir cursos de mandarín en los niveles finales de las carreras de administración de empresas y comercio exterior. Estos jóvenes son una oportunidad “dorada”, providencial al tener en un solo envión un grupo de instructores de mandarín con tan elevadas cualidades.
El gobierno comunista chino debió darles una esmerada y completa educación primaria y secundaria, decir lo contrario es un ataque infame para los predicadores de las bondades del socialismo; son hijos únicos, pues la ley china de un solo hijo por familia lleva unos veinte años de haber sido impuesta, lo que garantiza que vienen de familias amorosas y que fueron criados con el mayor afecto y cariño. Son gente sana, no solo por la excelencia del sistema de seguridad social en los países socialistas, sino por el riguroso filtro de selección que debieron pasar para ser reclutados por los traficantes de personas; son soñadores, nadie abandona la patria promisoria de ser la próxima primera potencia económica del mundo, y abandona a la familia privándola del sustento futuro, sino es porque tiene un alto grado confianza de que las nuevas tierras le ofrecen un futuro mejor. Son jóvenes con elevados valores de familia y sociedad, no drogadictos, desadaptados sociales, ni fundamentalistas religiosos.
El gobierno de Colombia debe abrir las puertas a esta oportunidad y de paso golpear en lo donde más efecto tiene –el económico–, rapándole a las bandas de traficantes de personas estos valiosos ciudadanos. He omitido decir que el problema de la migración china ya fue tratado en Colombia y quizás mi propuesta se estrelle con la prohibición expresa de la ley 62 de 1887, según R. Méndez, [Emigración e inmigración, 1915] o de 1867 según Rafael Nuñez [Los chinos 1891].
Recursos
Ley 62 de ¿1887? ¿ 1867?
Rafael Nuñez "Los chinos", periódico el El Porvenir, edición del 1º de febrero, Cartagena, 1891.
R., Méndez "Emigración e inmigración", Cartagena, Mogollón Editor, 1915.